Solidaridad con Venezuela
M+.- La mayoría de las descalificaciones a López Obrador soslaya una de sus peores herencias, la política exterior. Poco se ha hablado del daño que AMLO hizo a México en el ámbito de las relaciones internacionales. Dicho sea de paso, habiendo dejado tantos estropicios reales, no sé por qué hay quienes recurren a historias falsas. La verdad es suficiente para hacerle reclamos, y yo quiero hoy reclamarle su desastrosa conducción de las relaciones bilaterales.
La injerencia de AMLO en los asuntos internos de varios Estados de América Latina erosionó la presencia mexicana en la región. En su (vano) afán de convertirse en líder de la izquierda latinoamericana, el campeón de la retórica de la no intervención y de la autodeterminación de los pueblos intervino una y otra vez en asuntos internos de Bolivia, Panamá, Argentina, Colombia, Perú, Ecuador; en este último caso contó con la insolencia de Noboa, sin duda, pero fueron la impertinencia y rijosidad obradoristas las que acabaron perjudicando a México. Y con España, la ocurrencia de exigirle una disculpa por la Conquista provocó una espiral de desbocamientos y “pausas” igualmente perjudiciales. Todos esos pleitos gratuitos fueron, además, mal peleados.
Claudia Sheinbaum, que ha tenido que cargar con ese lastre, parece haber decidido quitárselo de encima. Pese a que arrancó su gobierno refrendando las obsesiones de su predecesor, tanto en el diferendo español como en los otros, la semana pasada se percibió en ella cierta voluntad para enmendar las cosas. No se empecinó en cuestionar el triunfo de la derecha colombiana o la peruana y mostró interés en mejorar las relaciones con ambas naciones, lo cual refleja su comprensión de que la bilateralidad se da entre países y no entre ideologías. A mí me repele la extrema derecha de Fujimori y De la Espriella tanto como la de Milei y Kast, pero sus votantes los eligieron y ellos son los presidentes. Aunque me duele ver que el centro se desvanece en muchas partes del mundo y que casi no hay candidatos socialdemócratas, parafraseo a un viejo sabio: la política exterior se hace con los que están, no con los que deberían de estar.
Por lo demás, celebro la reunión de la presidenta con el rey de España. Felipe VI dio el primer paso con su declaración en la exposición sobre la mujer indígena en Madrid, Sheinbaum dio el segundo al recibirlo en Palacio Nacional. El simbolismo dio paso a la realidad: en vez de seguir discutiendo sobre lo que hizo Hernán Cortés hace 500 años debemos hablar de lo que puede hacer la inversión y la cooperación económica hoy y mañana en beneficio de los mexicanos. Yo tengo varios argumentos contra la mutilación de nuestra identidad (a querer o no, los tres siglos de la Colonia incidieron tanto en la mexicanidad como el pasado prehispánico) pero por ahora me conformo con el realismo.
Con todo, el problema de fondo, el que parece resolverse en el terreno internacional, es la polarización y el enojo en que se sustenta. Y desgraciadamente no veo en la política interior mexicana ninguna señal de cambio. El maniqueísmo de la 4T, con la toxicidad que divide y corroe a nuestra sociedad, sigue ahí. Me temo que en cuanto acabe el goce del Mundial y regresemos al México real volverá la crispación.