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SERIE DE BOSQUEJOS “ALTAR PARA JAVIER VALDEZ” / CAPÍTULO VII

Al cronista le dieron doce balazos saliendo de Ríodoce a las 12 del día. ESPECIAL
Al cronistale dieron doce balazos saliendo de Ríodoce a las 12 del día. ESPECIAL

Concluyen estos bosquejos iniciales sobre Javier Valdez con otra parte del testimonio de John Gibler.

Yo lo vi en febrero antes de que publicó la nota, ya muy citada, que precipitó varias amenazas y luego su asesinato. Estoy casi seguro de que la entrevista que le hice fue antes de las llamadas que él hizo para reportear esa nota, porque justo en esos días que yo estaba en Culiacán, esos grupos estaban matando otra vez.

Pero justo lo vi muy golpeado. Me dijo que se sentía muy frustrado, muy decepcionado, muy golpeado. Me dijo que estaba tomando antidepresivos, que pensaba ir a terapia, que no podía dormir, que tenía pesadillas, todo eso ya fuera de cámara.

Hicimos la entrevista otra vez en Los Arcos. Fue muy bondadoso con nosotros, nos dio una entrevista de media hora. La verdad es que estábamos grabando para una cápsula de cinco minutos, entonces tampoco lo íbamos a molestar con tres horas de entrevista.

Salimos luego él y yo nada más a caminar. Le regalé un libro que había publicado y él quiso regalarme su libro de narcoperiodistas, que tenía en la cajuela de su coche. Intercambiamos libros. Me acuerdo que estaba muy emocionado con sus dos hijos, me dijo que los dos estaban superbién, encontrando camino. Recuerdo la alegría que vi en su cara cuando hablaba de sus hijos, pero luego me dijo que él estaba mal, que se sentía muy mal y que eran tiempos muy difíciles.

Luego, como yo había reporteado para Al Jazeera un mini documental que hicimos sobre él, Javier me ubicaba como un reportero que trabaja, obviamente, de repente con Al Jazeera. Entonces me dijo, güey, tengo esta noticia, esta información de que pasó tal y tal con unos reporteros Al Jazeera, ¿me puedes ayudar a confirmarlo? Y le dije sí, compa, claro, voy a llamar a las personas que conozco y ahorita te marco. Llamé, confirmé la información, le mandé a Javier los contactos y me dijo, gracias vato.

Él siempre decía vato. Entonces yo empecé a decir vato por él. Siempre era vato hermoso y vato lindo y vato chulo. Así nos hablábamos. Yo le decía “ahí  te va vato bonito”, “Gracias vato chulo”, me respondió. Y fue lo último que me escribió o que nos escribimos. Eso fue en febrero.

Luego yo me fui en mayo a Europa, por primera vez, a hacer varias presentaciones de libros míos que se habían traducido al francés y uno, dos, que se estaban publicados en España. Durante esa gira de presentaciones del libro, cada noche me preguntaron ¿te han amenazado? Y esa pregunta yo la hice a Javier Valdez en el año 2010, sentado en Los Arcos, en Culiacán. Y la respuesta era tan brillante porque era una respuesta simultáneamente un regaño a mi pregunta pendeja y una manera de compartir conmigo una respuesta social, política, que valía la pena. Entonces, yo decidí, años después, ojalá menos pendejo, que yo simplemente para responder a la pregunta que me hacían a mí, iba a citar a Javier.

Esos días, cada noche que me preguntaron ¿y te han amenazado? Mi respuesta era: en el año 2010 yo hacía esa misma pregunta en Culiacán, Sinaloa, al reportero Javier Valdez, y Javier me dijo: aquí no hace falta que te lo digan, si tú creces, vives y públicas, aquí vives bajo la amenaza constante, que es una ciudad donde matan siete u ocho personas al día y nunca pasa nada porque hay una impunidad total y él justo decía, yo sí cumplo con la ley, yo publico las notas con mi nombre, mi apellido, mi coche está debidamente registrado y yo pago mis impuestos, en los registros civiles está toda mi información, cualquier persona puede encontrar mi domicilio con una foto de mis placas saliendo de mi oficina, porque yo firmo mis notas, entonces sería muy fácil estar esperando fuera de la casa, afuera de mi casa, cuando yo salgo a llevar a mis hijos a la escuela.

Que esa es la respuesta que él me dijo en 2010, entonces yo no solamente lo nombraba y lo citaba, cada noche, todo mayo. Entonces, cuando llega la noticia, me entero por el correo electrónico a la mañana siguiente, porque ese día yo presenté un libro, si no me acuerdo mal en Bilbao, y me llevaron a comer unos pinchos y luego a dormir en un hotelito. Y llegué muy noche y no tenía la clave de internet, pues me dormí sin ver internet. Yo no uso un celular con la capacidad de conectarse al internet, pues solamente laptop. Por eso no vi nada hasta que me levanté la mañana siguiente en España y tenía 30 correos y casi todos, pues el primero que vi fue un correo que decía como “no leas tus correos”, y yo entonces era como un golpe de ¿qué está pasando?, ¿a quién mataron? Y luego ya abrí como un correo y pues así me enteré de la noticia.

Y haciendo las cuentas, o sea, a las nueve de la noche en España, yo estaba citando a Javier Valdez y más o menos, en ese momento en Culiacán, lo estaban asesinando. Yo estaba muy mal, escribiendo a ustedes, a todos los amigos, preguntando cómo estaban. Estaba en shock, sacado de onda. Empezamos muy rápidamente a organizar como un evento en Barcelona y yo lo que hacía en los eventos que me tocaba todavía de presentar mis libros, dejé de hablar de mis libros y lo que hacía era pasar el documental que habíamos filmado de Ríodoce y de Javier, y pasar la entrevista y hablar, más bien, ya de eso. Así fue que me enteré. 

***

El asesinato de Javier fue un asesinato profesional y fue, obviamente, un asesinato por su trabajo. O sea, lo matan, si no me acuerdo mal, con doce balazos saliendo de Ríodoce a las doce del día. Entonces, también es otro de estos asesinatos teatrales donde me parece que el afán es instalar el terror. Y, de hecho, lo que yo me acuerdo sintiendo y escuchando, sobre todo a mis amigos y colegas reporteros y reporteras en México, es de que güey, pueden matar a quien quieran, o sea, nos pueden matar a todos. Javier era de los más queridos, los más publicados, los más premiados, los más visibles, los más experimentados, los más astutos periodistas del país y de su generación. Y matarlo a plena luz de día era un mensaje de que no hay reportero vivo que no podamos matar.


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Diego Enrique Osorno
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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