Política

León, Guanajuato, y su desafío del agua

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  • León, Guanajuato, y su desafío del agua
  • José Cruz Hernández Moreno

León, Guanajuato, vive en una eterna contradicción entre el boom industrial y la sed crónica. Fundada el 20 de enero de 1576 como villa agrícola, se transformó en la metrópoli más poblada y dinámica de Guanajuato. De poco más de 600 mil habitantes en 1980, superó 1.7 millones en 2025. Es la tercera ciudad más grande del país por población municipal y concentra el 27.9 % de los guanajuatenses. Su economía pivota en la industria del calzado y la curtiduría —herencia centenaria—, pero también en el auge automotriz, manufacturas y comercio. León genera miles de empleos y atrae inversión extranjera; sin embargo, este crecimiento explosivo choca frontalmente con el recurso más escaso: el agua.

El abastecimiento de León depende en más del 90% de agua subterránea extraída del Acuífero Valle de León. Según la actualización de disponibilidad de 2024 de la Comisión Nacional del Agua, la recarga total anual es de apenas 124.5 millones de metros cúbicos. La extracción autorizada y real alcanza 186.1 hm³ al año. Resultado: un déficit estructural de 61.6 hm³ anuales. El acuífero lleva décadas sobreexplotado; los niveles piezométricos bajan entre 1.5 y 4 metros por año en promedio, y hasta 30 metros en zonas puntuales. En la zona urbana se bombea a profundidades de entre 80 a 60 metros, con riesgos de intrusión de agua salina y contaminación por metales pesados y minerales.

El problema no es nuevo. En 1992 se extraían 91 hm³ para 600 mil personas; hoy se extraen 86 hm³ para casi el triple de población. Pero el crecimiento demográfico proyectado —casi 2 millones en 2030 y 3.3 millones hacia 2050— y la demanda industrial y agrícola hacen insostenible la tendencia. La demanda actual de SAPAL (Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León) ronda los 2,700 litros por segundo; para 2050 se estima que alcanzará 4,940 l/s. El cambio climático agrava todo: sequías extremas de 2023-2024 redujeron recargas, aunque las 12 presas municipales recuperaron hasta 84 % de capacidad en 2025 gracias a lluvias favorables.

Los efectos son cotidianos y dramáticos. Colonias enteras viven en “tandeo”. En marzo de 2026, SAPAL reportó más de 16,700 quejas por falta de agua, impulsadas por el calor. El 19 de enero de 2026 un “golpe de ariete” por corte de energía provocó una mega fuga en la batería de pozos La Muralla, provocando un socavón en bulevar Hermanos Aldama, caída de vehículos, salida de 15 a 20 pozos y afectación a más de 20 colonias del oriente y sur (Azteca, Valle de Señora, Santa Julia, Delta de Jerez, entre otras). La reparación duró semanas; se distribuyeron pipas a escuelas y hospitales. Incidentes similares se repiten cada vez que falla la infraestructura antigua.

La contaminación complica más el panorama. El agua extraída muestra altos niveles de minerales y metales; estudios económicos revelan que los leoneses están dispuestos a pagar más por calidad porque saben que el riesgo sanitario es real. Mientras, la industria y la agricultura —que consumen el 63.8 % del volumen del acuífero— devuelven aguas residuales que agravan el ciclo.

La apuesta de largo plazo es el Acueducto Solís-León. Proyecto insignia del Plan Nacional Hídrico 2024-2030. Arrancó construcción en 2025 con inversión total de 15,718 millones de pesos (50 % federal). Tendrá 201 km de longitud y capacidad de 3.802 m³/s (119.91 hm³ anuales) tomados de la Presa Solís (Distrito de Riego 011). Beneficiará directamente a León y a otros cuatro municipios (Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao), sumando 3.5 millones de habitantes.

Históricamente León ha peleado derechos sobre el Río Verde (concesión de 3.8 m³/s desde 1995), pero conflictos políticos con Jalisco y la presa El Zapotillo frenaron su uso pleno. El Acueducto Solís representa un cambio de paradigma: agua superficial tratada que aliviará presión sobre el acuífero local y permitirá modernizar riego agrícola en el Bajío. Sin embargo, el desafío es multidimensional. Sin eficiencia en riego (78 % del agua subterránea va al campo) y sin cultura de conservación ciudadana, ningún megaproyecto bastará. El “Día Cero” —ese punto en que pozos se sequen— sigue acechando si la población y la industria siguen creciendo sin límites. Organismos como el COTAS León y la CEAG impulsan campañas de reutilización y tecnificación, pero falta mayor coordinación entre campo y ciudad.

León encarna la paradoja mexicana: éxito económico y fragilidad ambiental. Sus 450 años de historia muestran resiliencia —de villa colonial a capital del calzado mundial—. Hoy la prueba es mayor: ¿podrá la “capital industrial del Bajío” garantizar agua potable, limpia y suficiente para sus hijos y nietos? El Acueducto Solís, el reúso inteligente y la modernización de redes son pasos firmes, pero el verdadero cambio vendrá cuando cada leonés, cada industria y cada agricultor asuma que el agua no es infinita. Solo con gestión integral, equidad y visión a 2050 León podrá seguir brillando sin apagarse de sed.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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