Los mexicanos tenemos serios problemas con las cosas que nos gustan.
Por alguna extraña razón, siempre le estamos buscando defectos a lo que hacemos.
Ningún producto nacional nos llena y, en el remoto caso de que algo nos llame la atención, lo acabamos etiquetando como placer culpable o culposo para quedar bien con los demás.
No importa si es Roma, La casa de las flores o La rosa de Guadalupe. Hay que hablar mal. Como que eso nos hace parecer superiores. Como que eso nos protege.
Es muy complejo y no, no es un chiste. Trabajar con un público así es la cosa más infernal del universo, porque hay un punto en que los creadores no saben dónde comienzan las críticas de verdad y dónde, las que en realidad son elogios disfrazados.
¿Por qué le estoy diciendo todo esto? Porque ayer se estrenó Promesas de campaña, la nueva serie mexicana de ClaroVideo y ya sé lo que va a pasar:
¡No, cómo te atreves a recomendar eso! ¡Es muy mala! ¡No le llega a los talones a Breaking Bad! ¡Parece telenovela! ¡Se ve bien naca! ¡Las actuaciones son espantosas! ¡Nomás faltó que saliera Omar Chaparro! Qué lástima, porque se trata de una propuesta muy divertida, inteligente y oportuna.
Promesas de campaña es una comedia que se burla de nuestros políticos, de nuestros partidos y, sobre todo, de la abrumadora cantidad de babosadas que vemos durante las campañas.
Tuve el privilegio de ver este material por adelantado y todavía no doy crédito de la profunda inteligencia que hay detrás de cada capítulo. Todo está lleno de mensajes interesantísimos, de críticas muy severas.
Aquí pasan cosas tan disparatadas que terminan por ser demasiado reales y hay un dejo como de película de la India María que uno no termina de agradecer. En fin, es un titulazo imperdible. Punto.
No le voy a contar detalles para no arruinarle la experiencia, pero aquí pasan cosas tan disparatadas que terminan por ser demasiado reales y hay un dejo como de película de la India María que uno no termina de agradecer.
Y a partir de ahí vienen las burlas a ciertos personajes, a ciertos momentos y a muchas cosas más que alimentan la peculiar industria de la comunicación política mexicana y latinoamericana.
Lo más maravilloso de Promesas de campaña es que, entre broma y broma, van apareciendo guiños de una genialidad muy interesante.
Uno, como espectador, en verdad se acaba involucrando, sorprendiendo y aunque este fin de semana pinta espantoso porque por ahí nos quisieron mover el Día del Padre por el tema de la pandemia, este título sí se convierte en una excelente recomendación para estos días para el público masculino.
¿Por qué? Porque los grandes protagonistas de esto son hombres interpretado deliciosamente por figurones como Silverio Palacios y Rubén Zamora.
De hecho, uno de los mayores aciertos de este concepto está en su reparto.
Creo que aquí hay gente de primera para un público de primera. ¡Gracias, ClaroVideo por esta serie!
Si usted se la quiere pasar bien, vea Promesas de campaña. Si usted se quiere enterar de tres o cuatro chismes de la política, vea Promesas de campaña.
Si usted quiere apoyar a los creadores mexicanos, vea Promesas de campaña.
¿Le sigo? No, mejor véala y, por favor, haga a un lado sus prejuicios. Los mexicanos tenemos serios problemas con las cosas que nos gustan y como que ya basta, ¿no?
alvaro.cueva@milenio.com