Ayer se cumplió un mes de la toma de Canal Once, la más clara demostración de que a este gobierno no le interesan sus propios medios de comunicación, una de las páginas más oscuras de toda la historia de la televisión mexicana.
¿Por qué esto es la más clara demostración de que a este gobierno no le interesan sus propios medios de comunicación?
Porque si bien a mucha gente se le llena la boca hablando de lo mal que estaban las cosas durante los gobiernos del PRIAN, al menos en aquellos años en los que la autoridad privilegiaba a los medios privados, los medios públicos estaban atendidos.
Este gobierno no los atiende, no los entiende, no los aprecia, no los aprovecha. Si no fuera así, entre mil cosas que podría decir, jamás hubiera ocurrido lo que ocurrió el 21 de mayo en Canal Once. ¡Jamás!
¿Por qué ésta es una de las páginas más oscuras de toda la historia de la televisión mexicana?
Porque la toma de un canal abierto de televisión es un atentado contra la seguridad nacional de cualquier país. No lo digo yo. La historia lo demuestra (Ecuador, Chile, Brasil, Venezuela, El Salvador…). Es lo primero que nos enseñan en las escuelas de comunicación.
Si algo ha peleado nuestro gobierno es el respeto a nuestra soberanía. La toma de un canal de televisión es algo tan delicado como lo que sucedió en Chihuahua. ¡Y nadie hace nada! ¡Y nadie dice nada!
Cualquier entidad extranjera, cualquier enemigo del sistema, está ante el más suculento buffet desestabilizador de la Cuarta Transformación. Esta historia podría terminar peor que la de la toma de CNI Canal 40. ¿Será posible que a nadie le importe?
Sí, sí es posible porque como las trabajadoras y los trabajadores de Canal Once son lo más admirable que existe y se la han pasado resolviendo esto, ya se normalizó tener un canal tomado, ya se normalizó este atentado contra la seguridad nacional.
Y peor tantito, ya se romantizó con narrativas que van del “¡Seguimos al aire!” a “estamos respetando el libre derecho a expresarse de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional”.
¿Y a Canal Once quién lo respeta? ¡Quién! ¿Acaso el primer canal cultural y educativo de toda América Latina no merece respeto? ¡Por el amor de Dios, es tan básico que hasta me da miedo!
Tener tomadas sus instalaciones es un descarado atentado contra la libertad de expresión y yo no veo siquiera que la Sociedad Interamericana de Prensa, que reaccionó tan molesta en contra del “No vean TV Azteca”, esté medianamente preocupada por esta historia. ¿Qué pasó?
Canal Once vive de las viejas glorias de las administraciones del PRI, como los programas de Cristina Pacheco, y de las del PAN, como “31 Minutos”.
¿Usted cree que dentro de 20 años alguien vaya a llenar el Zócalo reviviendo los “gratos” recuerdos de la programación que esta señal del Instituto Politécnico Nacional tiene en este momento al aire?
Canal Once está solo, abandonado, y a las pruebas me remito: “El Once inicial mundialista”.
Llevo muchos días criticando los esfuerzos de nuestras televisoras alrededor de la gran fiesta futbolera del momento. El 17 de junio le publiqué aquí que “Futbol a la carta” de ESPN era mierda pura.
¡Pues qué cree! Si “Futbol a la carta” es mierda pura, “El once inicial mundialista” es como el vertedero de un hospital de abortos clandestinos con todo y la letrina. ¡Peor que la mierda! ¡Peor que los desechos tóxicos! ¡Peor que lo peor!
Si yo fuera Televisa o TV Azteca ya me estaría pirateando a toda esa gente porque esas mujeres y esos hombres son tan buenas, tan buenos, pero tan buenas, pero tan buenos, que están flotando por encima de la mierda.
Están haciendo televisión en circunstancias que jamás serían permitidas en ningún canal profesional del mundo. Y un equipo capaz de resolver en condiciones así de patéticas vale oro. ¡Son heroínas! ¡Son héroes! ¡Las admiro! ¡Los admiro! ¡Bravo!
“El once inicial mundialista” es como eran los sketches de “Ranchovisión” del programa “Desmadruga2” (2007) pero en serio: la miseria humana en su máxima expresión.
Uno lo mira y le da tanta lástima que dan ganas de aventarle monedas a la tele para que sus conductoras y sus conductores se compren un taco.
Jamás pensé que el canal de “El diván de Valentina”, de “XY” y de “La ruta del sabor” fuera a acabar así.
Y ahí están la pobre Zahara Mercado y el pobre Omar Guerrero, recargados contra una pared inmunda, mal iluminada, en una toma muy cerrada para que no se vean los cables, leyendo unos textos de una burocracia insoportable mientras fingen emoción futbolera.
¿Ahora entiende por qué le digo que valen oro? Cualquier otra comunicadora, cualquier otro comunicador, se hubiera ido corriendo de ahí.
Ella y él, no. Tampoco sus compañeros José María Hernández, Patricio Castillo y Enrique Noriega, que lo mismo hacen análisis que se sacan secciones de la manga (mientras de seguro preparan el café y las tortas para la producción).
No me cabe en la cabeza que un medio público con tanta gente tan brillante en noticias, cultura, gastronomía y mil y un fuentes (más las personas de producción y de las áreas técnicas) esté generando algo tan asqueroso.
¿Quiere pruebas de la porquería que es esto? Su sección de Once Niñas y Niños. ¡Me quiero morir cada vez que la veo!
¿Sabe en qué consiste? En una llamada telefónica con las actrices y los actores que prestan su voz para darle vida a estos personajes ilustrada a cuadro con la más pinche de las fotografías que encontraron.
¡Una llamada telefónica! ¡Una maldita llamada telefónica! ¡Como en 1959! ¡Me muero! ¡Me muero! ¡Me muero!
Está de más que le diga que para mirar este programa completo hay que aplicar la de “Naranja mecánica” (amarrarse a una silla y ponerse un fierro en los ojos para tenerlos siempre abiertos en modo tortura) porque uno ni se entera, ni se apasiona, ni conecta, ni se divierte. ¡Sufre!
“El once inicial mundialista” es, dicho en el peor de los sentidos, televisión de gobierno, televisión burócrata, un requisito que se tiene que hacer para llenar un reporte, para que exista una prueba de que sí se produjo algo para este evento deportivo sin nombre, para que alguien justifique su chamba.
El “pequeño” problema es que ayer se cumplió un mes de la toma de Canal Once, la más clara demostración de que a este gobierno no le interesan sus propios medios de comunicación, una de las páginas más oscuras de toda la historia de la televisión mexicana.
Y así ni la burocracia funciona. ¿O usted qué opina?