Opinión
Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
  • Entre la carencia y la plenitud

    Su verdadero alcance está en recordarnos que el existir humano es deseo en perpetuo diferimiento, impulso hacia lo otro que nunca se agota.
  • La mentira necesaria que conocemos como verdad

    Hay quienes se ahogan en el mar de relatos que construyen para no enfrentarse con lo real: se inventan una biografía heroica, un amor inexistente, una plenitud que solo vive en su discurso.
  • Solo hacemos sentido a través del otro

    Decir que la vida adquiere sentido “gracias al otro” puede leerse, en clave lacaniana, de manera literal: no hay sujeto sin el Otro
  • ¿Te gustaría pasar a tomar un café?

    ¿Te gustaría pasar a tomar un café?
  • La bondad como insistencia en lo humano

    En un mundo donde lo eficiente, lo productivo y lo espectacular se imponen como criterios supremos, ser bueno no es una obviedad, sino una especie de insurrección silenciosa.
  • El fracaso del esteta Kierkegaardiano

    Kierkegaard lo llamó “la desesperación del esteta”: un estado de ánimo en el que nada llena, porque nada ha sido asumido con la seriedad que da el compromiso.
  • La risa en la grieta ontológica

    Porque allí, en el hueco donde no encajan nuestras piezas, florece la posibilidad de pensar de nuevo, de reír otra vez, de seguir caminando sin renunciar a tocar la tierra.
  • Deseamos y por eso llamamos bueno

    En resumen, no deseamos lo bueno, sino que hacemos bueno lo que deseamos, y este acto de refrendo subjetivo es uno de los hilos más finos y más invisibles, con los que tejemos la trama de nuestra vida moral.
  • Apología del Cambio como Catarsis Ontológica

    En última instancia, la catarsis que el cambio produce no es mera destrucción, sino transfiguración: un pasaje en el que lo viejo se disuelve para que algo más afinado con el presente emerja.