Cultura

A la "Luz de luna"…

  • La pantalla del siglo
  • A la "Luz de luna"…
  • Annemarie Meier

Al estar viendo la película Moonlight (Luz de luna) del realizador estadounidense Barry Jenkins recordé un comentario de nuestro amigo Richard LaPan quien vivía en Guadalajara al haber experimentado en carne propia el racismo antijudío y el anticomunismo en la época del macartismo: “Lo peor que le puede pasar a un habitante de Estados Unidos, el país de los WASP, es ser negro, gay y socialista. Richard, quien murió en 1992 en Guadalajara, se refería, desde luego, a las épocas de la historia de EUA que le tocó vivir como inmigrante. La película Moonlight que combina una historia atemporal con un entorno actual, muestra, sin embargo, que el comentario de LaPan sigue vigente ya que al protagonista del filme solo le falta el ingrediente de socialista para leerse como visualización de la marginación extrema en la que viven amplios grupos de habitantes de EUA.

Moonlight narra una historia de crecimiento y maduración de un hombre de color en el barrio Liberty City de Miami. La crónica de situaciones y acontecimientos claves de la vida de Chiron está estructurada en tres actos: El primero intitulado Little, el sobrenombre del niño Chiron, empieza con una escena de bullying. Después observamos la relación del pequeño con su madre y la extraña amistad con Juan, un narcotraficante que se convierte en una figura paterna y modelo de masculinidad para el frágil muchacho. El segundo acto muestra a Chiron como adolescente. El joven está en búsqueda de una identidad propia al mismo tiempo que descubre el amor y la sexualidad. Una elipsis de varios años lleva al tercer acto con el título Black. Chiron se ha convertido en un hombre que impone respeto por los atributos de masculinidad negra y el estatus material que ha logrado. A nivel emocional, sin embargo, sigue siendo el pequeño niño en busca de afecto y aceptación.

Sin crear contexto ni ofrecer explicaciones ideológicas o psicológicas para la conducta de los personajes, el filme se concentra por completo en la observación de los pocos personajes básicos, su vida diaria y la relación que llevan con el protagonista Chiron en tres etapas de su vida. Los juegos - y pleitos - de los niños, la cotidianidad del negocio de la droga, los enfrentamientos y momentos de ternura de Chiron con la madre, la amistad con Juan y los sentimientos por su primer amor se muestran con detalles pero también con respeto y empatía por los personajes. En ningún momento el espectador es llevado a juzgar el estilo de vida y la conducta de los personajes. El bullying, la violencia familiar, el tráfico y consumo de drogas forman parte de la vida diaria que, por otro lado, también tiene momentos de amistad, ternura e incluso poesía. Observar al frágil niño cubierto de pompas de jabón en la bañera basta para convencernos de su inmensa soledad; verlo feliz en los olas del mar donde aprende a nadar, nos habla de sus sentimientos y capacidad de resistencia.

La sutil puesta en cámara de James Laxton con composiciones y colores exquisitos, pero no efectistas, crean distintos tonos y ambientes que congelan o aceleran el tiempo. También la banda sonora de Nichols Britell aporta a que la crónica del desarrollo de Chiron adquiera el carácter de “observación de un caso modelo”, casi una fábula. Las piezas musicales como “Hello Stranger” o la mexicana “Cucurrucucu, paloma” (cantada por Caetano Veloso al igual que en Hable con ella de Almodóvar), crean secuencias temáticas que el espectador interpreta como metáforas de emociones, sentimientos y situaciones de la vida humana. Por cierto, la obra de teatro de Tarell Alvin McCraney en la que se inspiró Barry Jenkins, lleva el título “A la Luz de la luna los chicos negros se ven azules”.

Una película que muestra una historia de crecimiento, búsqueda de amor, aceptación e identidad masculina en una comunidad de color de Estados Unidos, despertó, desde luego, el interés de los cinéfilos, la crítica y amplios grupos que estudian los discursos sobre la marginación y diversidad. Entre las más variadas reseñas acerca del filme, me convenció un ejercicio de Amanda Parris, actriz, guionista y artista canadiense, quien realizó y publicó el proyecto “Masculinity and Moonlight: Eight black man dissect Barry Jenkins’ momentous film” (“ Masculinidad y Moonlight: Ocho hombres negros analizan la película de Barry Jenkins). En diálogo con escritores, artistas y comentaristas, Amanda formula preguntas y recoge las reflexiones sobre los aportes sociales, temáticos y estéticos del filme. El proyecto está publicado por CBS Arts, 4 de noviembre de 2016. (www.cbc.ca/…/masculinity-and-moonlight-eight-black-man) . Vale la pena leerlo para darnos cuenta cómo fue la recepción de Moonlight en otras partes del mundo. En México, la leemos, desde luego, en clave de la discriminación hacia sectores No-WASP del nuevo gobierno de EUA.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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