• Regístrate
Estás leyendo: Amigos Godínez
Comparte esta noticia
Sábado , 20.04.2019 / 18:18 Hoy

El ornitorrinco

Amigos Godínez

Bárbara Hoyo

Publicidad
Publicidad

Poco se habla de las bondades de tener un trabajo de oficina. Los Godínez, como se nos dice a todos los empleados que seguimos ciertas reglas, horarios y rituales, tenemos algo a nuestro favor y no es precisamente la posibilidad de afiliación a un sindicato o las prestaciones, sino lo que sucede dentro del mismo espacio físico, pero que no forma parte –exclusivamente- de los asuntos laborales. ¿De qué hablo? Del momento en el que la rutina y la química convierten a un compañero/a de trabajo en una amistad. En mi experiencia como Godínez he aprendido que compartir más de cuarenta horas a la semana con personas desconocidas es una oportunidad para que el tedio que provoca estar sentado frente a una computadora, puede compensarse y convertirse en algo divertido y, con el tiempo, entrañable si se abandona ese ritmo de convivencia diaria por una u otra razón.

En la vida adulta es más difícil equilibrar nuestro tiempo. Debemos invertirlo, por una parte, en el trabajo; y, por otra, con la familia y amigos. Por lo menos a mí no me queda mucha vida además de mi casa y la oficina. Para quedar con mis amigas y amigos más cercanos (y más antiguos) debemos sincronizar con mucha anticipación nuestras agendas y ponernos al tanto con breves resúmenes de lo que hemos vivido. Esa es la diferencia y la ventaja que tienen las amistades que se forjan en la oficina: una rutina compartida, junto con un montón de frustraciones y alegrías, ya sea por un proyecto en común, por el ambiente laboral o porque cada lunes somos testigos mutuos del trabajo que nos cuesta arrancar la semana. Es decir: situaciones que solo entenderíamos entre nosotros, cómplices de las actividades cotidianas.

En la oficina vemos los peores y mejores momentos de alguien, ahí todo mundo saca el cobre. Conocer a las personas en su espacio laboral facilita el proceso. Y, de pronto, podemos darnos el lujo de mezclar lo laboral con lo personal y, al mismo tiempo, aprender a separarlo. Porque –y esto lo digo muy convencida- cuando uno se encuentra con alguien con quien puede conversar, trabajar y hasta discutir, lo más inteligente es mantenerlo cerca. El asunto laboral nos pone a prueba de diversas formas y nos acerca de una manera muy particular.

Nada nos garantiza que estemos en la misma oficina y podamos compartir el primer y último café del día por mucho tiempo. Lo único que sí nos podemos garantizar es lo que pasa después, afuera. Así que hoy aprovecho esta columna para despedirme de algunos amigos que ya no veré todos los días, pero que ya son parte de mi vida. Ahora, lo que sigue será sincronizar nuestras agendas. Esa es, sin duda, una enorme bondad del mundo godín.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.