Cultura

La Luna

La Luna no debe ser tocada, pretender conocer su cara oscura es la impertinencia de los infieles. La Luna no es el juguete del poder o la tecnología.

La Luna es la mirada de los personajes de Botticelli, es la que cuida el sueño lánguido y vencido de Marte después del hechizo de Eros. Sueña una guerra, sueña que pierde mil veces para entregarse dócil en sus caricias de bruma y éter.

La Luna es la testigo sonriente de las orgÍas de Poussin en medio del bosque, con Hermafrodita huyendo ante la lascivia y desvergüenza de la fiesta. La luz plateada les permite ver sus excesos y esconder su rostro, en la locura del reiterado olvido, descansar bajo el denso agotamiento.

La Luna es la nave flotante de las vírgenes de Murillo, medias Lunas filosas, incapaces de herir la piel impoluta que apenas pisa, ingrávida. Vírgenes ambas, una por fatalidad y la otra por lejanía comparten la soledad de quienes no desean ser poseídas. El designio divino será la voluntad cumplida, la arrogancia de quien obedece sabiendo que triunfa.

La Luna en las tormentas de Turner, es la diosa que agita los mares, que excita el oleaje para que devore barcos y los lleve a las profundidades del alma del pintor. Esos paisajes nocturnos, esa Luna húmeda de llanto la alberga él dentro del espíritu que no ve, prefiere sentir y ser volcado en el agua salada que impregna sus pinturas. Turner navegó, naufragó y resucitó cada noche, se vió flotando entre cadáveres, y regresó guiado por la voz de la Luna.

La Luna es dorada, en las túnicas de los amantes que gozan un Beso que no terminan, Klimt cubría de oro sus pinturas para seducir a la cómplice de los amantes, de las infidelidades y de las promesas eternas. Lo que juren debajo de la luz lunar, lo que sea, por ese instante es verdad. La lealtad no es una promesa cumplida, es una renuncia, y esa luz es la depositaria de todos los abandonos.

Tiziano retrató a Diana, diosa y Luna, en el momento en que Acteón la espía durante su baño, rodeada de doncellas, como ella vírgenes y guerreras. Castigar la mirada, castigar el ultraje, quien mira posee, la memoria lo hace suyo eternizando el infame y sublime instante. Puede ordenar que se repita, entonces la memoria de Acteón ultraja una y mil veces a Diana. Contra eso no hay batalla, no se puede convocar al olvido. Diana en un simbolismo prodigioso hace traidora a la lealtad y Acteón es devorado por sus propios perros. El cazador es presa de sus pasiones. Diana es liberada, las diosas no piden perdón, exigen obediencia.

La Luna es adivina, vaticina cada acción, trastorna el destino, manipula el trayecto de los astros, y las vidas juegan a ser libres en un mapa invisible, arbitrario.

La Luna es de los gatos, la llevan en las pupilas, le cantan maullidos que penetran el cielo y el inframundo. La Luna los baña de luz. los hace invisibles, vuelan. Los gatos conocen esa cara que la ciencia nunca verá. El gato duerme, tiene a la luna en el corazón. sueña, se va y regresa al despertar.


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Avelina Lésper
  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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