El fenómeno educativo necesita pensarse. El docente, como profesional de la pedagogía y de la enseñanza debe desarrollar su pensamiento en el sentido de comprender lo qué enseña, cómo lo enseña, para qué lo enseña y por qué lo enseña. Es decir, debe entrar en un ámbito de profesionalizar su reflexión y su acción. Dicho de otra manera, los docentes deben transitar hacia un desarrollo intelectual transformativo. Henry Giroux (1990) sostenía que al contemplar a los profesores como intelectuales, podemos aclarar la importante idea de que toda actividad humana implica alguna forma de pensamiento. Ninguna actividad, por rutinaria que haya llegado a ser, puede prescindir del funcionamiento de la mente hasta una cierta medida. Este es un problema crucial. Porque, al sostener que el uso de la mente es un componente general de toda actividad humana, exaltamos la capacidad humana de integrar pensamiento y práctica, y al hacer esto ponemos de relieve el núcleo de lo que significa contemplar a los profesores como profesionales reflexivos de la enseñanza.
Si esto es así, será posible que los docentes dejen de ser ejecutores profesionalmente equipados para hacer realidad efectiva cualquiera de las líneas y acciones de política que les indiquen, para transitar hacia contemplarse y desarrollarse como docentes libres y amantes del pensamiento y la inteligencia para favorecer el desarrollo de las capacidades críticas de sus alumnos. En este sentido, es necesario el compromiso con un debate permanente sobre los posicionamientos teóricos y prácticos en educación para redefinir la naturaleza de la crisis educativa que vivimos y proporcione elementos alternativos para superarla, entre ellos la formación y trabajo cotidiano de los profesores. En otras palabras, el reconocimiento de que la actual crisis educativa tiene mucho que ver con la tendencia progresiva a la reducción del papel de los profesores en todos los niveles educativos es un prerrequisito teórico necesario para que los docentes se organicen con eficacia y dejen oír colectivamente su voz en el actual debate. Lo anterior, permitirá que la percepción social del docente sea orientada hacia verlos en su papel de profesionales de la reflexión y enseñanza.
La formación docente entonces, debe orientarse al sentido de dotar a los profesores de capacidades intelectuales que les permitan comprender, analizar, evaluar, sintetizar, renovar, adaptar, producir y difundir conocimientos, así como reflexionar, convivir, dialogar, compartir, actuar y resolver problemas en contextos marcados por la diversidad social y cultural, todo ello en, para, sobre y desde el campo de la educación. es decir, fortalecer el desarrollo de su pensamiento crítico.
El valor del pensamiento crítico radica justamente ahí en su reconstrucción y su renovación sistemática que alimenta y profundiza las relaciones de la crítica con las contribuciones intelectuales –teóricas—y con las prácticas sociales y educativas, posibilitando el crecimiento de su fuerza. El pensamiento crítico en educación está convocado como lo ha hecho la propia Teoría crítica a lo largo de su historia, a superar lo superado, a refundar lo refundado, a reconstruir lo construido, a reinterrogar lo establecido, a elucidar lo elucidado, esto es, a elaborar y reelaborar la crítica del pensamiento crítico en vista de hacer suya la empresa emancipadora y liberadora a través de la educación (Ducoing, 2011).
Uno de los puntos de partida que debe tomarse en cuenta para la formación de los docentes, es la comprensión del fenómeno educativo como la posibilidad de contribuir a la educación integral del ser humano. Para llegar a esta comprensión, surge la necesidad de hacer uso de una de las facultades esenciales del ser humano: el pensamiento, que le permite al hombre reconocerse a sí mismo, “saberse” y pensarse en su individualidad y particularidad.
Con ello, es posible reconocer que una educación y pedagogía de desarrollo del pensamiento se considera teóricamente muy importante; por ello, se puede afirmar que un reto crucial que los educadores tenemos en la actualidad es que nuestros estudiantes enfrenten con éxito y sensibilidad los cambios que su contexto social le impone. Luego entonces, la educación en la actualidad ha de estar basada en el desarrollo de un pensamiento crítico, lógico, analítico y reflexivo; es decir, el pensar de forma autónoma (autoexpresión y análisis).
Finalmente, apunto algunas ideas de Freire (1991) que complementan lo anterior.
• El pensamiento crítico es pensamiento y es acción.
• El pensamiento crítico está profundamente cimentado en el concepto de libertad, concepto que pone al servicio de la transformación de los procesos educativos y sociopolíticos.
• Los actos educativos no son neutrales. Todo acto educativo es una acto político.
• El pensamiento crítico denuncia la tarea educativa como instrumento de dominación ideológica, pero también el reconocimiento y la manifestación de que la acción educativa ofrece oportunidades para la acción emancipatoria.
torresama@yahoo.com.mx