Por su costumbre de no viajar al extranjero, Andrés Manuel López Obrador se dio cuenta tarde que el reconocimiento que no consigue en México lo puede acopiar al sur de nuestras fronteras.
Mientras que en México 30 millones de ciudadanos votaron por él esperanzados de que les mejoraría su calidad de vida, su economía personal, los servicios de salud, la seguridad pública, atraería mejores empleos y, sobre todo, acabaría con la corrupción, nuestros hermanos del sur no le exigieron nada.
Así consiguió el máximo poder posible en México y reinstauró la presidencia imperial con un gabinete ornamental, un Congreso sumiso, un Poder Judicial sometido y con dinero en caja. ¿Qué podía salir mal?
Sin embargo, a casi cuatro años de gestión todo lo esperado de él sigue en el mismo estado, pero con la diferencia de que aquella esperanza la guardan muchas menos personas que en 2018.
Sabemos –porque se nota– que lo que López busca –y le gusta– es el halago fácil, que le rindan pleitesía sin cuestionamientos y eso está consiguiendo en su gira por Centroamérica.
Ellos no le pueden reclamar que les da poco o que les ofrezca programas probadamente inservibles y, al mismo tiempo, recarga su alforja egocentrista y –de pasadita– aparenta atender la exigencia estadounidense de contener la migración ilegal.
Claro que al montaje de fraternidad latinoamericana lo desnuda la realidad mexicana: afiliará guatemaltecos a un sistema de Salud sin medicamentos y sin cobertura universal; les ayudará a reforestar cuando impulsa un deterioro ambiental brutal con el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas, y dice que evitará la migración de Centroamericanos cuando mexicanos pobres y cada vez más de clase media huyen –literalmente– a Estados Unidos y Canadá en busca de seguridad y una vida digna.
Y Servicio Social: Solicito tu ayuda para localizar la autorización previa del Senado de México para que López Obrador pudiera aceptar y portar la Condecoración de la Orden del Quetzal que recibió hace un par de días del Presidente guatemalteco. No la encuentro y no creo –ajá– que se haya atrevido a traicionar a la patria aceptando una condecoración de un gobierno extranjero así nomás.
Celso Mariñocelso03@icloud.com