León, la capital económica de Guanajuato y uno de los motores del Bajío mexicano, enfrenta un dilema clásico de las ciudades en rápido crecimiento: cómo conciliar su expansión demográfica y productiva con una movilidad eficiente, inclusiva y sustentable. Con más de 1.72 millones de habitantes en 2020 y una proyección que superará los 2 millones para 2030, según datos de CONAPO, la ciudad ha pasado de 600 mil habitantes en 1980 a convertirse en un polo industrial de calzado, automotriz y logística. Sin embargo, este auge ha generado un desequilibrio vial que amenaza su calidad de vida, competitividad y metas ambientales.
El crecimiento urbano desordenado es el principal catalizador. Barrios periféricos o polígonos de desarrollo reciente presentan hasta un 18% de calles sin pavimentar, lo que agrava la accesibilidad y la desigualdad. La red vial primaria suma alrededor de 436 kilómetros, pero adolece de déficits en intersecciones, conectividad y señalética. El parque vehicular ha crecido más rápido que la población, consolidando a León como la quinta ciudad con mayor congestión en México, con “tráfico fantasma” en horas pico que paraliza avenidas clave como López Mateos o Boulevard Aeropuerto.
El transporte público, aunque pionero a nivel nacional, muestra signos de fatiga. En 2003, León inauguró el Sistema Integrado de Transporte Optibús (SIT Optibús), el primer BRT de México, que hoy cubre el 85% de los viajes en transporte colectivo con sus “orugas” y el sistema Pagobús. Es un referente de integración: 154 rutas cubren el 99.2% del territorio urbano y operan alrededor de 1,762 unidades (incluidas dos eléctricas). Sin embargo, la demanda ha caído entre 5% y 6.8% anual desde 2020, alcanzando en abril de 2025 el mínimo de pasajeros en cuatro años. Usuarios reportan frecuencias irregulares, unidades saturadas, tiempos de espera prolongados y un modelo de concesiones que prioriza el lucro sobre el servicio. La intermodalidad es baja: solo el 1.72% combina auto con autobús y menos del 0.2% usa bicicleta.
La dependencia del automóvil particular agrava el problema. Los accidentes de tránsito se incrementan día a día en la zona urbana. La inseguridad vial, sumada a la contaminación y al tiempo perdido (que puede superar los 40 minutos diarios en hora pico), impacta la economía: reduce productividad, eleva costos logísticos y afecta la salud pública. Además, la movilidad activa —peatones y ciclistas— carece de infraestructura adecuada: banquetas estrechas, pocas ciclovías integradas y escasa prioridad en el diseño urbano.
Las causas son estructurales. El modelo de desarrollo periférico sin densidad suficiente en corredores de transporte genera viajes largos y dispersos. La falta de una cultura vial compartida, el crecimiento de apps como Uber y el uso de motos como alternativa económica han erosionado el transporte público. Según estudios del Observatorio Ciudadano y el IMPLAN León, persisten problemas de oferta de rutas, incumplimiento de horarios y baja confiabilidad. El PIMUS (Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable), elaborado con apoyo del IMPLAN, identifica la necesidad urgente de pasar de un enfoque reactivo a uno integral que priorice al peatón, el ciclista y el transporte colectivo.
Ante estos retos, la respuesta institucional ha sido insuficiente frente a la magnitud del desafío. Propuestas a futuro incluyen mayor electrificación de la flota, corredores prioritarios y posiblemente modalidades masivas como tren ligero en corredores de alta demanda. Sin embargo, los expertos coinciden en que la solución no es solo infraestructura. Se requiere una reforma del modelo concesionado, mayor participación ciudadana y políticas que desincentiven el uso excesivo del auto privado: estacionamientos regulados, cobro por congestión y densificación urbana en torno a corredores de transporte. La integración metropolitana con Silao, Purísima y San Francisco del Rincón es clave, pues el área metropolitana amplifica los flujos.
El desafío de movilidad en León no es solo técnico: es un reto de gobernanza, equidad y visión a largo plazo. Si la ciudad logra transitar hacia un sistema multimodal, seguro y bajo en emisiones, consolidará su liderazgo regional y ofrecerá a sus habitantes una mejor calidad de vida. De lo contrario, el crecimiento que hoy impulsa su economía podría convertirse en el freno de su desarrollo sostenible. León tiene la capacidad industrial, la planeación y la ciudadanía activa para liderar la transformación. El momento es ahora: priorizar a las personas sobre los vehículos no es una opción, es la única ruta viable hacia un futuro habitable.