Cultura

Las lechuzas ignoradas

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En un ensayo titulado “¿Hay vida después de los paradigmas?”, incluido en su libro ¿Ya llegamos?, Morris Berman relata el caso del antropólogo Max Marwick: tras mudarse a Rodesia del Norte, la actual Zambia, para realizar investigaciones antropológicas sobre los nativos cewa, comenzó a ser visitado por un grupo de lechuzas que se posaban en su techo todas las noches y no lo dejaban dormir. Consultó a un hechicero local, quien le preguntó si antes de partir de Inglaterra había tenido un problema familiar, a lo que Marwick respondió que sí: se había peleado amargamente con un tío. El hechicero le indicó que le escribiera a su tío para hacer las paces, y con ello las lechuzas lo dejarían en paz. Marwick no lo hizo, el remedio contravenía las categorías de pensamiento lógico-racional, y durante el resto de su estancia las lechuzas se presentaron cada noche para impedirle conciliar adecuadamente el sueño.

Berman se pregunta si en realidad Marwick no le escribió al tío por temor a que el remedio funcionara, pues en ese caso se habría venido abajo toda su visión del mundo y el paradigma científico que la estructuraba. Es doblemente paradójico que fuera un antropólogo estudiando la cultura de los cewa y se negara a probar un remedio proveniente de las creencias de dicha cultura, como si el estudio antropológico debiera fundamentarse en la premisa de estudiar las creencias a partir del marco conceptual preexistente, sin realmente conceder la posibilidad de que pudieran tener alguna validez real. Que prefiriera el insomnio a averiguar lo anterior le recuerda a Berman una famosa frase W. H. Auden: “Preferimos arruinarnos antes que cambiar”.

Esta viñeta ilustra de manera muy certera no únicamente las diferencias entre formas distintas de concebir las correspondencias del mundo, sino principalmente la cerrazón del paradigma dominante, el occidental, para siquiera considerar que pueda tener algo de validez una visión que no encaje dentro de las rígidas categorías que lo estructuran. Sin embargo, al igual que sucede con la imagen del insecto gigante que llama a la puerta tras haberse visto fortalecido por infinitas versiones de insecticidas que, en el proceso de exterminarlos, los vuelven más resistentes, podríamos preguntarnos si las lechuzas que no dejan dormir no están representadas por los desastres ambientales y climáticos que ya son noticia cotidiana, resultado directo de la vertiente tecnológica-utilitaria del mismo paradigma científico que se niega a considerar que lo invisible o lo intangible pueda tener alguna sustancia o importancia. Ello porque si el planeta y sus habitantes no son sino materias primas y mano de obra para ser puestos al servicio de un sistema desquiciado cuyo fin último es la hiperproducción, venta y acumulación de riqueza, lo extraño habría sido que en algún momento el planeta no diera señales de agotamiento y se manifestara mediante lechuzas climáticas y de otras especies, que funjan como advertencia-defensa de la explotación sin límite a la que es sometido. Pues por más primitivas que se consideren a las culturas premodernas, en todos los casos observaban una relación de armonía con el entorno natural, pues es incluso un sinsentido racional estructurar la sociedad de una forma en la que destruya el único hogar que tiene a la mano.

Y de manera sumamente similar a la de Marwick, se siguen eligiendo líderes con discursos violentos y negacionistas del desastre climático y ambiental. Así que en lugar de hacer caso a lo que tratan de comunicar las lechuzas, se incrementan las razones para que se manifiesten con mayor estrépito.


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Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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