Política

Bajo del mar

La mañana era fría, pero más fría se puso cuando Roberto, urgido por conectarse a una importantísima reunión laboral, se encontró con que no había internet. Desesperado, llamó a la empresa proveedora y obtuvo una respuesta escalofriante: “la suspensión del servicio es total y no hay fecha de restitución, por ser una avería internacional.”

Si la escena parece sacada de una película de terror, no descartes vivirla. Cada segundo de nuestra vida damos por sentada la existencia de un mundo conectado. Sin embargo, nadie somos conscientes del entramado de cables submarinos que permiten esta conectividad. Esta infraestructura, que data del siglo XIX, es el soporte vital de la intercomunicación transoceánica y es, por tanto, la columna vertebral de la red global de comunicaciones.

Más de 400 cables de fibra óptica, con una longitud combinada de aproximadamente 1.2 millones de kilómetros, cruzan el fondo del mar conectando continentes y naciones. En el interior de estos cables, más delgados que una manguera de jardín, se encuentra un manojo de cables de vidrio, tan finos como un cabello humano, a través de los cuales los láseres transmiten pulsos de luz amplificados, que llevan tus datos y los míos alrededor de la Tierra.

Este portento tecnológico-marino está en peligro. Dos factores centrales amenazan la conectividad global. Primero, que estos cables cada vez pertenecen a menos empresas. Segundo y más importante, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, que ha ocasionado que se veten empresas de lado y lado por el miedo al sabotaje o espionaje. Así en el océano como en la tierra hoy existe una guerra fría.

Este juego perverso tiene a la industria al borde del colapso, con el riesgo de que una interrupción en la red de comunicaciones sea mucho más devastadora en términos económicos que una pandemia. Los cables submarinos transportan diariamente trillones de dólares en transacciones y cualquier interrupción prolongada puede tener consecuencias desastrosas para la economía mundial.

Lo peor es que no hay solución a la vista. Las tensiones entre Estados Unidos y China, lejos de disminuir, aumentan día con día y la desconfianza mutua crece. Mi respetuosa sugerencia a Roberto sería que mejor se bañara y se fuera a la oficina. Claro, siempre y cuando funcione la luz, el agua, el gas, el transporte público y el ascensor. Siempre y cuando sus colegas puedan llegar a la oficina y el edificio pueda abrirse y operar. Siempre y cuando, para ese momento, el mundo no esté tan colapsado que ni siquiera tenga que ir más a la oficina. Esta catástrofe es un riesgo real, si las superpotencias no se ponen de acuerdo al menos en algo tan sencillo como unos cablecitos submarinos. Y hasta aquí el apocalipsis global de tu Sala de Consejo semanal.


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Arnulfo Valdivia Machuca
  • Arnulfo Valdivia Machuca
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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