En el periodismo, y especialmente desde la mesa editorial, solemos obsesionarnos con la nota que rompe, con el estruendo y la cifra dura. Sin embargo, quien esto escribe tuvo la oportunidad de alejarse por un momento del escritorio y dedicar el sábado para volver a una de sus pasiones: la fotografía.
Junto a mis colegas, los fotoperiodistas Bibiana Díaz y José Castañares, fungí como jurado en el concurso La Mirada Joven de Puebla, en el Zócalo poblano, y lo que vi ahí me dio la respuesta a una pregunta que nos hacemos diario en la redacción: ¿hacia dónde va Puebla?
Mientras evaluábamos las fotografías de estas nuevas generaciones, no veía solo técnica o composición; veía una reapropiación de nuestra ciudad. Jóvenes que, en lugar de ser espectadores de la decadencia, eligen reinterpretar su entorno, sus barrios y su gente. Esa mirada es, en esencia, la defensa más pura de nuestra identidad.
Es de reconocer la alianza de Aimeé Guerra, titular de la Gerencia del Centro Histórico y Carolina Cabrera del Instituto de la Juventud en favor de la identidad y el desarrollo integral de los jóvenes, particularmente porque este ejercicio ciudadano llena de esperanza.
Ver a más de 200 jóvenes interesados en tomar la cámara en lugar de asirse a un arma, conecta con lo ocurrido en el Colegio San Pablo. El gobernador Alejandro Armenta y Paco Ignacio Taibo II inauguraron la restauración de este recinto del siglo XVII. Según lo veo, la noticia no son los 4.6 millones de pesos invertidos ni los 6 mil 500 metros cuadrados rehabilitados. La verdadera nota es que ese espacio, que nació como colegio en la época novohispana, vuelve a su origen: será sede de talleres de iniciación artística y un núcleo de promoción lectora con más de 20 mil ejemplares.
Restaurar cantera es necesario, pero sin contenido los edificios históricos son sólo fríos museos. La apuesta por llevar el programa “25 para el 25” a jóvenes de entre 15 y 30 años es el complemento ideal para esos chicos que participaron en el Zócalo. De nada sirve que un joven aprenda a mirar a través de un lente si no tiene un libro que le enseñe a pensar o un taller que le ayude a crear.
La cultura, junto con la educación y el deporte, no son temas suaves en la agenda; son la base de la transformación social que tanto pregonan los discursos. Es el muro de contención contra esa otra realidad, la que vimos en el Mercado Morelos y que no deja de doler a los poblanos.