Entre menos esfuerzo intelectual realizan para recordar algo son más perezosos mentales, es decir, son más modernos.
La memoria está en desuso en esta época, el olvido es un requisito, los cerebros ya no cargan con los recuerdos y la elemental información que se requiere para funcionar como un ser pensante.
Las personas ya no se saben de memoria el número de su teléfono móvil, se hacen los simpáticos y dicen “es que no me hablo nunca”, en efecto, la comunicación con su propio cerebro está cancelada.
El cerebro pierde conexiones neuronales, cada vez que ustedes sacan la sumadora del smartphone para realizar una operación. A esto le sumamos que la mayoría llenan el poco espacio de su cerebro con basura “viral” que ven en las redes.
La ciencia dice que tenemos millones de neuronas, pero la realidad es que eso no hace más inteligentes a millones de personas que apenas usan cuatro neuronas del cerebro para teclear sus pantallas y buscar memes y videos estúpidos en TikTok.
Lo más trágico es la pérdida de la memoria, en la antigüedad la comunicación oral era la esencia de la cultura, la Ilíada y la Odisea de Homero se propagaron en la voz de diferentes personas que la memorizaban y la repetían,
Homero fue un bestseller que nunca escribió sus historias. Saber quiénes somos inicia con la historia que se transmite en cada generación.
Eso no tiene qué ver con la ideologización de la “memoria histórica” que es la manipulación de un régimen sobre los hechos para hacerlos afines a sus ideas, es la dictadura del pasado.
El progreso da muchas ventajas y adaptarse exige dejar a tras otros hábitos. Ejercer la memoria primero recibió el golpe de la pedagogía que la estigmatizó como una forma de represión.
Aprender era “pensar” y según la nueva pedagogía memorizar no es pensar ¿entonces qué es? Incluso dijeron que no era necesario que los niños se aprendieran las tablas de multiplicar porque ya había calculadoras, que era mejor enseñarles otras cosas.
Generaciones de ignorantes salieron de las escuelas, incapaces de repetir un poema, de realizar operaciones matemáticas sin ayuda.
Dice Aristóteles que si aprendes y comprendes algo puedes explicarlo y transmitirlo a otros.
La pedagogía se unió al progreso, la Inteligencia artificial les ahorra a los estudiantes leer los libros, les da un resumen, y aunque tengan errores nadie lo notará porque ignoran el contenido.
Leer libros exige ejercer la comprensión y la memoria, se ha reducido la capacidad de concentración y no pueden terminar un libro. Por lo tanto, su comprensión de la realidad se reduce.
Recordar o morir. Si más memoria tiene tu teléfono, menos memoria tendrás tú, eso se traduce en menos inteligencia, es directamente proporcional.
Buscar conocimiento es parte del sentido de la vida.
Sin el deseo de saber, de aprender, de crear un acervo mental valioso, el ser humano es un costal de carne y huesos con un smartphone en la mano.