Comenzó a trabajar a partir de los 17 años. Lo hizo en una estética canina de un municipio cercano a Ciudad de México. Fernando Reyes Sánchez tenía todo el tiempo para observar cómo aseaban y entrenaban perros de diferentes razas. “Me gustó mucho”.
Después lo invitaron a ser parte del equipo de entrenadores y no le costó mucho acoplarse al trabajo cotidiano, pues “me encantan los perros”. Por eso había buscado trabajo en ese negocio.
Fernando es dueño de una pitbull, un pastor, una perrita criolla que rescató de la calle y un maltés. En su casa de Cuautitlán, municipio mexiquense, tiene un amplio patio para que jueguen sus animales.

Este año cumplió 25 años de edad. Hace cinco formó su propio equipo para entrenar perros, cuyos dueños viven en las colonias Condesa, Cuauhtémoc, Escandón y Del Valle.
“Día a día nos preparamos para llevar a cabo nuestra labor de entrenar y cuidar a los perritos”, comenta mientras sestea con la manada en el Parque México de la colonia Hipódromo Condesa, lugar donde se reúnen otros colegas suyos. “Uno de nuestros compromisos es hacer perros estables”, precisa Fernando, para resaltar el sello de la casa.
Y es que Reyes asegura ser diferente a los demás instructores caninos, que ya son muchos en Ciudad de México, como se puede observar, sobre todo en las mencionadas colonias y otros espacios de la Roma y la Juárez.
Y fue en la colonia Roma, después de cruzar avenida Chapultepec, cuando conociste a quien paseaba cinco mascotas; después de cruzar palabras, obsequió una tarjeta con sus datos: Entrenandog: entrenamiento y asesoría del comportamiento y lenguaje canino.

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Fernando Reyes Sánchez no es un simple instructor. Con otros tres amigos formaron una “escuela canina”, así le dice, que por ahora tienen a su cargo de 20 y 25 perros. “Aquí donde estamos, en la Condesa, es la zona de reunión para todos los perritos”, explica.
—Se puede decir que es una escuela ambulante.
—Sí, empezamos a recolectarlos en la mañana, entre siete y ocho, y los traemos aquí, a darle su paseo y su hora de entrenamiento que nos permite esta zona más libre.
Los dueños de los “perros-alumnos”, como les dice Fernando, saben que sus mascotas están en buenas manos, pues no se van lejos, sino un punto intermedio de sus domicilios.

—¿Quiénes forman el equipo?
—Diego, Ismael, Ángel y su servidor, Fernando.
—¿Cuál es la diferencia entre tu equipo y los demás?
—Nosotros checamos, para empezar, tipo de raza y la conducta del perro; y a partir de que los conocemos, empezamos el trabajo. Todos los perros se trabajan de diferentes maneras.
Entonces hace una demostración con cada uno de los perros, entre ellos algunos adoptados, que obedecen las indicaciones del entrenador sin que les grite. Más bien sus palabras son cariñosas.

“Tenemos varias referencias de que somos buenos porque no tratamos mal a los perros”, comenta Fernando. “Hay gente que los trata muy fuerte y eso no les gusta a los clientes”, añade. “Nosotros somos más tranquilos, pasivos en esa forma de entrenamientos”.
Fernando critica a quienes jalonean y maltratan a sus perros para que obedezcan. “No cualquiera puede ser entrenador o educar un perro; para eso se necesita querer a los animales”.
—Un requisito fundamental.
—Sí, y nuestra labor es ayudar a que sea un perro tranquilo para que el cliente lo disfrute en sus paseos. Porque si tú no los controlas, el perro será un desastre. Y también dependiendo de la raza es el problema que tú vas a tener con tu perrito.

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Fernando trae a su cargo seis perros de diferentes razas. Tres de ellos son adoptados. Les habla por sus nombres y obedecen sin remilgos. Los conduce a un claro terroso del Parque México. Los perros se acuestan y duermen un rato a la sombra de árboles. Fernando dice que está a punto de llegar la hora de repartir a sus perritos, como les dice, en domicilios de las colonias ya mencionadas, por lo que debe hacer otras caminatas y al final retornar a su casa, en Cuautitlán Izcalli, donde lo espera su familia.
“Es un curso de educación básica”, explica Fernando Reyes Sánchez, luego de dictar órdenes como una demostración de lo que les enseña.

—¿Y qué les enseñan?
—Se les enseña lo que es el caminado junto, del lado izquierdo, sin que tire uno de la correa; que se siente a la orden, que acuda al llamado e igual que esté echado y quieto, ¿vale?, que no se mueva hasta que uno le dé la orden de pararse. Y un pequeño comando de ejercicios.
“Como nosotros los entrenamos, primero tenemos que trabajar con el perro y después con el cliente”, agrega Fernando. “Ese es el objetivo final: que obedezca a su dueño”.
—¿Cuánto dura el entrenamiento?
—Lo recomendable es que manden a sus mascotas tres sesiones por semana para que en diez semanas termine su curso básico. Son 25 clases con la mascota y trabajamos las últimas cinco clases juntos con los dueños para yo enseñarles cómo manejar a su mascota.

De todos los perritos que ha entrenado, comenta Fernando, el cincuenta por ciento son adoptados por sus clientes, algo que llena de contento al entrenador, quien recomienda hacer lo mismo a las personas que piensen tener un perro en casa: adoptar.
—¿Es común que abandonen a los animales?
—Hay muchos perros que de chiquitos los tienen muy bonitos, los cuidan, pero al crecer los abandonan. Nos ha tocado ver perros amarrados, que viene gente y los abandona, gente que no tiene corazón, que los desecha; por fortuna también hay gente que los rescata y los adopta y les vuelve a dar una segunda oportunidad.

—¿Y te encariñas con los perros?
—Pues sí, la verdad, ahora sí que yo tengo dos tres perritos que me siguen, unos más que otros. Yo quiero mucho a mis alumnos, me la paso bien con todos, me respetan y los respeto, y trabajamos bien, pero sí hay unos que son más apegados a mí, como ejemplo Nala.
—Y tienes una aquí que se llama Odesa.
—Odesa y Hube son de la misma casa. Ella acaba de llegar, la acaban de adoptar. Él, igual, de tres meses y medio, nuestro amigo lo adoptó y lo mandó a entrenar. Tiene un año y medio y ya está entrenado.
—¿Lo adoptó otra persona?
—Bueno, lo encontró mi compañero y se lo regaló a una persona que andaba buscando comprar un perrito; nosotros le dijimos que mejor adoptara.

—¿También se tiene que educar a los dueños?
—Igual, igual te tienes que educar como dueño de mascotas, ser conscientes lo que traes contigo, a tu lado, y lo que puede pasar; hay gente precavida, pero también hay bastante que no le interesa y se enojan cuando les dices que traiga amarrado a su perro.
Fernando insiste en que la gente debe ser conscientes de que los perros no son juguetes ni objetos.

Y más:
“Prefiero que adopten perros a que compren, que los cuiden y que los traten bien, que les den una buena calidad de vida, y si tienen problemas con sus mascotas pueden acudir a nosotros; nosotros con mucho gusto los ayudamos, los asesoramos y les damos entrenamientos a sus amigos caninos para que disfruten su paseo y no tengan problemas en casa”.
Termina la jornada.
Fernando Reyes se marcha acompañado de sus alumnos, cruza Avenida México y enfila sobre la calle de Sonora; después cruzará avenida Chapultepec y se internará en la colonia Cuauhtémoc.
Humberto Ríos Navarrete