Cultura

La niña en el altar y Edith

La tragedia no muere, es un hilo continuo que ata a la naturaleza humana. Son más de 2000 años y la venganza de Clitemnestra sigue insaciable, miles de mujeres y niñas son sacrificadas cada día ante la indiferencia del poder. La niña en el Altar es la reescritura de la tragedia de Esquilo, por la dramaturga Marina Carr. La poesía sigue intacta, la tragedia es capaz de dimensionar el dolor en la pureza y la brutalidad de la palabra. Agamenón sacrifica a su hija Ifigenia buscando el favor de los dioses para ganar la guerra. Clitemnestra es la impotente testigo del crimen de su esposo.

Marina Carr con este sacrificio desgarra el velo del mito para entrar en las noticias de asesinatos, las encuestas y el olvido. La excelente puesta en escena de Enrique Singer en un limbo oscuro de escaleras que suben a las habitaciones del poder y descienden al infierno de las cárceles, el harem de las mujeres desechadas que esperan la muerte. Odio, resentimiento, desamor, las batallas ganadas, el botín conquistado, los pueblos aniquilados no compensan la soberbia de Agamenón humillado por el rechazo de su reina, de Clitemnestra que ha esperado años para despreciarlo.

La descripción de ese harem que sepulta en vida a las mujeres utilizadas para fornicar y lanzadas como basura, convertidas en bestias inhumanas por el hambre y la promiscuidad, en voz de Emma Dib es uno de los momentos más brillantes de la obra. Agamenón, corpulento, líder, obligado a no mostrar arrepentimiento, ruega a su esposa, es el lujo de la actuación de Alberto Estrella, que en muchos momentos renuncia a la dicción por la emoción, y los espectadores pagamos el desvarío. Clitemnestra es más reina en la prisión que en sus aposentos reales, Marina de Tavira en esas líneas llega a la profundidad del drama.

La niña en el altar demuestra que no es necesario hacer teatro político panfletario para denunciar la injusticia, y más aún tratándose de una patología social. La tragedia grecolatina y las obras que se derivan de ella, se hacen eternas porque llegan a la esencia de la naturaleza humana. La escenografía y el vestuario son elegantes, y esto es fundamental, hay obras que naufragan por decisiones estéticas que van en sentido opuesto al drama. La musicalización tiene el nivel de las emociones que se gestan en esas paredes invisibles.

En este país vivimos la negligencia cómplice que las autoridades disfrazan con burocracia. Edith Guadalupe fue sacrificada en el altar de un sistema de justicia que no mira su sangre, de una sociedad que nos considera prescindibles, que tolera a la misoginia y la violencia como “idiosincrasia”. La trama, el texto luminoso nos hace desear la muerte de Agamenón, a esperar que Clitemnestra tome la espada y cumpla la misión que el destino le ha designado. Ganar una guerra no justifica la muerte de una niña. Vengarla sí justifica la muerte de un rey.


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Avelina Lésper
  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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