• Regístrate
Estás leyendo: Queridos Reyes Magos:
Comparte esta noticia
Viernes , 19.04.2019 / 15:50 Hoy

El ornitorrinco

Queridos Reyes Magos:

Bárbara Hoyo

Publicidad
Publicidad

Después de veintiún años, vengo a contarles qué ha sido de mí. Sigo buscando lo mismo desde la última vez que les escribí: creer.

Durante estos años comprobé, entre otras cosas, que el amor propio está sobrevalorado y el amor en pareja no siempre es suficiente. Conocí personas tan interesantes que no les entendí. Me fui infiel y me pedí perdón. Me perdoné cuando me sentí tan sola que no tuve más remedio que acompañarme. No hice ejercicio ni comí suficientes frutas y verduras. Dejé muchos libros a la mitad. Adquirí dos perros que me domesticaron antes que yo a ellos.

Descubrí el amor por el café recién hecho. Borré más de lo que escribí. Sigo usando los dedos para sumar. Me convertí en una de esas personas que piensan que lo mejor de salir de casa es regresar. No tomé dos litros de agua al día y en mi alacena nunca hubo All Bran. Tampoco me mantuve en mi peso: será porque cuando estoy feliz como más. Mucho menos fui a misa, pero me confieso escribiendo, aunque tengo el presentimiento que los sacerdotes no me leen. Supongo que aún no obtengo el perdón divino. Me reí de mis desgracias. Lucré con el dolor. Dije lo que quise. Y lo leyeron. Lo peor: lo compartieron.

No me negué las explicaciones pero cuando me las di muy largas me quedé dormida. Duermo menos que antes. Me amanece más temprano, me oscurece más temprano. Adquirí responsabilidades. Pago luz, agua y renta. Todavía no aprendo a cocinar. Me junto con las personas correctas.

Desde hace más de diez años siento que lo pierdo todo, pero al mismo tiempo lo gano: no sé ganar sin perder. Aprendí, también, que la vida se trata de sumas, no sólo de restas. Perdí un poco la capacidad de sorpresa. Abrí un blog, una cuenta en Twitter, he escrito en tres periódicos y sigo pensando que no he dicho lo suficiente, que ni siquiera he comenzado a hablar (si fuera psicoanalista en este instante me mandaría al diván).

He llegado a la edad en la que me atrevo a aconsejar a mis padres. A escuchar más de lo que hablo. Y quisiera callar más de lo escucho, aunque parezca imposible.

En fin, creo que me ha ido bien. Gracias a ustedes aprendí que ilusionarse y desilusionarse sólo tienen sentido si existen juntos. Aprendí, también, que creer en alguien o en algo es más reconfortante que cuestionarlo. Y, lo mejor de todo, entendí que uno se convierte en cobija cuando abraza.

Queridos Reyes Magos: no sé cómo decirle a los demás que ustedes sí existen.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.