Política

El administrador educativo profesional

  • Apuntes pedagógicos
  • El administrador educativo profesional
  • Alfonso Torres Hernández

La complejidad del sistema educativo hace necesario que para su organización y funcionamiento se cuente con profesionales en el campo de la administración y gestión educativa. La evolución que ha tenido la administración pública reclama nuevos modelos y estrategias de acción, nuevos administradores y nuevas formas de pensar. La administración educativa, con sus problemas y necesidades, es un reflejo de la administración pública. En este sentido, un punto de partida para comprender esa complejidad es tener presente que la educación es una totalidad donde cada una de sus partes están interrelacionadas entre sí. Esta mirada es una invitación a trascender la concepción tradicionalista de la administración como algo que sólo busca el orden y la vigilancia del sistema para transitar hacia una concepción más dinámica y versátil. La estructura administrativa de los sistemas educativos entonces debe modificarse para hacer más pertinente y efectiva la enseñanza y aprendizaje como lo exige la sociedad actual.

En este proceso de innovación de la administración y gestión educativa juega un papel importante el administrador educativo. En primer lugar, debe ser una persona con formación profesional que posea un saber especializado de su campo. Los procesos de planeación, desarrollo y evaluación institucional requieren de la consideración de elementos que respondan a los requerimientos y problemáticas de las organizaciones e instituciones. Un saber especializado supone también la incorporación de elementos teórico-metodológicos y herramientas tecnológicas actuales que permiten una atención más puntual de las necesidades. En segundo lugar, es una persona que garantiza la construcción de ambientes institucionales favorables para el desarrollo y logro de los objetivos de la organización. La interacción con sus pares, superiores y subordinados se desarrolla en un marco de respeto y empatía, teniendo como filosofía el bien común de la organización. En tercer lugar, su responsabilidad y honestidad en el manejo de los recursos financieros, humanos y materiales. La administración pública reclama un distanciamiento de prácticas de corrupción que deterioran la condición y avance de las organizaciones. El sistema educativo ha sido enormemente lastimado en ese sentido y requiere de personas con alto sentido ético-profesional.

Por otra parte, la formación del administrador educativo debe fortalecerse en el desarrollo de capacidades que involucren los cambios que enfrentamos en sociedad: mayor democracia, justicia e inclusión; diversidad e interculturalidad: pensamiento crítico; nuevas tecnologías e inteligencia artificial; equidad de género, entre otros. Es importante que el sistema educativo se articule con las instituciones de educación superior que forman administradores educativos para generar espacios de acercamiento y vinculación. De igual manera es importante que en el sistema educativo no se improvise con personas que poseen otros perfiles profesionales y se ubican en puestos y cargos que corresponderían a un administrador educativo con formación profesional y especializada. Los problemas educativos que enfrentamos en la estructura de administración y gestión y que impactan de manera negativa en los procesos educativos requieren de nuevas miradas, nuevas formas de pensar y nuevas acciones que los administradores educativos formados profesionalmente pueden aportar.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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