En el sur de Ciudad de México está El monumento al perro callejero. La patrocinadora de esta acción, Paty Ruiz, es fundadora de Milagros Caninos, el único santuario de este tipo que existe en América latina, surgido hace más de 20 años en una zona boscosa, donde cada animal tiene una historia a través de la cual aún es difícil descifrar hasta dónde llega la maldad humana.
Aquí solo aceptan perros maltratados con extrema violencia, situación en la que esta benefactora adoptó un cachorro, por ejemplo, que fue mutilado por integrantes del crimen organizado. Por este motivo ella se hizo más conocida y se convirtió en un símbolo. Pero su historia tiene un principio más íntimo.
Paty se define como “una soñadora" que puede cambiar la vida de esos animales en nuestro país. Lo dice rodeada de peludos que parecen mostrar su gratitud a quien ha ofrendado su vida a cuidarlos y cuya labor es conocida en varias partes del mundo partir de que murió su perro, Clavo, pues desde entonces se dedica a esta misión, que incluye una de las hazañas más valientes, pues logró acoger a un perro que torturaban integrantes del cartel más sanguinario, Los Zetas, quienes mutilaron al animal.
Milagros Caninos nace en el año 2004, a raíz de la desafortunada muerte de Clavo, su perro salchicha.
Clavo murió ahogado en su casa y ella quedó con ese sentimiento de culpa de que “seguramente me estaba pidiendo ayuda y yo no podía ayudarlo porque estaba dormida. Entonces a partir de eso empiezo a rescatar los 11 mil 300 que han estado con nosotros”.
Los perros, para ser rescatados, tienen que estar en situaciones especiales, extrañas, delicadas, extremas, de acuerdo a sus palabras.
—¿Por qué?
—Porque yo lo hice en nombre de Clavo. Porque él estaba sufriendo. Yo no lo pude ayudar. Entonces, de repente me encuentro mi nicho dentro de la crueldad del ser humano hacia los perros, que no estaba siendo visto, que son perros en situaciones extremas que sufrieron a manos del ser humano.
Milagros caninos está en una zona boscosa de Xochimilco. Tienen todos los servicios y empleados que se reparten las tareas. El área mide una hectárea y media. Hasta el año pasado albergaban cerca de 500 perros y 129 gatos, todos en situaciones extremas.
Y no solo ha rescatado perros de diferentes partes de nuestro país, sino del mundo; por eso su labor es conocida más allá de nuestras fronteras; incluso, por las características especiales del refugio, ha sido invitada a impartir conferencias en otros países.
—O sea, se los traen.
—Sí —responde—, y tiene que ser en situación extrema. Perros que llegan en avión, perros que llegan en helicóptero, sobre todo en situaciones extremas.
La entrevista con Paty se realiza frente a la casita que una madrina le mandó construir a Pay de limón, un perro amable con los visitantes y consentido por la manada.
Paty lo explica mientras lo abraza:
— Pay de Limón se volvió famoso, no porque le hayan cortado las patas, porque de esos tenemos muchos, sino por quién le cortó las patas: Fueron los Zetas en Fresnillo, Zacatecas, en el 2011. Pay de Limón tenía diez meses y con él practicaron cortándole 1 a 1 los deditos, como cuando se los cortan a los seres humanos que son secuestrados. Cuando Limón llega aquí, a Milagros Caninos, lo tuvimos escondido casi un año por temor a represalias.
—Hasta que un día…
—Sí, hasta que un día yo dije: “Ya estuvo bien, Pay de limón tiene que ser como todos los demás: que corra y que juegue con todos y que tenga visibilidad, que la gente lo conozca. Y empezamos a buscar formas de que él pudiera caminar como todos y no encontramos en México.
Así es que logró transportarlo a Estados Unidos, donde cada año le cambian sus prótesis, pues en México todavía no existe esa posibilidad. Ya son 14 años de que le cambian las prótesis
“Él es amable, ya superó el trauma”, comenta, mientras lo acaricia. “Nosotros pensamos que él lo superó en cuanto llegó aquí. Fue un proceso lento. Ellos sienten tanta tranquilidad aquí, tanta paz que se vuelven parte de la familia de Milagros caninos, prácticamente desde que llegan”.
—A Pay de Limón se le acerca otros perros, siempre amables, como admirándolo.
—Lo que pasa es que él es un perrito influencer —comenta Paty—, un perrito conocido, y está tan acostumbrado que vengan las cámaras de televisión. Aquí él se sienta y él se pone aquí. Él aquí está porque sabe que lo están grabando. Él ya tiene 14 años que lo están grabando porque ya tiene 15 años de edad.
La historia de Pay ha sido traducida a 17 idiomas, y junto con él, Paty Ruiz ha viajado a 20 países.
—¿Por qué el ser humano hace eso?— se le pregunta a Paty en referencia a las torturas.
—Pues lo mismo me pregunto yo. Creo que desquitan en ellos sus frustraciones. Estoy convencida que una buena persona nunca va a maltratar a un perro ni a nadie.
—Ahora —se le comenta— hay gente que tiene perritos y los maltratan para que obedezcan.
—Eso para mí y para cualquiera es maltrato animal. Y no debería ser porque hay formas de enseñarles sin maltratarlos.
—¿Ha progresado el ser humano? ¿Al menos en México hemos progresado en ese sentido de apreciar la vida de los de los animales, en especial de los perros?
—Yo creo que un poco, sí. Afortunadamente ya hay más conciencia sobre el bienestar de los animales, porque ya es un delito maltratarlos.
—¿Usted qué recomienda en esos casos?
—Yo recomiendo que no regalen a sus hijos un perrito si no se van a hacer cargo de él. Para mí todos los perros son iguales. Entonces, si un niño no va a cuidar al perrito, si el papá o la mamá no se hacen responsables del cuidado, que mejor no lo tengan. Sí, claro, pero por ejemplo, cuando el padre o la madre o el niño dice yo quiero tal perrito de tal raza, debe concientizarse. Se le debe decir al niño que no necesariamente debe ser un perro de raza.
En este refugio tienen médicos veterinarios, empezando por el director y una coordinadora. “Tenemos muchos chavos que nos ayudan con el cuidado de los perros”, dice. “Y ellos tienen un salario”.
Milagros Caninos es una organización civil que sobrevive a base de donativos y expiden un recibo deducible de impuestos para todas las personas que quieran ayudar a los animales.
—Observo que todos sus perritos tienen un nombre.
—Los de Milagros caninos tienen nombre de algo que se come porque después de haber vivido y han logrado sobrevivir, son un alimento para el alma. Entonces por eso tenemos aquí a todos los postres, todas las frutas, todas las verduras, todos los antojitos mexicanos, en fin, tenemos a todo el mercado.
Todos los perros que están aquí fueron maltratados en extremo, pero hay uno especial, el de una hembra, a la que le destrozaron la cara y aquí le fue reconstruida.
“Su único delito fue tener hambre y acercarse a una carnicería en un mercado”, relata Paty. “Entonces no le dieron carne, pero sí le dieron un hachazo, un hachazo en la cabeza”.
—Prácticamente le deshicieron todo la frente, ¿verdad?
—Sí, pero el doctor la operó y afortunadamente es una perrita feliz, muy feliz. Hubo una reconstrucción como si fuera un ser humano. O sea, quedó muy bien —dice mientras muestra imágenes de un antes y un después—, no quedó sin orejita, pero es que en la foto se ve como deshecha de la carita; se ve muy mal, pues prácticamente no se ve que sea un perrito.
Otra historia similar es la de Pistache, que fue rescatado de Texcoco, Estado de México. “Los perros son mágicos”, comenta Paty, mientras observa a Pistache. “Pistache llegó aquí con los cuatro machetazos, y lo atendió el doctor desde el instante en el que llegó. Le cosió las heridas, lo limpió, le cosió las heridas y todo”.
Y es que aquí llegan perros torturados de todas formas. Inimaginable. La crueldad extrema. “Casos terroríficos”, dice. “Perros violados o que les rompen la columna, que le sacan los ojos”.
Hay una parte especial donde están los perros discapacitados. De alguna manera todos lo están, pero hay unos paralíticos, ciegos, comenta Miriam Nieto, de profesión sicóloga, quien llegó aquí como voluntaria hace más de 15 años.
—Después, en el 2011, Paty Ruiz me invita a colaborar con ella directamente, ya en el Santuario.
—¿Usted ama a los perros?
—Por supuesto. Por eso estoy aquí. Por el amor que le tengo a los perros. Bueno, a los animales en general.
—¿Y usted vive aquí en Xochimilco?
—No, yo vengo desde la alcaldía de Azcapotzalco. Mi horario de entrada es a las 09:00, pero prefiero llegar desde las siete para evitar el tráfico. Y me voy entre siete a y ocho de la noche.
Miriam es coordinadora administrativa, pero antes que nada, aclara, “amo a los animales y también soy la que hago estéticas y baño perros y ayudo en el área de hospitalización, fisioterapia y terapias con Flores de Bach”.
—Se ve que los ama demasiado.
—Sí, y estoy muy agradecida con todo, con todos y cada uno de los perritos y gatos y pollos y gallinas que tenemos aquí en el santuario, porque todos son maestros de vida, todos nos dan una enseñanza, una lección.