Política

Sobre la evaluación formativa

  • Apuntes pedagógicos
  • Sobre la evaluación formativa
  • Alfonso Torres Hernández

El proceso de evaluación en el campo educativo, particularmente en el ámbito de los aprendizajes siempre ha sido controversial por sus implicaciones. El tema coloca en polémica la práctica del docente, el desempeño de los alumnos y el papel de la escuela. Además, interpela las teorías pedagógicas y de aprendizaje articuladas al currículum vigente. En este sentido, la evaluación de aprendizajes debe ser un proceso cuidadoso y merece una atención, no solo del docente, sino de los otros actores involucrados (alumnos, directivos y padres de familia) por su trascendencia social. El enfoque y prácticas dominantes en la evaluación ha sido aquella cuyo propósito esencial es la medición de aprendizajes (expresada en una calificación) que reduce el proceso a una simple valoración de lo aprendido de manera superficial y no en el sentido de comprender y reflexionar sobre los diversos factores que intervienen en el aprendizaje.

Apunto la idea de que la evaluación de aprendizajes es un proceso comprensivo, estructurado y sistemático, de reflexión permanente, que nos lleva la conocimiento y comprensión del objeto de estudio que nos permite información sobre el mismo y estar en condiciones de formularnos juicios de valor para posteriormente tomar decisiones pedagógicas pertinentes que posibiliten dar sentido al proceso de formación de nuestros alumnos, ajustando y reorientando la acción pedagógica en su momento.

Acercarse a un proceso de evaluación en este sentido y trascender las prácticas pedagógicas centradas en la medición de aprendizajes ha sido una de las pretensiones de lo planteado en los planes de estudio de las últimas tres décadas, sin embargo, el fundamento y estructura curricular, aunado a la cultura institucional de las escuelas (exámenes como instrumento privilegiado, concursos de conocimiento, ponderación de los “buenos alumnos y maestros”, etc.), no ha sido de mucha ayuda. El enfoque curricular actual, no es muy distante en sus pretensiones, aunque propone la constitución de una cultura pedagógica diferente para colocar a la evaluación de aprendizajes como parte importante del proceso formativo. Es decir, considerar a la evaluación en sentido formativo desde pensar al conocimiento como una cuestión de complejidad y de multirreferencialidad y no como algo simple y medible.

La evaluación en sentido formativo considera en primer término que las maestras y maestros se apropien de una marco de referencia teórico-conceptual que les permita comprender con claridad la nueva narrativa pedagógica que se viene construyendo en relación a la inclusión, la equidad, la democracia, la justicia, la diversidad y la interculturalidad. Y tener claro que esta narrativa es el puente para trascender el paradigma dominante en educación centrado en la individualidad para arribar a uno centrado en la colectividad. Un paradigma que problematice sus prácticas pedagógicas de evaluación desarrolladas hasta ahora y lo lleve a tener una respuesta clara a las interrogantes de ¿qué evaluar?, ¿para qué evaluar?, ¿cómo y cuándo evaluar?

Una evaluación desarrollada desde un enfoque formativo coloca la docente en la reflexión permanente de la relación pedagógica con sus alumnos y del contexto social de realización de su práctica. Hay un acercamiento a la realidad de su acción educativa y comprensión de las condiciones de educabilidad de sus alumnos, así como de su proceso de desarrollo. Con este reconocimiento, los docentes pueden considerar una diversidad de recursos para la evaluación y no supeditar la valoración de los aprendizajes a uno sólo (el examen). Pensar en sentido formativo el aprendizaje, es tener presente las condiciones y posibilidades para acceder al conocimiento, tanto de manera individual como social.

La retroalimentación del proceso y el dialogo permanente aparecen como necesarios en la evaluación de aprendizajes con sentido formativo porque permiten una acción reflexiva y cuidadosa de todo el proceso, además de fortalecer el papel del docente en una posición crítica y liberadora. La evaluación en este sentido es pensar en la adquisición de una conciencia educativa que piensa y considera a la relación pedagógica como una relación entre seres humanos y entre sujetos pensantes, que toman decisiones pedagógicas pensando en la formación y no en la medición.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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