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El secreto psicológico de la longevidad

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Braulio Montes
Braulio Montes


Cuando tenía 9 años, el jueves era mi día favorito de la semana, por una razón muy especial: tenía mi adorada clase semanal de corno francés. Recuerdo que pensaba que los jueves parecía que solamente llegaban una vez al mes. Cinco décadas después, los jueves siguen teniendo un significado especial para mí, ya que es el día en que se publica mi columna en The Atlantic. Pero a diferencia de cómo me sentía hace tantos años, ahora siento que los jueves ocurren cada tres o cuatro días. La idea de que sea semanal parece llegar mucho antes de lo habitual. ¿A qué se debe?

Este fenómeno del tiempo que parece que se acelera con la edad —o, por el contrario, se desacelera bajo la influencia del aburrimiento o la frustración— despierta mucho asombro. La estremecedora yuxtaposición del tiempo del reloj y del calendario con la experiencia subjetiva del paso del tiempo puede hacer que la vida parezca una película mal doblada. Tal vez simplemente supusiste que tu sentido del tiempo no era confiable, pero la verdad es más compleja e interesante. Toda una ciencia y filosofía de la percepción explica esta distorsión del tiempo. Ya sea que el tiempo transcurra rápidamente o lentamente, comprender este concepto puede ayudarte a aprovechar al máximo tu vida.

Solemos pensar en el tiempo como una dimensión de la física, pero los filósofos tienen mucho que decir sobre sus misterios. Uno de los principales objetivos de su análisis escéptico es si el tiempo manifiesta una linealidad objetiva. El filósofo francés Henri Bergson, por ejemplo, introdujo la idea del tiempo como una unidad de experiencia verdaderamente subjetiva. Un minuto no son 60 tics de una manecilla del reloj, sino un cuanto de tu existencia individual. El tamaño de ese cuanto depende de lo que estés haciendo: es muy pequeño cuando duermes; es muy grande cuando esperas en la fila de Starbucks. Necesitamos medidas artificiales y objetivas del tiempo —relojes y calendarios— para administrar muchos aspectos de una sociedad que funcione, pero el tiempo del reloj no es más “real” de que el mapa de tu teléfono es la carretera verdadera por la que conduces.

Paul Janet, compatriota de Bergson en el siglo XIX, argumentaba que la duración de una unidad de tiempo depende principalmente de la edad, ya que la percepción del tiempo de una persona depende de qué tanto tiempo ha experimentado. En otras palabras, el tiempo realmente se acelera con la edad. En 2017, un grupo de psicólogos, a partir de estimaciones de cómo las personas percibían el paso del tiempo a diferentes edades, demostró que la mayoría experimentamos esta sensación de aceleración. Muchos investigadores creen que la percepción del tiempo cambia de forma logarítmica, y algunos sociólogos han encontrado evidencia que respalda esta idea: en un experimento de 2009, los participantes informaron que los siguientes tres meses les parecían tres meses en ese momento, mientras que, al imaginar un período de 36 meses en el futuro, se sintieron como menos de seis meses en términos actuales.

Pude crear mi propia ecuación que proporciona un modelo similar de la “Experiencia de Vida” (EV) a diferentes edades. Debes especificar tu edad actual (a) y tu edad esperada al morir (n). Entonces, los años subjetivos de vida que te quedan son 1 menos EV multiplicado por n.

Los números que genera son un poco desalentadores, lo admito. De acuerdo con las tablas actuariales, al tener en cuenta la buena salud que aún disfruto a los 61 años, tengo un 50 por ciento de probabilidades de llegar a los 95. Eso parece demasiado optimista, considerando mis antecedentes familiares, pero sin duda aceptaría 34 años más en este planeta. Desafortunadamente, según mi fórmula inspirada en nuestros amigos filósofos franceses, la mayoría de esos 35 años son “falsos” porque ya he experimentado el 91 por ciento de mi vida, lo que implica que solamente me quedan unos ocho años subjetivos. Si vivo no hasta los 95 sino hasta los 80, me quedan solamente cinco años y medio. ¡Se acabaron las filas en Starbucks! (O eso podrías pensar; más sobre esto a continuación).

La edad no es la única razón por la que el tiempo experimentado puede estar comprimido. Otra es la de los ritmos circadianos. En 1972, el explorador francés Michel Siffre pasó seis meses en una cueva subterránea en Texas, viviendo en completa ausencia de luz natural, reloj y calendario. Gradualmente, sus “días” -periodos de vigilia y sueño- comenzaron a alargarse, a veces hasta 48 horas. Al salir, creía haber estado en la cueva solamente dos o tres meses. Si tienes problemas para conciliar el sueño por la noche, tu percepción del tiempo podría ser una versión menos extrema que la de Siffre. Los investigadores descubrieron que algunas personas tienen un ritmo circadiano natural de más de 24 horas, lo que significa que los días les parecen demasiado cortos y que de manera crónica estas personas no tienen sueño por la noche. Si vivieras en una cueva, tu vida tendría menos días que los medidos en bloques estándar de 24 horas.

La percepción del tiempo se acelera no solamente con la edad y los ritmos circadianos; También puede acelerarse —o desacelerarse— dependiendo de lo que estés experimentando en cada momento. Este fenómeno se llama taquipsiquia. Los neurocientíficos llegaron a demostrar, mediante experimentos con ratones, que cuando los niveles de dopamina aumentan debido a la emoción y la participación, el tiempo transcurre más rápido en el cerebro; cuando la dopamina disminuye debido al aburrimiento o la ansiedad, el tiempo transcurre más lentamente. En otras palabras, el tiempo vuela cuando te diviertes.

Una forma extrema de taquipsiquia implica que el tiempo parece congelarse: unos instantes se convierten en minutos u horas, y se recuerdan con claridad durante años. Esto puede ser una experiencia positiva, como un paseo en montaña rusa de 10 segundos, o negativa, como un accidente de coche que el cerebro procesa a cámara superlenta. Una hipótesis para este fenómeno taquipsiquia es que, durante estos momentos de extrema intensidad, los recuerdos se almacenan de forma muy densa en el cerebro, lo que hace que la experiencia momentánea parezca durar un tiempo inusualmente largo.

Toda la filosofía e investigación sobre la experiencia del tiempo revela esta amarga ironía: a medida que más disfrutas, sobre todo en la segunda mitad de la vida, más rápido pasa el tiempo. Entonces, ¿cómo puedes alterar este efecto y vivir, subjetivamente hablando, más tiempo? Una respuesta es pasar más tiempo golpeando el pie con impaciencia en la fila de Starbucks, especialmente a medida que envejeces. Y, por supuesto, asegúrate de tener muchos accidentes de coche. (“Oficial, me salté todos esos semáforos en rojo porque intento vivir más. Lo leí en The Atlantic.”).

Si las estrategias de aburrimiento o trauma no te convencen —y no las recomiendo— a continuación presentamos algunas maneras mejores de sacarle más provecho a tu escaso tiempo.

1 El significado es más importante que la diversión

Un importante principio para maximizar el tiempo es la memoria, como sugiere el ejemplo del accidente: a medida que tus recuerdos de una experiencia sean más nítidos, más tiempo parece durar en el momento y mejor la recuerdas después, con todos sus ricos detalles grabados. No tienes por qué dejar esto al azar, y mucho menos a un accidente. Las investigaciones sugieren que la memoria se ve potenciada por actividades significativas y emocionalmente evocadoras, lo que implica que una vida verdaderamente larga favorece la búsqueda de un significado profundo por encima de la simple diversión. Compruebo que eso es verdad cuando recuerdo una experiencia espiritual, como recorrer el Camino de Santiago con mi esposa, de una manera que puedo saborear, mientras que unas vacaciones en la playa, que duraron el mismo número de días en el calendario, transcurrieron muy agradablemente, pero sin dejar mucha huella de su significado. Pienso en una como duradera, en todos los sentidos; la otra, como fugaz.

2 Saborea los momentos

Parte de la búsqueda de significado consiste en ser estratégico al elegir actividades y compañeros. Pero otra parte de la tarea requiere que seas resuelto y estés presente en tu vida. Ya he escrito antes sobre el arte de saborear la vida, que los psicólogos definen como la “capacidad de prestar atención, apreciar y potenciar las experiencias positivas”. Esto significa concentrarse plenamente en lo que se hace en el presente, en lugar de pensar en lo que vendrá después. Para ampliar mi percepción del tiempo mientras disfruto, intento incluir no solamente las experiencias positivas, sino también las negativas, en vez de intentar eliminarlas lo antes posible. Aunque esta práctica puede resultar difícil al principio, al final me hace sentir más plenamente vivo.

3 Evita la rutina

Me he mudado mucho a lo largo de mi vida adulta, alrededor de 20 veces en los últimos 40 años. (No, no estoy en un programa de protección de testigos). También viajo casi todas las semanas. Una de las razones es que soy alérgico a la rutina. A algunas personas les gusta un trayecto predecible al trabajo y ver a las mismas personas y cosas todos los días, pero yo no soy uno de ellos. Esta inquietud mía genera algunos costos de transacción, pero la constante novedad tiene la ventaja de proporcionarme recuerdos más nítidos y, por lo tanto, la sensación de vivir más tiempo. Los investigadores han realizado experimentos que demuestran que cuando las personas realizan actividades conocidas y cotidianas, el tiempo pasa más rápido, mientras que las experiencias desconocidas lo desaceleran. Las rutinas nos ponen en piloto automático, lo que dificulta disfrutar de los momentos y hace que sus recompensas sean elusivas. Tal vez no quieras llegar al extremo de mudarte de casa, lo cual sin duda es estresante, pero puedes hacer mucho para cambiar tu entorno, tus hábitos diarios y las personas a las que ves.

Un último punto para concluir: El principio más importante para manejar bien tu tiempo no es cuánto tienes, ni cuánto tiempo puedes extenderlo, sino cómo utilizas cada momento. Solemos actuar como si nuestras vidas fueran a durar para siempre, por lo que desperdiciamos el tiempo en actividades triviales (nos desplazamos por internet) o participamos en actividades improductivas (juntas). Este no es un problema nuevo. Los filósofos estoicos de la antigüedad lo reconocieron bien, por lo que utilizaron el adagio memento mori (“recuerda que morirás”) para guiar sus meditaciones. Según ellos, al enfocarse en la no existencia, uno aprecia más plenamente el ser. Esa consciencia, independientemente de si la vida transcurre rápido o despacio, ayuda a aprovechar bien el tiempo.

Con respecto a esto, reflexiono sobre el hecho de que un jueves será mi última columna. Pero no es este jueves, lo cual me alegra.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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