Política

¿El 'Che' y Fidel en un tianguis?

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Echas un vistazo a tu alrededor y te das cuenta, al instante, que México es un país desaforadamente capitalista. Tanto, de hecho, que las aceras y las plazas públicas ya no son espacios comunes para el uso y disfrute de todos sino que han sido privatizadas: en la práctica mayoría de las ciudades del territorio nacional ya no puedes caminar sin tropezarte con tendejones en los cuales se mercadea toda suerte de cosas —muchas baratijas chinas, ropa de la misma proveniencia oriental, vírgenes de Guadalupe de plástico legítimo, juguetes, horrorosos monigotes y artilugios electrónicos de muy dudosa genealogía, entre otros tantísimos artículos— y, obstruyendo también el paso de los agobiados peatones, barracas donde se cocinan las viandas básicas de la exquisita cocina mexicana, algunas de ellas no tan apetecibles, hay que decirlo, al emanar de sus fogones pestilentes miasmas sin que la fetidez parezca importarles demasiado a los fieles comensales.

La capital de nuestra trepidante República se ha convertido, justamente, en un gran mercado al aire libre. Fuimos tierra conquistada, para gran agravio del oficialismo en funciones, pero, qué caray, eso de que no éramos una colonia propiamente dicha sino la mismísima Nueva España —o sea, un segundo reino aunque reducido formalmente a categoría de virreinato— llevó a que este país se poblara de hermosas catedrales, palacios, conventos e imponentes edificios. Un esplendoroso patrimonio arquitectónico que, hoy día, sigue atrayendo a millones de turistas, por más que Cancún tenga buenas playas y que los canadienses no arriben para contemplar fachadas churriguerescas sino meramente para escapar a las durezas de sus aniquiladores inviernos.

Pues bien, vistas las cosas desde una perspectiva histórica, pudiere ser que el pueblo bueno esté cobrando la factura de la mentada conquista al ocupar atrios de iglesias, plazuelas y explanadas y despojar esos espacios de su consustancial majestad. Sería el triunfo del tianguis, oigan: no olvidemos que los aztecas eran grandes comerciantes —los famosos pochtecas eran la mafia del poder de aquellos tiempos— y que el mercado de Tlatelolco fue un grandísimo centro económico hasta el punto de haber maravillado a los castellanos, extremeños y aragoneses que vinieron aquí en busca de fortuna.

El tema, con todo, se enreda un tanto al enterarnos, tirios y troyanos, que la señora Brugada, ni más ni menos que la mandamás del supremo gobierno de Ciudad de México, va a mandar que se cincelen esculturas de dos personajes tan declaradamente comunistas, ambos, como para propalar la cultura de que el libre mercado es pecaminoso y, en el caso de un Fidel Castro llegado ya a empuñar las riendas del poder en Cuba, a combatir denodadamente cualquier transacción comercial. 

Olvídense ustedes entonces de la tiendita de la esquina, del changarro del taquero y de la fonda familiar. ¿No es muy extraño tener a una simpatizante comunista gobernando una ciudad tan desbordantemente capitalista?


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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