Un mes antes del operativo federal en Tapalpa, Jalisco, que acabaría con su vida, Nemesio Oseguera Cervantes, 'El Mencho', el criminal más importante del mundo, vivió a salto de mata, enfermo y nervioso, seguro de que cada movimiento era monitoreado por agencias de seguridad de Estados Unidos en comunicación constante con el gobierno de México.
La agencia antidrogas de Estados Unidos, la DEA, lo había ubicado en las cercanías de la Laguna de Sayula, un cuerpo de agua protegido por montañas que se elevan hasta mil 350 metros sobre el nivel del mar. Las alturas y precipicios, pensaron sus escoltas, harían imposible un operativo para detenerlo. A pesar de ello, 'El Mencho' vivía inquieto, rotando escoltas, cambiando de residencia cada dos días, con disfraces que incluían el de un inofensivo anciano en silla de ruedas.
La DEA tenía intervenidos los teléfonos de sus principales operadores y, por eso, sabía del nerviosismo del 'Mencho'. Un estado ansioso que agravaba sus problemas de riñón e hígado. A los 59 años tenía la salud hecha trizas, en parte por cirugías realizadas en improvisados hospitales. Comía mal, dormía peor. Sus horas de sueño estaban fragmentadas en viajes hechos de madrugada de un escondite a otro.
Quien lo hubiera visto en enero, cuentan mis fuentes, jamás se habría imaginado que estaba frente a un hombre con una fortuna calculada en más de mil millones de dólares, según el agente de la DEA Kyle Mori, encargado de su cacería: el gobierno de Estados Unidos lo señalaba de poseer cientos de casas repartidas por el mundo y decenas de ellas eran lujosos acomodamientos a la orilla del Pacífico mexicano. 'El Mencho' tenía inversiones en marcas de tequila, hoteles, restaurantes, criptomonedas, lingotes de oro, relojes de lujo y hasta una colección de tigres de Bengala.
Como director ejecutivo de la megaempresa criminal Cártel Jalisco Nueva Generación, 'El Mencho' tenía prestanombres, voceros y gerentes en más de 60 países del mundo, desde Sudáfrica hasta Nueva Zelanda; presencia en los 50 estados de la Unión Americana; y dominio en las 32 entidades federativas de México. Si el CJNG hubiera sido una industria legal, y él un CEO, sus ganancias rivalizarían con las de Apple o Amazon.
A pesar de ello, 'El Mencho' tenía una vida similar de campesino pobre, sólo que con camioneta blindada y armamento de última generación. No podía viajar en avión, comer en un restaurante, asistir a un concierto o pasearse por la playa. En cambio, sus últimos días los vivió yendo de choza en choza, caminando por veredas con mosquitos, enlodado hasta las espinillas, durmiendo con un ojo abierto, consumido por los dolores de una insuficiencia renal que no podía atender en un hospital privado, sino en clínicas que él mismo mandaba a construir y que no contaban con el equipo necesario.
'El Mencho' había vuelto a su origen: 14 años después de su nacimiento en Aguililla (17 de junio de 1966), caminaba por el campo supervisando cultivos de marihuana en Tierra Caliente siendo un adolescente que soñaba con una vida en la ciudad, a todo lujo, disfrutando de las comodidades que vienen con el dinero. Y habiendo logrado tanto dinero y tanto poder, ahora como adulto se encontraba en la misma situación de la que había querido escapar siendo niño: seguía moviéndose en zonas rurales, empobrecidas, viajando de casucha en casucha, escapando de las fuerzas federales.
A pesar de todo, el narcotraficante más buscado parecía moverse con una certeza: nadie lo atraparía, al menos, antes de la Copa del Mundo. Tenía la seguridad de que se le dejaría en paz como parte de un acuerdo tácito para no incendiar Guadalajara, sede mundialista, mientras los ojos del mundo estarían en México. Eso, creyó, le daría tiempo para reforzar su estrategia de cuidados.
Pero su fin llegó antes del tiempo previsto. 'El Mencho' bajó la guardia en Tapalpa. Se despojó de la mayoría de su aparato de seguridad y se quedó con unos pocos hombres para bajar su perfil por ese municipio en la Región Lagunas. Un descuido que aprovechó el gobierno mexicano para desatar un operativo que se alimentó de datos provistos por la DEA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
'El Mencho', sorprendido, dio batalla. Lo mismo sus escoltas. Pero nada pudieron hacer frente a unas fuerzas federales de élite que lo tenían ubicado desde hace meses y se habían entrenado para cualquier incidente. Nemesio Oseguera Cervantes fue herido a balazos y trasladado por aire hacia un hospital en la Ciudad de México. En el trayecto, su frágil organismo cedió ante las balas y expiró. Murió en el aire.
Su abatimiento no es el del narcotraficante más grande de México. Es la caída del criminal más poderoso del mundo. Un rey del crimen organizado que vivió sus últimas horas como plebeyo, incapaz de disfrutar la fortuna que amasó con el sufrimiento ajeno.