Política

Andy: una calamidad real

  • Columna de Bruce Swansey
  • Andy: una calamidad real
  • Bruce Swansey

A las 8 por la mañana del 19 de febrero un vehículo de la policía se estacionó frente a Wood Farm, la casa que habita Andrew Mountbatten-Windsor en Sandringham, una heredad real de 8,100 hectáreas en Norfolk, parte de las propiedades y palacios de la familia real inglesa.

Como era su cumpleaños, para no dejarlo solo, la policía decidió visitarlo y darle hospitalidad 11 horas. Desde Carlos I en 1647, Andy es el segundo miembro de la realeza aprehendido como cualquier ciudadano de a pie. Desde la abdicación de Eduardo VIII en 1936 y la muerte en 1997 de Diana, princesa de Gales, la familia real no había estado sujeta a tal escrutinio. Los 132.1 millones de libras anuales que cuesta mantenerla agravian al ciudadano especialmente en momentos tormentosos cuando las cámaras congelan a los Windsor bajo una luz lívida que revela las irregularidades de una superficie que sólo desde lejos es tersa. La famosa imagen de Andy en el Land Rover con interiores en piel blanca lo dice todo: pánico.

Era esperable. Cuando en 2011 el príncipe Andrés fue nombrado representante comercial del Reino Unido, siendo príncipe de Gales su hermano mayor dudó que fuera el indicado para desempeñarse en ese puesto. Para establecer una red empresarial hace falta más que conocer o ser conocido, cautela profesional y una relación estrecha con el gobierno. Y mucho juicio.

Según el entonces príncipe de Gales, Andrew sería incapaz de separar su estilo de su trabajo, pleasure from business. Nadie lo escuchó y además el nombramiento ocuparía al duque de York quien desde su retiro del Almirantazgo se aburría. Mamá estaba contenta y Andy podía seguir su vida promoviendo el reino en sitios remotos. En esto la familia no erraba: había que desaparecerlo. Durante ese tiempo el duque de York viajó infatigablemente a beneficio del círculo del que formaba parte instrumental. Se dice que su mujer pedía cantidades sustanciales para conocerlo. Lo curioso es que tanto los laboristas como los conservadores lo hayan sostenido. Todos lo detestaban, pero lo conservaron porque destituirlo habría incomodado a la reina.

Nadie ha lamentado su caída esperada hace años. Ni siquiera quienes esperaban ventajas a cambio de comprarle su casa en Sunninghill Park por 15 millones de libras, tres millones por encima de la valuación. Cosas de la vida. Cacahuates.

Pero a las ocho de la mañana de un largo y húmedo invierno en el que llueve bíblicamente hace 60 días, Andy se encuentra aturdido. Es increíble que se atrevan a separarlo de sus 72 ositos de peluche para llevárselo a la comisaría. Ya no hay temor de Dios.

En su empleo protocolario como promotor empresarial, Andy no tenía un salario. A cambio de su trabajo el duque de York viajaba representando al Reino Unido. Sucedía que a veces Andy presidiera a los primeros ministros en una gira de tal forma que llegara Cameron dos días después. Entre los negocios del duque y los intereses del país había una fluidez que habría pulverizado a cualquier político que no fuera el factor naranja. Pero Andy no lo era.

Su vida comenzó como cuento de hadas y se precipita ante el escarnio público en una imagen que ha recorrido el mundo: Andy encogido para evitar a los paparazzi. Es algo. Más de lo que no sucede en el epicentro del affaire donde los conocidos van frescos, donde no hay nada que temer.

Las reverberaciones del affaire Epstein se han sentido más en Europa que en Estados Unidos. Lord Mandelson ha sido quizá el primero en poner pies en polvorosa, también acusado de conducta inapropiada siendo servidor público. Su nombramiento y posterior despido cuestionan el criterio de Sir Keir Starmer, a quien debía haber sido nombrado embajador del reino a Washington, después despedido y detenido por la justicia la tarde del 23 de febrero.

Para Andy es inconcebible encontrarse atrapado en el centro de un escándalo que sintetiza los excesos asociados con la élite. La telaraña es extensa e involucra a políticos, financieros, “socialités”, celebridades, artistas e intelectuales. Pobre Noam, quien se pasó una vida académica ganándose la reputación de intelectual crítico. Su mujer dice que ignoraban el trasfondo, Epstein era un conocido. Nada más. Lo mismo dicen todos. Era sólo un conocido.

Algunas amistades estaban más involucradas que otras. Iban de vacaciones juntos, otras pasaban días en su mansión de Florida y en su palacete neoyorquino. Caminaban lado a lado en el parque en otoño. Iban de cacería juntos, unidos por el lazo de su gusto por los placeres misteriosos.

Por ejemplo, Andy. El ex príncipe lo consideraba más que un amigo, un familiar. Para su mujer era el hermano que siempre quiso tener. Era quien solventaba sus deudas, como lo confirma un depósito a su favor en 2001 por 150 mil dólares. La ex duquesa de York es una máquina para incendiar fortunas y lleva viviendo de préstamo en préstamo más años de los que le restan, lo cual es inconveniente. Los negocios y las caridades asociadas con la ex duquesa han desaparecido.

Para colmo ha debido retirarse a Sandringham, una especie de hospicio. Optimista incurable, la ex duquesa cree que algo los salvará, que la familia no los abandonará. Los diamantes de rigor y la cabellera recogida en torno de una caja craneana notable. Con los años su cabello es más rojo, un manojo en llamas encrespado y quebradizo. Pero Su Majestad ha declarado su apoyo a la ley. Cualquier intento de proteger a su hermanito cuestionaría la existencia de la monarquía.

El affaire no desaparece. Al contrario. Parte del archivo Epstein, que como candidato Trump exigió abrir pero que ahora lo agobia, es un tema, dice, que ya pasó, pero que al contrario, ha cobrado una magnitud diabólica. Lord Peter Mandelson ha sido arrestado, Morgan MacSweeney, el hombre de confianza de Starmer, ha caído y hay el peligro de que el asunto arrastre a más de un conocido a la cárcel.

La lista es copiosa y comienza con Donald Trump, pero también está el príncipe Mohammed Bin Salman (de siniestra memoria por su aquiescencia para asesinar y destazar al periodista Jamal Khashoggi en la embajada saudí en Estambul), Bill Clinton que ya gozaba fama de travieso, Richard Branson que esperaba en su isla a Epstein siempre y cuando llegara con su harem de púberes canéforas, Woody Allen que debería hacer una película sobre el tema y Elon Musk. Hay otros, pero con Noam Chomsky son los famosos quienes forman parte de la élite que los miembros de la élite denuncian. Hay que defender la libertad, opinan, pero al servicio del poder. Porque la clase de la élite, la clase Epstein, defiende los valores del liberalismo pero distorsionándolos al servicio de una sociedad jerárquica y autoritaria.

Pero volvamos a Andy. Es un desgraciado. No siempre lo fue y por eso su caída es ejemplar: nadie está por encima de la ley. Pero Andy fue el consentido de Isabel II, la niña de sus ojos, acaso quien le parecía, muy al principio, un heredero del que sentirse feliz y orgullosa. Era un chico con la arrogancia acumulada desde Athelstan, de acuerdo con la leyenda el primer rey de Inglaterra. Su servicio en la marina durante la guerra de las Malvinas le dio popularidad. El escándalo que envuelve a la familia puede ser tan riesgoso como lo es para el futuro del actual gabinete. ¿Quiénes sabían qué y desde hace cuánto tiempo?

Andy fue arrestado por pasar a su conocido Epstein información que obtenía como enviado para establecer acuerdos y negocios favorables al reino.

Desde 2019 Andy estaba muerto. Su entrevista con Emily Maitlis disparó el tiro de gracia de un hombre que mostraba sin pudor ni arrepentimiento su arrogancia y una estupidez que con los años se volvió dos estupideces. Andy no valía más que la glándula sudorípara que no le funcionaba porque según él, para demostrar que Virginia Giuffre decía mentiras, él nunca sudaba. Esa foto con la chica de 17 años era falsa, dijo Andy, añadiendo que ni siquiera la conocía no obstante los 12 millones de dólares que le costó detener la demanda por estupro cuando Virginia era menor de edad.

Andy encarna una lección que ojalá aprendan los criminales de la machosfera. Pero lo auténticamente ejemplar son las víctimas que en recuerdo de Virginia Giuffre, quien se quitó la vida en 2025, han luchado por la justicia que merecen. En cada país, todos los días, mueren mujeres impunemente. Giuffre echó a andar una lucha que deja tras de sí una herencia que es fundamental conservar. Su victimización y su muerte no fueron en vano.

Andy no fue arrestado ni se encuentra siendo investigado por ser un depredador de menores. Las autoridades aclararon que su detención obedece a haber transmitido información secreta a su amigo Epstein, cuya fortuna dependía de la información oportuna. En una palabra, traición. Su arresto decidirá el futuro de la monarquía que en estos tiempos ya no responde exclusivamente a Dios, sino a las cortes de Su Majestad y a los causahabientes que con mayor frecuencia cuestionan el uso de sus impuestos. Andy por fin hablará y es probable que lo haga como puerco camino del matadero, entre gritos y sollozos. Y puede ser que haya conocidos preocupados porque Andy, aunque privado de las cintas de sus zapatos y de la corbata, siga los pasos de su amigo Epstein. ¿Aguantará su peso la ducha?


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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