Decenas de veces adaptada, adulterada y dulcificada, “Cumbres Borrascosas” de Emily Bronte fue publicada en 1847. Desde su primera edición provocó fanatismos y odios, con el tiempo la sociedad le dio la espalda a las pasiones, buscando la comodidad de la cobardía, en las adaptaciones decidieron mutilar una novela gótica y salvaje, como esas cumbres poseídas por la fuerza prepotente de la naturaleza y hacer una historia rosa.
El amor entre Catherine y Heathcliff inicia en la niñez, él es un huérfano adoptado por el padre de Catherine para explotarlo, muy de la época en que la niñez se percibía como un estado parásito. El amor que nace en la inocencia entre la agreste naturaleza y la injusticia sedujo a la sociedad. El resto de la historia la escandalizó: violencia intrafamiliar, incesto, fantasmas, alcoholismo, venganza y la irrenunciable decisión de que la muerte une a la pareja eternamente.
Existen varias versiones cinematográficas, en México las tenemos en telenovelas, culebrones de 200 capítulos de lagrimeo de pestañas postizas y pelucas, dentro de la moral del horario familiar. Emily Bronte creó un canon y su perfección ha sido su condena. Es un universo cerrado, dos familias, en medio del campo británico, el clima como gran personaje, es el dios Cronos que marca la evolución del tiempo. No hay escapatoria, están atados a esa tierra, Heathcliff se va y regresa años después para vengarse.
La última versión en cine dirigida por Emarald Fennel (2026) es, hasta ahora, la peor de todas. La obra maestra de Emily Bronte queda reducida a cine calenturiento serie B. En la corriente de la corrección política mutila todos los aspectos incómodos, y consuma el amor imposible con erotismo de publicidad de lencería. Desaparecen los fantasmas que simbolizan la cadena perpetua de un amor imposible. No existe la demencia que domina a Catherine y su familia, como las ráfagas de viento helado que arrancan los árboles. Emily Bronte siglo y medio antes fue más valiente en su literatura que Fennel en su película.
En la sociedad actual, lo que se refleja en la novela de Bronte sigue existiendo y peor. En la industria del entretenimiento vemos todo tipo de violencia, despojar a la novela de la tragedia, de la profundidad psicológica de los personajes, de ese ambiente claustrofóbico, la redujo a la mediocre capacidad de la directora. Hay miles de novelas, con la IA escriben historias en 15 minutos, ¿para qué toman una obra maestra y la pasan por la trituradora del marketing?
La película es un injerto entre Barbie y María Antonieta de Coppola, con vestidos largos de crinolina, mesas retacadas de dulces y pasteles. Es un largo video clip tan repetitivo que es inexplicable que los personajes no se cansen de sí mismos y del supuesto amor que los domina. Más que morir de amor se deberían morir de tedio, está tan endulzada que verla engorda más que comerse una cubeta de palomitas con refrescos incluidos.