Política

Merlín, los festejos y las lecciones

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

El pueblo manda. Por encima de la FIFA. Por encima de las televisoras. El pueblo manda y eso lo tenemos que reconocer. El pueblo manda y eso lo tenemos que celebrar.

Y a las pruebas me remito: Merlín y el espacio público.

¿Puede haber una historia de éxito más del pueblo, más auténtica y más aspiracional que la del Pato Marlín?

Le recuerdo: estamos peleando en varias guerras. Una, la de las grandes corporaciones. Otra, la guerra ideológica. Y otra más, la guerra por llamar la atención.

La FIFA, en su infinito afán por imponernos reglas, por utilizarnos y por llevarse nuestro dinero decidió que esta fiesta futbolera no iba a tener una sola mascota oficial. Que iba a tener tres.

Y a pesar de que por el lado mexicano hubo un montón de iniciativas, ellos, por sus pistolas, nos enjaretaron a un jaguar.

Pregúnteme cuántas personas conectan con esa mascota, cuántas se saben su nombre y cuántas matan por tener algún artículo promocional con su imagen.

Mientras todo esto sucedía, tal y como le escribí en este mismo espacio, el gobierno de la Ciudad de México construyó una muy interesante narrativa bajo el concepto “ajolotización”.

Misteriosamente las señoras y los señores del cerco informativo, las señoras y los señores de la guerra ideológica, decidieron que el ajolote era la mascota de las autoridades chilangas para este evento.

Nunca nadie dijo eso. Nunca nadie pretendió poner a competir ni al gobierno contra la FIFA ni a los ajolotes contra los jaguares. ¡Para que entienda el nivel!

El caso está en que este campeonato global no tenía una mascota de verdad y de la nada, en los primeros festejos del primer partido de la Selección Mexicana, ¡zaz!, que aparece un pato caminando atrás de un niño humilde con su camisetita verde y que se convierte en el evento viral de la humanidad entera.

Ese pato, que jamás hubiera sido volteado a ver por nuestras muy elitistas televisoras. Ese muchachito y su mamá, a quienes nunca la televisión privada hubiera considerado. Conquistaron a las audiencias de los cinco continentes.

El pueblo de México, y yo diría que el pueblo de todo el mundo, nombró a ese animalito la mascota no oficial de la gran fiesta futbolera internacional.

Ese patito, llamado Merlín, con su autenticidad, se ganó un lugar en nuestros corazones que ningún otro ser sintiente había tenido desde las inolvidables aventuras de la perrita Frida en el temblor de 2017.

Merlín ha salido en todas las pantallas de todos los países. Su “mamá” ha sido entrevistada y homenajeada. Y muero de amor con todo lo que Víctor González Herrera, Farmacias de Similares y el Doctor Simi, en general, entre otras compañías, han hecho por él.

¿Y el jaguar? “Bien, gracias”. ¿Y los ajolotes? Hasta se les olvidaron a los de la guerra ideológica.

Yo sólo espero que esta historia no se contamine y que este bendito pato sea respetado y cobijado con amor por instancias que impidan que acabe siendo víctima de maltrato como otros animalitos que andan por ahí.

Espacio público. ¿A qué me refiero cuando hablo de que el pueblo manda cuando hablamos de espacio público?

A las insólitas multitudes que se han apoderado de los más emblemáticos puntos de la Ciudad de México para festejar los partidos de futbol.

El Ángel siempre ha sido un referente. Siempre.

Pero kilómetros y kilómetros de la avenida Paseo de la Reforma retacados de gente que se suma a los cientos de miles de personas que han abarrotado el Zócalo, el Monumento a la Revolución y otros lugares, sí son algo muy importante a nivel nacional e internacional.

Perdón si ofendo a la gente de Monterrey o de Guadalajara, pero en la Capital de la Nación está pasando algo que no está pasando en sus estados.

El pueblo no está confinado a un parque, a una plaza o a una glorieta. El pueblo sale y se apodera de las calles, de muchas calles, en plural.

Y se apodera de ellas porque sabe que son suyas, que puede celebrar a gusto y que nadie corre peligro al ir ahí ni siquiera bajo la peor de las tormentas.

Si no me cree, pregúntele a nuestras hermanas y hermanos de Colombia que en un hecho histórico, se fueron a festejar a esos espacios, contagiados del espíritu chilango, de esta libertad que, a diferencia de lo que pasa con la FIFA, une a los pobres con los ricos, a las personas adultas mayores con las infancias y ahora a las y los visitantes con las y los locales.

Algo bueno debe estar haciendo la administración de Clara Brugada como para que esto esté sucediendo a este nivel.

Y es que aquí no hay acarreados. Aquí no hay convocatorias. Aquí no se cobra. Aquí no se limita. Aquí hasta los patos pueden ser ellos mismos.

Si alguien me preguntara: Álvaro, ¿cuál ha sido para ti la gran lección de este evento deportivo que estamos viviendo en toda Norteamérica?

Mi respuesta inmediata sería: que el pueblo manda.

Escuchemos al pueblo. Respetemos al pueblo. Atendamos al pueblo.

¡Y que vivan el Pato Merlín y los espacios públicos de la Ciudad de México! Ahí están las pruebas. Ahí están las claves. ¡Que vivan!


Google news logo
Síguenos en
Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.