Política

El profesional docente reflexivo

  • Apuntes pedagógicos
  • El profesional docente reflexivo
  • Alfonso Torres Hernández

La exigencia de reflexionar la práctica docente se ha acuñado desde hace décadas en las narrativas que interpelan la realidad educativa desde posicionamientos críticos. Desde esta mirada, la profesión docente se reconoce como algo inherente a la actividad reflexiva. Se piensa y se reflexiona sobre la planificación de la acción pedagógica. Se piensa y reflexiona la acción pedagógica misma. Y se piensa y reflexiona sobre los resultados de la acción pedagógica. La docencia entonces se reconoce en un continuum de reflexión-acción en y sobre la práctica. La actividad reflexiva en y sobre la docencia supone un posicionamiento ante la realidad que enfrentan cotidianamente las maestras y maestros en su aula, escuela y entorno. Lo anterior nos lleva a preguntarnos ¿qué tan consistente y lúcida es la reflexión que se hace? Aproximemos algunos referentes para configurar una respuesta.

En primer lugar, la docencia como profesión, exige en quien la desarrolla la solidez en tres cualidades: a) el saber pedagógico, que consiste en el conocimiento teórico-conceptual de los procesos inherentes a la práctica como lo es la educación, enseñanza, el aprendizaje, el currículum, la política, la gestión, entre otros; b) el saber-hacer, que refiere a un desarrollo didáctico amplio y preciso para la enseñanza que permita articular la teoría y práctica con claridad y sentido; c) y el valer-ser, que nos coloca en un posicionamiento claro respecto a nuestros valores e ideología para establecer una relación armónica con los otros.

En segundo lugar, los marcos de referencia, construidos en la trayectoria y experiencia profesional deben ser lúcidos, amplios y consistentes. La práctica cotidiana nos exige muchas veces respuestas inmediatas, la reflexión debe ser prudente y puntual, y un marco de referencia nos ayuda a ello. La lectura y apropiación de la teoría enriquece esta posibilidad. Conocimiento práctico (obtenido de la experiencia) y conocimiento teórico (obtenido de la lectura) se armonizan para fortalecer la reflexión.

Y en tercer lugar, el ejercicio de la comunicación. La reflexión-acción se alimenta mejor si dialogamos nuestra práctica. La puesta en común de nuestras problemáticas, supuestos, experiencias, saberes y formas prácticas de enfrentar la enseñanza en nuestro contexto particular nos permite que los otros la interpelen desde sus saberes. Las convergencias y divergencias que puedan existir, enriquece nuestra reflexión y acción pedagógica. Se genera un espacio de realimentación permanente. Conversar en colectivo nos ayuda a reconocer lo común y lo diverso en un mismo sentido: transitar a una mejor educación.

Reconocer estos tres elementos nos ayuda a valorar el nivel de reflexión que hacemos en y sobre nuestra práctica, nos ayuda a dar mayor claridad al modelo curricular actual y comprender el sentido de los diversos dispositivos y las distintas narrativas que nos propone para el desarrollo y formación crítica de nuestros alumnos.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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