Dependiendo del cristal con que se mire, la Semana Santa 2026 dejó un sabor agridulce. Si leemos el boletín oficial, todo será miel sobre hojuelas: casi un millón de visitantes y derramas de mil millones de pesos. Sin embargo, en la realidad empresarial el discurso se desmorona. Manuel Domínguez Gabián, líder de los hoteleros, soltó una verdad incómoda: las expectativas no se cumplieron y la ocupación no llegó ni a 65 por ciento.
El dato contrasta con la realidad de las calles. ¿Cómo es posible ver el Centro Histórico repleto, filas en restaurantes y museos a reventar, mientras los hoteles están más vacíos que el año pasado? La respuesta es un mal crónico que Puebla no cura desde hace décadas: somos un destino de “pisa y corre”; un turismo que no pasa de mirón, consume poco y no pernocta.
Más allá del diagnóstico empresarial, las alarmas oficiales deben encenderse, porque junto a la industria automotriz y las remesas, la industria sin chimeneas es fundamental para el estado.
Urge trabajar, primero, en la percepción de inseguridad carretera, ese "espantapájaros" que ahuyenta al viajero –más a los extranjeros. Segundo, en la planeación de obra pública; es inaudito que en plena temporada la Puebla-Atlixco —puerta a un Pueblo Mágico clave— esté estrangulada por obras. Nadie quiere perder una hora en el tráfico para avanzar diez kilómetros.
Puebla tiene ofertas ancla, como la Noche de Museos, pero al ser gratuita y masiva no siempre se traduce en huéspedes. El turismo nacional viaja con presupuesto ajustado, prioriza lo gratuito y regresa a casa el mismo día para no pagar una habitación.
La pregunta para autoridades y empresarios sigue siendo la misma de hace décadas, ¿cómo prolongar la estancia a más de una noche? De nada sirve presumir casi un millón de visitantes si no se quedan a dormir, si se espantan con las vialidades o prefieren la playa porque su oferta de entretenimiento es más sólida.
Puebla tiene tradición y fe, pero no llenan hoteles. Necesitamos menos optimismo en las cifras y más realismo en las políticas de promoción y seguridad. De lo contrario, seguiremos siendo un destino de ensueño… donde pocos se quedan a soñar.