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In-sha-Allah en Saint Germain

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M+.- Saint Germain Pub atiborrado de 700 personas esperando ver con ansias gozosas, lidiando lo insano, la siguiente victoria de México en el Mundial, o la derrota de Inglaterra, ambas cosas que en París despiertan emoción. Pocas alegrías tan francesas como ver hundirse a la vieja isla del otro lado del Canal de la Mancha, aunque sea por noventa minutos.

Esta madrugada mundialista, y calurosa, es abrumadoramente mexicana. El Pub ya resulta insuficiente. A pocos metros, ipso facto, otro garito ha improvisado como sede nacional alterna. Hordas mexicanas que deambulan lo asaltan con más confianza que temor de lo que sucederá en la cancha. Hay preocupación ya de Haaland, no tanto de Bellingham, en las conversas.

Apretujados en la pantalla de la barra han coincidido sin planearlo, entre muchos otros mexicanos errantes, un joven sonorense recién graduado con nombre de poeta guerrillero, una productora de cine chilango-neoyorquina, un técnico chiapaneco especializado en jardines y un guía de turistas de Cancún.

La tormenta eléctrica del Azteca (o como se llame ahora el Azteca) ha provocado que el partido inicie a la mera hora del diablo parisina. En ese lapso llega la noticia hasta acá de que el nombre justo de Samir Flores ha sido invocado en la previa del partido, al ser avistado por ahí el poco honorable exgobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco.

El partido arranca y la contienda no es reñida porque México domina. Todas las miradas convergen atónitas en la pantalla que los asoma con fervor a una cancha lejana. Pero el ambiente colapsa de repente con dos relámpagos ingleses que rompen la madrugada mexicana.

No hay silencio, aunque sí zozobra ante un destello y otro. Unas chicas de la CdMx organizan la ola que surca el bar y mar alicaído; sin embargo, encabronado, otro mexicano de Guadalajara saca su ingenio y testosterona para organizar una porra anti-inglesa que da pena reproducir por aquí.

Ante la situación crítica, los meseros marroquíes del lugar dejan de trabajar y se suman a la angustia nacional. Uno se sube a una silla y, desde ahí, con decisión de director de orquesta, coordina una porra: In-sha-allah, In-sha-allah.

El garito la grita con convicción y en eso cae el esperado gol mexicano. De ahí en adelante no deja de oírse la oración árabe que remite a la esperanza en dios y que se repite con fervor para que caigan más goles.

El marroquí sigue arriba de su silla dirigiendo la misión imposible que ahora parece posible. Desde ahí saca su celular, lo pone en modo selfi e inicia un live diciendo divertido a sus redes que está convirtiendo a muchos mexicanos al islam.

La renovada fe mexicana no alcanza. Inglaterra se impone. El garito se vacía con tristeza oceánica. La madrugada se pone aún más densa y el amanecer se extravía en la ínsula mexicana parisina donde de repente suena con crueldad Ob-la-di, Ob-la-dá. 


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Diego Enrique Osorno
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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