Creo que Los pecados de Bárbara fue el peor estreno que se le pudo haber ocurrido a los señores de Las Estrellas para iniciar 2020.
¿Por qué? Se lo voy a explicar así: la televisión no es solo producción, no es solo dramaturgia, no es solo reparto. La televisión son muchas cosas.
Para que un programa sea bueno se necesita un equilibrio entre un montón de elementos.
Los pecados de Bárbara nació para perder porque no es un concepto que encaje con los hábitos y costumbres que tenían las audiencias de Las Estrellas para consumir los lunes después del noticiario En punto.
¿O qué, acaso usted le encuentra algo parecido en fondo y forma con La parodia o con Alma de ángel?
Imagínese el cerebro de los televidentes pasando de aquellos tonos a estos. A ver, pase del agua helada al agua hirviendo y dígame cómo le va.
Por si esto no fuera suficiente, Los pecados de Bárbara se estrenó la noche del 6 de enero, al final de las vacaciones, al final del Día de Reyes.
¿Sabe usted cuántas familias mexicanas, el público natural de Las Estrellas, estaban despiertas y ansiosas de ver cosas nuevas ese lunes a esa hora? Yo diría que ninguna.
No, y no le he dicho lo peor, de un tiempo a la fecha, ver comedias en Las Estrellas es poco menos que un infierno.
No las pasan a las meras 23:00 horas, lo cual ya es horrible. Las pasan muchos minutos después y les meten unos cortes comerciales larguísimos que a leguas se nota que no entran cuando, estructuralmente, tienen que entrar.
Para no hacerle el cuento largo, la experiencia de ver programas cómicos ahí, a esa hora, es monstruosa, pesadísima, un auténtico reto intelectual para millones de hombres y mujeres que en ese momento están para todo menos para que los reten.
¿Qué persona, en sus cinco sentidos, puede esperar que un estreno se entienda, ya no se diga que guste, en semejante contexto?
Hasta aquí vamos mal. Se pone más feo: no se necesita tener doctorado en espectáculos para detectar que Los pecados de Bárbara es un proyecto que va por estándares de calidad muy superiores al común denominador del de las comedias mexicanas.
Yo no sé si esto sea bueno o malo. Lo que sí sé es que es algo que merece respeto.
¿Cuál es la bronca? Que cuando tienes un concepto así de sofisticado, así de ambicioso, lo lanzas de otra manera.
¿Cómo? Haciéndole un escándalo publicitario y programándolo como algo muy especial, con dos o tres episodios uno tras otro.
¿Para qué? Para que la gente comprenda la historia, para que se case con los personajes. Y no lo digo porque las audiencias sean estúpidas o los actores malos.
Lo digo porque, objetivamente, aquello no se entendió, quedó a medias.
Vimos un minicapítulo que no nos dijo nada, que no nos permitió nada y de ahí al próximo lunes, ¡ya para qué!, entre que se nos va a olvidar y entre que nos van a importar otras cosas, Los pecados de Bárbara terminará en desgracia.
Qué pena por tantas buenas intenciones, por tantos creativos tan maravillosos, por tantas figuras tan extraordinarias, por tantos lanzamientos tan interesantes.
Creo que Los pecados de Bárbara fue el peor estreno que se les pudo haber ocurrido a los señores de Las Estrellas para iniciar 2020. ¿Usted no?
alvaro.cueva@milenio.com