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Desmond Morris

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  • José Cruz Hernández Moreno

El 19 de abril de 2026, a los 98 años, falleció en Naas, Irlanda, Desmond John Morris, uno de los divulgadores científicos más influyentes del siglo XX. Zoólogo, etólogo, pintor surrealista, escritor y presentador televisivo, Morris dedicó su larga vida a observar el comportamiento animal y humano con una mirada implacablemente biológica, despojada de romanticismos. Su muerte, confirmada por su hijo Jason, cierra un capítulo de curiosidad insaciable que transformó la forma en que millones de personas entendieron su propia especie.

Nacido el 24 de enero de 1928 en Purton, Wiltshire, Inglaterra, Morris creció en la campiña británica rodeado de naturaleza. Su padre, Harry Morris, veterano de la Primera Guerra Mundial y escritor de literatura infantil, murió cuando Desmond tenía 14 años, un trauma que marcó su rechazo visceral al “establishment”: la iglesia, el gobierno y el ejército se convirtieron en enemigos perpetuos. Educado en la Dauntsey’s School, donde ya publicaba observaciones naturalistas en revistas, estudió zoología en la Universidad de Birmingham y se doctoró en Oxford en 1954 bajo la tutela de Nikolaas Tinbergen, pionero de la etología. Su tesis versó sobre el comportamiento reproductivo del espinoso de diez espinas, un pez que revelaba ya su fascinación por los rituales animales. Entre 1946 y 1948 cumplió el servicio militar como instructor de bellas artes, un periodo en el que también coqueteó con el cine surrealista.

En 1956, Morris se incorporó a la Granada Televisión como jefe de la unidad de filmación en el Zoo de Londres. Allí creó Zoo Time, un programa infantil semanal que se emitió durante once años y alcanzó los 500 episodios. Su estilo directo, sin guiones rígidos, y sus encuentros impredecibles con animales —como el oso ruso que le desgarró el antebrazo en directo— cautivaron a millones. Entre 1959 y 1967 fue conservador de mamíferos de la Sociedad Zoológica de Londres, donde impulsó la investigación etológica y organizó exposiciones pioneras. En 1957 comisarió una muestra de pinturas realizadas por chimpancés en el Institute of Contemporary Arts; el famoso Congo, bajo su tutela, produjo obras que Pablo Picasso adquirió y defendió públicamente.

Pero fue en 1967 cuando Morris alcanzó la fama mundial con El mono desnudo (The Naked Ape). Escrito en apenas cuatro semanas, el libro aplicaba la lente zoológica al ser humano: sin pelos, sin colmillos, pero con los mismos impulsos primates. Vendió más de 18 millones de ejemplares y provocó escándalo. La Iglesia católica lo incluyó en el Índice de libros prohibidos; críticos lo acusaron de reduccionismo. Morris respondió con serenidad: “Es la naturaleza biológica de la bestia la que ha moldeado la estructura social de la civilización, no al revés”. Al año siguiente publicó El zoo humano (1969), donde analizaba las ciudades como jaulas superpobladas que generan estrés y agresividad. Le siguieron Comportamiento íntimo (1971), El hombre al desnudo (1977) —un estudio gestual y cultural del cuerpo masculino— y La mujer desnuda (2005). En total, más de cincuenta libros, desde guías de mamíferos hasta ensayos sobre perros, gatos, bebés y la felicidad. En El contrato animal (1991) defendió un alegato ecológico radical: la humanidad debe honrar su pacto con la naturaleza o extinguirse.

Paralelamente, Morris cultivó una carrera artística notable. Pintor surrealista desde los dieciocho años, expuso junto a Joan Miró en 1950 y mantuvo más de cincuenta muestras individuales. Sus lienzos, poblados de organismos imaginarios que obedecían reglas biológicas, se exhiben en la Tate y otras galerías.

En sus últimos años, ya nonagenario, siguió pintando y escribiendo. Su último libro, sobre 101 surrealistas, apareció en 2024. Hasta el final, Morris encarnó al “ham” (el showman) y al académico en permanente pugna, como él mismo reconoció. Su legado es doble: popularizó la etología llevándola a millones de hogares y desafió el antropocentrismo al recordarnos que somos, ante todo, primates desnudos. En una era de inteligencia artificial y crisis climática, su visión biológica sigue siendo provocadora y necesaria.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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