Cuidado con el perro. La señal está puesta por dos razones: la primera, para que el que la lea entienda que se tiene que ir con tiento, para que nadie pretenda cruzar una línea que debe ser respetada; la segunda, porque el perro no es un perro cualquiera. Se trata de un perro guardián entrenado y dispuesto para la defensa. Si aún así alguien decide traspasar las fronteras, lo menos que puede esperar es un gruñido largo, con una guturalidad tan honda que le levanta los belfos. Debajo, dientes y colmillos salivando dispuestos a hincarse en donde sea necesario, 145 kilos de presión por centímetro cuadrado en la mordida. Lo de menos es el dolor, la sangre o la hinchazón; lo de más es tener que renunciar a la presidencia como le pasó a Richard Nixon.
Perros guardianes, watchdogs. Pocos se ponen de acuerdo en el origen de este término que denomina a la prensa de investigación en una sociedad democrática, pero es perfecto. La prensa como un perro guardián de los derechos de los individuos. De los derechos de todos, los que están en contra y los que están a favor del gobierno. Aún a costa de los individuos mismos. Porque los dichos y los datos no son ciertos solo porque los diga un presidente; porque el acomodo más cuidadoso de la mentira y la defensa más apasionada de la falsedad jamás serán verdad. No en balde con la llegada de Donald Trump a la presidencia el grito se escuchó por todas partes ¡suelten los perros! Y para este agosto los watchdogs ya habían contabilizado 12 mil 19 frases falsas o engañosas del presidente Trump. Sin embargo, 30% de los estadunidenses todavía no distinguen sus mentiras de la verdad. La fuerza de la prensa está en la Primera Enmienda de su Constitución, por eso los watchdogs seguirán sueltos.
Perros guardianes que ladran, a veces en exceso, sí, como todos los perros. También porque escuchan que otro ladra a lo lejos y ladran para acompañarlo, como si le respondieran, como si percibieran una emergencia. Pero ¿no preferimos que ladre un perro guardián a que se quede en silencio? ¿Qué daño produce un ladrido si lo que protege se mantiene vivo?
Inspiración que surge desde la apasionada defensa de la libertad de expresión y los límites que deben respetar los gobernantes en el ejercicio del poder. Desde las ideas de libertad de John Stuart Mill en el siglo XIX, hasta las del joven mexicano que no se conforma con darle la vuelta a un trapiche en pleno siglo XXI. Perros que ladran para defenderlos con algo más que instinto.
Mientras en México la oposición no solidifique una opción contundente y cada vez más necesaria, nos quedarán los perros y habrá que soltarlos todas las mañanas. Y darán igual los insultos, porque ellos mismos se reconocen con orgullo como perros. Celebremos pues todos los ladridos. Aunque estemos a favor y creamos en todo lo que dice el gobierno, no importa. El perro solo ladra porque cuida, porque guarda. “¿No oyes ladrar los perros?”, pregunta Rulfo con gran pesadumbre y tristeza, pero también como única prueba de vida. ¿Los oye?
Frente al caso Bonilla, Veracruz, la ambición desmedida de poder en el Congreso, las concesiones a la CNTE, el grito o los 20 gritos, piense que aún nos quedan los ladridos y, si es necesario, los aullidos.
@olabuenaga