En estos días, el Seminario de Cultura Literaria Novohispana de la UNAM rinde homenaje a su fundador, el hispanista José Pascual Buxó, fallecido en 2019 tras una vida consagrada al estudio de la literatura colonial, un ámbito en el que sus aportaciones contribuyeron a revalorar la obra de poetas desconocidos o injustamente olvidados, como el extraordinario artífice de la paradoja Luis de Sandoval Zapata, cuyas Obras publicó en los años 80. Nacido en Sant Feliu de Guíxols en 1931, Pascual Buxó llegó a México a los ocho años, junto con miles de familias de exiliados que habían combatido al fascismo en la guerra civil española. Sólo hablaba entonces catalán y un poco de francés. Aquí aprendió el español y desde muy joven se entregó al estudio de las letras mexicanas para retribuirle a nuestro país la generosa acogida que le brindó. Perteneció, pues, a la segunda generación de refugiados españoles que animaron y enriquecieron nuestra vida literaria en el último tercio del siglo XX. Como Ramón Xirau, Tomás Segovia, Luis Rius, César Rodríguez Chicharro y Enrique De Rivas, don José fue a la vez profesor y poeta, una combinación de disciplinas que le permitió conocer el arte de la palabra en la teoría y en la práctica.
Quizá su principal virtud intelectual haya sido la capacidad de argumentar con profundidad, erudición y agudeza. No sé si la metodología de sus análisis literarios, descrita en el tratado Las figuraciones del sentido, le haya enseñado a ordenar las ideas, o más bien sus hallazgos en el campo de la hermenéutica sean frutos de la sagacidad y la intuición. De cualquier modo, en obras como La literatura novohispana entre el dogma y la liberación o Sor Juana Inés de la Cruz: amor y conocimiento (disponibles en la Biblioteca Virtual del Instituto Cervantes), Pascual Buxó se las ingenió para desentrañar significados de la poesía barroca inalcanzables para el lector común. En esto consiste, creo, su principal legado como hispanista. No sólo en la escritura prodigó ese talento: era una delicia escuchar sus cátedras en la división de postgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, donde exponía ideas complejas con envidiable desenvoltura. Quien tenga curiosidad por conocer esa faceta de su magisterio puede escuchar en Descarga UNAM el ciclo de conferencias Primera conjura independentista: verdad histórica y ficción literaria, donde reseña y examina las fuentes del memorable romance en que Sandoval Zapata, el primer poeta civil de nuestra historia, deploró la degollación de los hermanos Ávila, cabecillas de la abortada revuelta criolla que en 1566 se propuso independizar a la Nueva España del dominio español y llevar al trono a Martín Cortés, el hijo del conquistador.
Crecido en una familia de pescadores, Pascual Buxó nunca rompió de todo el cordón umbilical con las hermosas playas de su pueblo natal, una zona de la Costa Brava que en la actualidad atrae a infinidad de turistas. “Voy. Estoy. No cesa/ el desastre del mar, / el fragor de su peso, la avalancha/ de las olas abiertas en lo alto”, escribió en Lugar del tiempo, donde algunas escenas de su vida familiar, más soñadas que recordadas, lo incitan a recuperar estados
de conciencia que la resaca del olvido no pudo arrastrar. El tono elegíaco marca la tónica de casi todos los poemas de ese libro, el último de su producción poética (no conozco los anteriores ni la pandemia me ha permitido buscarlos en bibliotecas). En ellos predomina la nostalgia de un paraíso perdido cuyas evanescentes imágenes quedaron indisolublemente ligadas a la tibieza del regazo materno.
Sorjuanista apasionado, Pascual Buxó entabló en los años 80 una respetuosa y brillante polémica con Octavio Paz sobre la interpretación de Primero sueño. En Las figuraciones del sentido expuso sus diferencias con el poeta, pero siempre reconoció que el monumental ensayo de Paz había marcado un hito en ese campo. Su exégesis de otros notables poetas novohispanos deja entrever que Sor Juana no es “la llama trémula en la noche de piedra del virreinato”, como dijo José Emilio Pacheco. Más que una
excepción milagrosa, Sor Juana fue la culminación de un rico y abigarrado trasplante de las letras españolas al Nuevo Mundo, en el que figuras como Bernardo de Balbuena, Francisco de Terrazas y Matías de Bocanegra, preludiaron, junto con Sandoval Zapata, la irrupción de la portentosa monja. En realidad, la “noche de piedra” fue una luminosa galaxia donde la estrella de Sor Juana eclipsó a las demás. La vindicación emprendida por Pascual Buxó se extendió también al campo de la historiografía, en el que advirtió el feliz empleo de recursos literarios en las crónicas de Juan Suárez de Peralta y Baltasar Dorantes de Carranza.
Me uno al homenaje a mi querido maestro y espero que esta celebración le augure una larga vigencia.
Enrique Serna*
* Autor de "El vendedor de silencio"