Bajo la premisa de recuperar la experiencia y práctica docente desde la puesta en marcha del Plan de Estudios 2022, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha planteado un proceso de evaluación denominado “La Nueva Escuela Mexicana a tres años”. La estrategia contempla la recuperación, diálogo y construcción colectiva de la experiencia a través de foros estatales, regionales y nacional donde el énfasis este centrado en la experiencia como fuente conocimiento y reflexión pedagógica. Si bien la intención es relevante, conviene advertir que el proyecto político-pedagógico de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) no debe circunscribirse al ámbito curricular y de la práctica, requiere, como recurrentemente lo he apuntado, de una mirada más integral de sus diversos componentes. Apunto algunos aspectos que merecen una valoración por su estrecha relación con el desarrollo de la práctica docente y la construcción e la experiencia.
Es importante detenerse a valorar y revisar los cimientos filosóficos, políticos, educativos, culturales, sociales y económicos que sostienen la NEM, particularmente en la congruencia con las estrategias, acciones y formas sociales para su desarrollo. En este ámbito es primordial la reorientación urgente de la lógica administrativa que define el rumbo de los procesos y prácticas, mientras en lo curricular se exige a los docentes la apropiación de nuevos enfoques y metodologías, la estructura administrativa(funcionarios y mandos medios) sigue anclada en modelos de antaño con estilos ortodoxos, autoritarios y respondiendo a paradigmas de racionalidad técnica. Estas formas tienen alcance en la función directiva y de supervisión donde prevalece la verticalidad y vigilancia del cumplimiento de lo establecido sin considerar la particularidad de las condiciones.
Otro aspecto importante tiene que ver con los procesos de formación. El tránsito de paradigma curricular debe ser atendido con acciones formativas puntuales que aborden el fundamento teórico-metodológico y estructura curricular de manera permanente, así como también sobre los modelos de gestión democrática. En los últimos años, las acciones formativas han estado asociadas a los procesos de promoción lo que cambia sustancialmente la intención, además de que no se advierten procesos formativos para los docentes de nuevo ingreso o bien para quienes acceden a funciones directivas o de supervisión.
El curriculum debe ser revisado en su integralidad. El enfoque humanista y enfoque de capacidades debe ser clarificado para su comprensión. De la misma forma, fortalecer y clarificar la intención de la articulación y transversalidad curricular (ejes y campos formativos), así como el análisis de lo que significa la fragmentación e integración curricular. La cuestión metodológica requiere de una mayor apertura y no ceñirse únicamente al aprendizaje por proyectos, la amplitud y diversidad del conocimiento así lo demanda. En este ámbito, una atención especial de valoración lo constituyen los materiales, particularmente los libros de texto, los cuales deben ser congruentes con el fundamento y estructura curricular que se vaya modificando y nunca ceñirlo como inamovibles en su diseño y contenido.
Por último, una revisión y análisis cuidadoso de las condiciones institucionales: infraestructura y equipamiento, número de alumnos por grupo, normativas de convivencia escolar, revaloración de la función magisterial y mejora de las condiciones laborales.