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SERIE DE BOSQUEJOS “ALTAR PARA JAVIER VALDEZ” / CAPÍTULO VI

Altar. Especial
Altar. Especial

John Gibler sigue dando su testimonio para el documental aún en working progress: parte de mi trabajo como reportero en ese mundo del narcotráfico ha sido el de mostrar cómo en cualquier organización o empresa del narcotráfico siempre hay elementos, individuos o grupos enteros del Estado. Desde policías locales, estatales, federales, ejército, marina, diputados, políticos, jueces y demás.

No se puede hablar de cárteles como cosas totalmente distintas, independientes o separadas del Estado. A mí eso me parece uno de los errores más graves que se puede cometer y que se sigue cometiendo para entender lo que está pasando.

Con esa como nota de pie de página sobre el término “cárteles”, Javier Valdez escribía mucho sobre “los grupos” —para usar mi lenguaje, no el de Javier—, del narcotráfico que vivían y operaban y trabajaban y comían y festejaban en Culiacán y, de cierta manera, a plena luz de día, no era una cosa escondida dónde vivían.

Me acuerdo de una noche que me llevaban a las 2 de la mañana y me mostraron una colonia: ‘No, mira, aquí vive tal, mira, este es el club donde está tal… no digas nada, no bajes tu vidrio, pero estos grupos que están ahí parados, estos son tales, y así’.

Todo estaba a la vista y si tú vives, creces, trabajas ahí, tienes los ojos abiertos y además eres reportero, pues sabes cómo está todo. Ellos, como me decían, saben cómo masca la iguana, entonces, escribían mucho de eso.

Buscaban presentarlo de una forma, no como telenovela, pero como información necesaria para entender el mundo y la ciudad en la que estaban viviendo. Me acuerdo que cuando yo llegué en el 2010, estaba bajando apenas lo que era la gran ruptura entre diferentes facciones del llamado Cártel de Sinaloa. Justo el grupo de los Beltrán Leyva con el de El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada.

En la entrevista que le hice a Javier le preguntaba si me podía explicar qué es lo que pasó, o qué estaba sucediendo. Me acuerdo mucho que la metáfora que me dijo era: ‘mira, todos ellos eran cuates, amigos, compadres de muchísimos años, hasta que sucede la ruptura. Imagínate que hay una guerra en una gran casa y que desde la cocina disparan a la sala y desde el baño ya tienen una barricada y disparan hasta la entrada. O sea, y tú andas en medio queriendo ir al microondas para poner tu pizza a calentar y las balas están atravesando toda la casa’.

Ellos buscaban siempre cómo entender eso y explicarlo de una forma útil para la sociedad. En cuanto a la manera en que Javier reporteaba era muy obvio que él trabajaba mucho con fuentes de todos los aspectos de esa economía, de esas empresas, y se llevaba me parece que muy bien con mucha gente.

Me tocó ver que un… ya no me acuerdo si un policía o un procurador… que le marcó a su celular para decirle algo y cuando vio el nombre de contacto contestó y le dijo: “culito, te amo”. Y ahí se quedaron cotorreando, echando bromas como medio minuto y luego le pasa una información. Sabes que en la carretera tal sucedió tal. Ah, gracias, carnal. Y ¡pum!, tenía la información.

Como lector de Javier, sé que él debe haber tenido muchas llamadas y muchas reuniones con personas pues, para decirlo así, muy pesadas. Y, obviamente, de eso yo nunca le pregunté nada, porque me parecía simplemente mala onda que yo llegara de afuera y dijera, a ver compa, llévame con el Cártel de Sinaloa o pásame tu contacto de la policía que trabaja para ambos lados o qué sé yo.

Decidí enfocar mis trabajos en otra dirección. Pero él conocía a personas en ese mundo y deben de haberle tenido mucha confianza para contarle muchas cosas para sus libros. Creo que en su segundo libro, que fue uno de mis favoritos de él, justo porque la escritura era tan emocionante, que lo escribía con tanto fervor y también rigor, fue Miss Narco, donde justamente buscaba romper varios mitos machistas sobre ese mundo, tal vez sin darse cuenta, como todos lo hacemos, reproduciendo otros mitos machistas.

Pero una experiencia que me marcó mucho sobre cómo reporteaba Javier, fue cuando lo volví a Culiacán, un año después, en el 2011, con un amigo camarógrafo para hacer un mini documental-perfil de Ríodoce y de Javier, y de Pepis, el gran fotógrafo de nota roja de Culiacán y el gran reportero también, Ernesto Martínez, quien en ese momento trabajaba para Primera hora, creo.

Lo que nosotros hicimos era acompañar a Ríodoce en toda una semana, desde la primera junta de la semana, de presentar temas y discutir temas, y toda la semana de reportear diferentes historias. Me acuerdo que Javier llegó a esa junta que muy amablemente nos dejaron grabar, y está en el trabajo que hicimos. Él llega diciendo que supo de una mujer que a su hijo se lo llevaron de la puerta a su casa y que no lo ha vuelto a ver y lo ha estado buscando, y que luego la llamaron desde la municipalidad para decirle que ya tenían el cuerpo, y que ella se fue a identificar el cuerpo y que no era su hijo y que los policías querían obligarla a reconocerlo como su hijo y ella se negaba, porque decía que no era su hijo.

“Yo quiero reportear eso”, dijo Javier. Y sí, pues hizo varias llamadas y tal, y el día que iba a entrevistar a la mujer, nos permitió acompañarlo y grabamos esa entrevista. Por eso tengo muy presente, porque lo vimos y me acuerdo de cómo estamos sentados en el patio de una casa muy humilde de una familia trabajadora, que también se nota el esfuerzo de supervivencia; que tienen sus gallinas ahí también para comer y la compañera que estaba contestando las preguntas entre el ruido de las gallinas en el patio de su casa y tenía una foto de su hijo en sus brazos.

Y, en algún momento, Javier pidió ver la foto más de cerca, entonces se la pasó la foto, y está viendo y Javier dijo: parece que tiene los ojos llorosos, oiga. Y la mujer sale así como, jala aire, agarra fuerza y cuenta una historia, dice: ‘sí, es porque ese día fue su graduación de la secundaria y ese día pensábamos que no teníamos dinero para que pudiera seguir estudiando en la prepa, y él estaba muy triste porque se estaba graduando y él quería seguir estudiando y sabía que no iba a poder, porque no teníamos dinero para que siguiera estudiando y por eso estaba llorando. Pero luego sí sacamos el dinero y él siguió la prepa, pero ese día estaba muy triste’.

Para mí esa historia retrata todo el mundo de Sinaloa y la manera en que lo veía Javier siempre. Y él vio algo que yo la verdad no me había fijado en ese detalle de la foto, y pidió ver la foto de una manera muy suave, muy dulce, dando a la compañera la posibilidad de sólo decir sí y no decir más, pero abriendo ese espacio, la compañera contó esa historia que abrió otra dimensión. 

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Diego Enrique Osorno
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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