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  • La mejor estudiante del mundo salió del Conalep y rompió el algoritmo del mérito

  • Ángela Olazarán creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero su historia también exhibe algo más incómodo: en México, el talento no basta entre los estigmas y la discriminación.
El efecto Angelita. La revolución robótica inicia en el Conalep | Portada

DOMINGA.– Ángela Olazarán dice ante cientos de docentes y directivos escolares que la escuchan en el Seminario Internacional de Educación Integral: cuando encuentren a una niña o niño con la chispa en los ojos, con el hambre por aprender, acompáñenlo, llévenlo lejos, porque cualquiera puede llegar tan lejos como ella, la ganadora del Global Student Prize 2024 que la convirtió en la mejor estudiante del mundo.

A los 17 años, Ángela Elena Olazarán Laureano construyó un robot capaz de diagnosticar 21 enfermedades con ayuda de la Inteligencia Artificial (IA), un asistente médico llamado Ixtliltón (Dios de la medicina y la curación de los mexicas) pensado para las zonas rurales y apartadas ya que funciona aun sin internet. Creación que le mereció el premio, superando a más de 11 mil estudiantes de 176 países.

Pero eso de que cualquiera puede lograrlo en este país es debatible: todos tenemos derecho, sí, pero no cualquiera llega hasta donde lo hizo Ángela; por ejemplo, solo dos de sus compañeros en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, el Conalep, siguieron estudiando una carrera: la mujer optó por Medicina y un compañero, Ingeniería, becado en el Tec de Monterrey.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
Ángela Olazarán emprendió su revolución robótica en el Conalep. Este 2026 participó en el Seminario Internacional de Educación Integral 2026 | Foto: Eliasib Flores/Fundación SM.

​Los padres de Ángela fundaron un club de robótica en la sala de su casa conformado por estudiantes del Conalep. Cuando se llevó a cabo Cumbre Tajín, el festival cultural más importante en Veracruz, el equipo iba a presentar unos robots; una de las integrantes faltó porque tuvo que quedarse a limpiar la hoja de maíz, el totomoxtle que su familia vende para mantenerse.

Por eso la historia de Ángela es extraordinaria: siendo una mujer de un pueblo originario, marcado por las precariedad rural –70% de su población vive en pobreza moderada o extrema– y proveniente de una escuela pública rural, cargada de estigmas discriminatorios, como que ahí nomás las alumnas se embarazan o sólo llegan los estudiantes que no lograron colocarse en otra escuela pública, Ángela se abre paso.

Sin un origen privilegiado, vino a romper paradigmas e incursionar en un sector históricamente dominado por los hombres, llamado recientemente por la industria y la academia como “STEM , que reúne a cuatro de las profesiones mejor pagadas y con mayor proyección a futuro, como es la Ciencia (Science), la Tecnología (Technology), la Ingeniería (Engineering) y las Matemáticas (Mathematics).


La cultura STEM trabaja también por la integración de las niñas en estas carreras, tradicionalmente ocupadas por los hombres, y por el desarrollo de las habilidades socioemocionales, ignoradas muchos años en la formación de los adolescentes y jóvenes afines a este conocimiento. No hace mucho tiempo les llamaban despectivamente nerds por su falta de habilidades para socializar.

Cuando ganó su premio, “en las redes sociales decían que si estaba concursando embarazada, que por qué una indígena le iba a ganar a grandes países. Todos estos estereotipos negativos que hay de la escuela [Conalep], Ángela los está desmontando cuando lleva su mensaje y su historia de vida”, cuenta su madre Matilde Laureano Muñoz, maestra de educación especial.

Originaria de Papantla, Veracruz, Ángela se inscribió a los 17 años en un concurso mundial que la midió contra estudiantes de las universidades y los colegios más prestigiosos del mundo, el galardón (100 mil dólares) lo volvió un concurso relevante; la adolescente se enfrentó a alumnos de bachillerato, licenciatura y posgrado porque el certamen es para mayores de 16, sin categorías ni rangos de edad.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
Ángela tiene planeado estudiar una maestría o un posgrado en MIT | Especial

El premio, sin embargo, se basaba en el impacto social que el estudiante hubiera generado en su comunidad y tiene cinco criterios de evaluación: logro académico y su contexto; impacto en sus compañeros; impacto en su comunidad; superación de adversidades; y creatividad e innovación. Aquí la precariedad tiene un valor que suma y Ángela Olazarán dio un golpe de cinco bandas con Ixtliton.

El Conalep gana premios en robótica

Ángela Olazarán organiza su vida entre sus estudios en la Universidad Anáhuac de Xalapa, que la becó al 100%, y sus compromisos profesionales, que consisten en dar conferencias nacionales e internacionales sobre tecnología, IA, educación o género.

En la NASA impartió la conferencia virtual “IA + Hologramas Espaciales”; en el INCmty 2025, uno de los festivales de emprendimiento más importantes de América Latina, habló sobre la IA y su impacto social; ante la red Mujeres Unidas por la Educación , que reúne a las investigadoras, académicas, consultoras y docentes más destacadas del país, dictó la conferencia “La educación en STEM puede cambiar vidas y romper barreras”; fue ponente en la Cumbre Mundial sobre IA en Italia, y la revista Líderes la reconoció entre las 100 mujeres más poderosas de México.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
Los padres de Ángela fundaron un club de robótica en la sala de su casa conformado por estudiantes del Conalep. | Especial

Y teniendo tanto por destacar, se contrae un poco cuando le toca hablar de su paso por el Conalep, porque inevitablemente le toca entrar a defenderlo:

“Cuando hablamos de éste lo primero que se nos viene a la mente son las chicas que salen embarazadas. La ventaja del Conalep es que ellos te permiten estudiar, no te tachan de que vas a dar una mala imagen a la escuela, te dan la oportunidad y el apoyo para estudiar, que es lo que más necesitan esas chicas”, dice Ángela a DOMINGA.

El Conalep es una escuela de educación media superior que forma a técnicos que quieren ingresar a la vida laboral lo antes posible, se fundó en 1978, pero fue hasta 1997 que incluyeron en su currícula los estudios de nivel bachillerato. Antes sus egresados sólo eran técnicos que no podían seguir estudiando una ingeniería o licenciatura, de ahí la idea de su baja calidad académica, pero esto cambió hace casi tres décadas. “El Colegio está ganando premios en robótica”, apunta la veracruzana con énfasis, “está demostrando la calidad de sus estudiantes, pero muchos no lo reconocen, se quieren quedar con lo malo”.

Si se quieren quedar con el estigma es porque discriminar es una actividad muy arraigada en el humor de los mexicanos; se discrimina por género, clase social, color de piel, lengua, peso corporal, estatura, vestimenta, discapacidad, trabajo, preferencia sexual, por dónde vives o cómo te transportas. En algún momento de la vida todos hemos sido discriminados y sabemos que eso hace sufrir y quita oportunidades a las personas. Lamentablemente esta “costumbre” va en aumento.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
Solo dos de sus compañeros en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, el Conalep, siguieron estudiando | Especial

En 2017, 20.2% de la población mayor de 18 años dijo haber sufrido algún acto de discriminación, cinco años después creció a 23.7%; la segregación es mayor si se trata de mujeres, la cifra pasó de 20.1 a 24.5%, según la última Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS).

Ángela proviene de un municipio orgulloso de sus raíces indígenas que cuentan con tres Patrimonios de la Humanidad otorgados por la Unesco: por su zona arqueológica del Tajín, la ceremonia ritual de los Voladores de Papantla y la creación del Centro de la Artes Indígenas, 16 casas-escuelas donde maestros tradicionales enseñan la cosmovisión totonaca. Es también la cuna de la vainilla y un pueblo mágico con muchos atractivos turísticos y artesanales.

Pero toda esta riqueza cultural, artística e histórica no se refleja en las 454 comunidades, pueblos y rancherías que pertenecen a Papantla. De 160 mil habitantes que hay en el municipio (2024), 115 mil se autonombran indígenas y 29 mil 364 hablan una lengua indígenas. El salario promedio mensual es de 5 mil 542 pesos.

La mejor estudiante del mundo nació en un lugar donde sólo 34% tiene acceso a internet y 17.7% tiene una computadora. Las vulnerabilidades de su entorno se sumaron para hacerla destacar: desde la pandemia por el covid-19, unos padres docentes comprometidos con la educación no sólo de sus hijos, un talento innato y una escuela como el Conalep que aquí jugó maravillosamente a su favor.


Nace una estrella STEM en México

Ángela cursó preescolar, primaria y secundaria en una escuela católica privada, siempre fue becada por su buen promedio. Ella sola se inscribía en las actividades académicas, culturales, deportivas y religiosas, asegura que era tímida para hablar.

Hija de maestros que trabajaban a doble turno, ella y su hermano mayor Enrique crecieron con libros, actividades y juguetes. La llevaron al ballet y al basquetbol, le gustaba dibujar, bordar y pintar en lienzos, “pero no le floreció esa parte”, dice su madre, quien la acompaña a todos sus eventos desde el día en que obtuvo el galardón mundial y le cambió la vida a toda la familia, en 2024.

Su primer celular lo recibió en tercero de primaria, aunque su madre pegó el grito en el cielo. “Es por una necesidad, les va a facilitar la comunicación”, le dijo su esposo, Luis Enrique Olazarán Camarillo, para convencerla. Él es ingeniero en Instrumentación Electrónica por la Universidad Veracruzana y tiene una maestría en Educación en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz; cuenta con la insignia MIEE (Microsoft Innovative Educator Expert) que lo convierte en “maestro de maestros”, lo que significa que comparte sus conocimientos con sus colegas.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
Este 2026 Ángela Olazarán participó en el Seminario Internacional de Educación Integral 2026 | Foto: Eliasib Flores/Fundación SM.

Mientras el padre trabajaba en el turno matutino del Conalep y por las tardes en el Ayuntamiento, y la madre en otro colegio por las tardes, los niños se quedaban solos en casa. El hijo mayor optó por estudiar en el Conalep y eso le pegó en el ánimo al padre. Sabían del bajo rendimiento y los estigmas en torno a la institución. Entonces, para dar clases extramuros, el profesor invitó a alumnos a formar el club Nakú Robotics (‘naku’ significa corazón en totonaca). La maestra Matilde suspendió los cursos de verano que impartía para ceder el patio de su casa al club y después a la sala, “porque hay maquinaria o piezas que con la humedad se echan a perder y el clima aquí es muy caluroso”.

Por aquellos días de 2020 llegó a la Dirección General del Conalep el maestro Guillermo Arévalo Owseycoff, “con un enfoque distinto porque comenzó a bajar y difundir convocatorias y concursos dirigidos a los estudiantes del colegio”, cuenta la maestra Mati. Su esposo empezó a seguir esas oportunidades para sus alumnos y empezaron a participar y a ganar en las olimpiadas y competencias.

Enrique hijo resultó un virtuoso de la robótica y la informática, ganó varios concursos con su equipo del Conalep y de robótica; de hecho las competencias lo han llevado a viajar por Colombia, Ecuador, Costa Rica, Japón, Irlanda, Francia. Fue becado por la Universidad de Austin, Texas, para aprender programación y pronto se irá a Abu Dhabi por una beca de actualización que ganó.

Ángela siguió el ejemplo de su hermano e ingresó también al Conalep a la carrera de Informática. Pero a ella no le gustaba la robótica: “dudaba de su utilidad, sentía que la programación no era lo mío y nunca la iba a utilizar”, cuenta. Creía que tenía más vocación de maestra porque a los siete años jugaba a sentar sus peluches en fila para darles clases. Sus papás la animaron a inscribirse a la Olimpiada Veracruzana de Informática 2021, pero no la entusiasmaba y no les hizo caso. “El día del examen me levanté con unos gritos, mis papás se enteraron que no me había presentado, como no había estudiado, [...] no tenía proyecto que inscribir”.


Al siguiente año quiso sacarse la espinita y se inscribió a la Olimpiada 2022, se preparó dos semanas antes con videos en YouTube y se dejó asesorar por su hermano y su papá. El día del examen, sin mucho esfuerzo, se llevó la medalla de plata.

Encontró su vocación en la adrenalina que provoca un ambiente de competencia, trabajo en equipo y las fallas de último minuto; “sentí una chispa en el pecho, que me detonó muchas sensaciones y pensamientos”, describe.

Venir de un Conalep le dio ventaja

Ixtliltón nació durante la pandemia: “El proyecto inició por un concurso, un hackathon estatal virtual que se dio en esos días, pero vimos el potencial que tenía y lo llevamos a un prototipo que pudiera implementarse y llevar esperanza a las personas. Era código, diseño, electrónica, todos estábamos involucrados y gracias a ese proyecto reforcé mis conocimientos en programación”, relata.

Su madre lo cuenta desde otra mirada. En 2020 llegó la pandemia y a Ángela la adolescencia. “Tengo mis clases y de ahí me voy a mi recámara, pero tú no sabes lo que siento”, le llegó a decir por esos días, “el momento más oscuro de la humanidad”, lo calificaba. “Para equilibrar todo lo que estaba sintiendo, creo que se enfocó y entró de lleno a la robótica”, explica su madre. Y en ese contexto toda la familia empezó a desarrollar Ixtliltón, un asistente médico con IA.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
Ángela impulsa la participación de las niñas en la ciencia y la tecnología | Especial

Cuatro años después, Angela y su equipo de robótica tienen el primer lugar estatal y nacional de robótica del Conalep; el Premio Nacional de Talento STEM+ México; dos medallas de plata en el Campeonato Mundial de Robótica RoboRAVE, en Michigan, Estados Unidos; el Premio Estatal de la Juventud por su labor en ciencia y tecnología, y ella sola el National Student Prize en 2023.

Pudiendo ser su hermano quien se inscribiera en el Global Student Prize 2024 con Ixtlilton, Angela ocupó ese lugar por una decisión familiar: “Decidimos que tenía que postular yo porque había ganado un premio nacional el año pasado (el National Student Prize) y queríamos llevar ese proyecto aún más lejos”.

Se postuló mientras cursaba el sexto semestre del Conalep. Proceder de un colegio para estudiantes vulnerables le dio ventaja ante el jurado, que valora a quienes logran mucho con los recursos disponibles. Y en el Conalep eso es el pan de cada día: 80% de sus alumnos provienen de comunidades rurales, trabajan o se las arreglan como pueden para conseguir materiales, herramientas o pagar su transporte.


En 2021 inició el Global Student Prize, lo ganó Jeremiah Thoronka, un estudiante de Sierra Leona que fundó una empresa que transforma las vibraciones de los vehículos y las pisadas de los peatones en corriente eléctrica; en 2022 el galardón se lo llevó el adolescente ucraciano Igor Klymejko por el desarrollo de un dron detector de minas. En 2023 ganó un refugiado sudanés de 24 años, Nhial Deng, que desarrolló programas de consolidación de paz, educación y emprendimiento para refugiados en Kenia. En 2024 el premio cayó por vez primera en América Latina y en una mujer: Ángela Elena Olazarán Laureano, 17 años, estudiante de robótica del Conalep, por el desarrollo de un robot capaz de diagnosticar 21 enfermedades tras una serie de preguntas vinculadas con IA.

En 2025 el Global Student Prize fue para India y Adrsh Kumar, un joven de 18 años que creó una plataforma para enseñar habilidades de emprendimiento, liderazgo y preparación profesional a jóvenes de comunidades desfavorecidas.

A excepción de 2023, todos los galardonados han sido jóvenes bachilleres provenientes de escuelas públicas. “Presentamos logros académicos, concursos, olimpiadas, el primer conversatorio en Papantla para niñas y mujeres de diversas preparatorias, talleres de robótica, conferencias. Todas esas actividades se sumaron a mi currículum”, relata Ángela. “En las entrevistas que le hacía el jurado vía Zoom, preparábamos el ambiente, que se vieran sus proyectos, su equipo trabajando atrás de ella. Todo era realidad, pero queríamos que lo viera el jurado”, revive Matilde, quien tuvo que pedir un permiso especial en la SEP para ausentarse y asistir a su hija.

Creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet. Pero la historia de Ángela Olazarán también exhibe algo más incómodo.
La joven creó un robot que diagnostica enfermedades sin internet | Shuttertocks

La Fundación Varkey y Chegg.org, creadores del Global Student Prize, buscan que el ganador sea una figura pública e incida más allá de los círculos académicos o científicos; por eso luego de ganar, Ángela emitió su primer discurso en la Asamblea General de la ONU, hablando de las bondades de Ixtlilton.

Diplomado en IA para la salud: el Programa Angelita

El premio de Ángela vino a arrojar luz a varias zonas oscuras en la actividad educativa y médica del país. Cuando le pregunto que dónde está Ixtlilton ahora, el rostro de Ángela se confunde un poco antes de decir que muchas instituciones de salud los han buscado para apoyar este proyecto y desarrollar la tecnología que les permita llevarlo a su comunidad, pero ella sólo tiene el prototipo y la idea.

Para desarrollar esto hace falta primero capacitar al personal médico en temas de tecnología e IA. “Hemos probado a Ixtlilton en las comunidades para que las personas sepan que es una plataforma intuitiva, que no se necesita mucho conocimiento en la tecnología. Buscamos que sea un proceso para optimizar tiempos, ya sea para tomar los datos personales de los pacientes y que cuando pasen a la consulta sea más ágil”, explica.

Inspirados en su premio, en diciembre de 2024 la UNAM, la Fundación Mexicana para la Salud, la Academia Nacional de Medicina y el Grupo Lapi crearon el diplomado de Inteligencia Artificial en la Salud y lo llamaron “Programa Angelita. Transformando la salud donde más se necesita”.


Aunque tiene tiene un costo de unos 40 mil pesos y está dedicado a profesionales de la Salud, cuentan con becas para 10 médicos rurales por generación que quieran capacitarse. Ixtlilton no está operando por ahora pero mientras los médicos se capacitan, ella y Nakú Robotics están ampliando la base de datos con ayuda de las instituciones de Salud, “para enriquecerlo y que no se quede en un proyecto pedagógico, sino que vaya al mundo real”, dice Ángela.

El efecto Angelita también se mira en el Conalep, al menos en el de Papantla: pasó de ser una escuela de última opción a la más peleada en el bachillerato. “La matrícula ha despegado impresionante y se acaban las fichas en minutos, cuando antes era promocionarlo casa por casa. Ahora vive un boom”, celebra la maestra Mati.

A nivel nacional, el Conalep tiene una clara tendencia hacia las STEM: en el World Education Robotics, que se celebra en China, los mexicanos del Conalep ganaron tercero, primero y segundo lugar en 2023, 2024 y 2025. Este año Valeria Palacios Cruz, egresada del mismo Conalep, ganó la Medalla Mundial de la Educación por su trabajo con drones, robótica e IA aplicado a problemas ambientales. Y no sólo el empuje está en Veracruz, los alumnos del Conalep de Guanajuato o Chihuahua han dejado el nombre de México en alto con varios campeonatos en su historial.

Hoy el Colegio ofrece más de 60 carreras técnicas en 313 planteles con más de 324 mil estudiantes inscritos: 54.5 hombres y 45.5 mujeres. Las carreras más socorridas son Informática (14.35%), Enfermería (9.11%), Electromecánica Industrial (8.72%), Contabilidad (6.91%) y Alimentos y Bebidas (5.79%).

Ángela Olazarán recibió el Premio Estatal a la Mujer 2025 en Veracruz por sus aportaciones en tecnología, salud y educación.
Ángela Elena Olazarán Laureano lleva la robótica y la IA a las comunidades rurales. | Especial

¿Y los embarazos en el Conalep?

Al inicio del ciclo escolar 2019-2020, MILENIO publicó que el Conalep mantenía el registro de 35 estudiantes embarazadas en su subsistema educativo. La institución tuvo que implementar un enfoque de acompañamiento con las alumnas, lleva un registro de alumnas que continúan sus estudios embarazadas, ellas pueden solicitar una beca de ayuda, modelos híbridos y asistencias flexibles para evitar su deserción.

A nivel nacional el embarazo adolescente ha disminuido (10-17 años), pasó de 7.75 por cada 100 nacimientos en 2013, a 5.55 en 2023. Se presenta más en las zonas rurales, donde existen mayor marginación y menos servicios de salud sexual e información reproductiva; mientras que la deserción escolar se presenta con mucho mayor frecuencia en los telebachilleratos, diseñados para comunidades rurales y localidades pequeñas: 39.7%, según la SEP.

Además de construir un aula STEM en Papantla, con el dinero del premio, Ángela tiene planeado estudiar una maestría o un posgrado en Instituto Tecnológico de Massachusetts, el MIT, y ya no seguir rescatando gatitos, tiene siete y un perrito.


En México, el Ayuntamiento de Xalapa, la Cámara de Diputados, el Consejo Coordinador Empresarial, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México –antes Conacyt– la han invitaron a dar pláticas sobre talento joven, mujeres en la ciencia, la importancia de las STEM, la brecha de género. El Congreso de Veracruz le otorgó el Premio Estatal a la Mujer 2025 por su liderazgo.

La joven que vistió el uniforme y se sentó en las modestas bancas del Conalep es hoy una promesa en el mundo de la robótica y la ciencia y una inspiración para miles de mujeres jóvenes. “Y no me arrepiento de haber elegido esa preparatoria técnica, me dio las mayores oportunidades para estar en donde estoy”.

GSC


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Concepción Peralta Silverio
  • Concepción Peralta Silverio
  • Periodista de investigación enfocada en temas de justicia social, derechos humanos y corrupción, egresada de la carrera de Periodismo por la UNAM y de la maestría en Periodismo y Políticas Públicas por el CIDE.
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