Política

¿Borrachos o cantineros?

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M+.- La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es una organización sindical sui generis. Es la disidencia del magisterio oficial (SNTE), y disiente radicalmente. Mientras que el SNTE se propone defender los derechos laborales y sociales de los maestros, la CNTE declara que “Es una escuela preparatoria para la lucha general contra la burguesía y su Estado, con el objetivo de destruir al Sistema Capitalista” y que “No concilia ni trata de armonizar con el enemigo” (22 Principios, puntos 5 y 6). El primero es un sindicato fundado dentro del régimen de partido hegemónico (no en el cardenismo, por cierto, sino en el sexenio de Ávila Camacho, en 1943) y la segunda es una agrupación de corte marxista.

Los gobiernos mexicanos, lo mismo priistas que panistas o morenistas, no han sabido descifrar a la CNTE. Una y otra vez, desde que se fundó en 1979, se han equivocado en sus negociaciones con ella. Saben que suscribe un sindicalismo distinto al del México posrevolucionario, que es extremista y que algunos de sus dirigentes seccionales han estado cerca de la guerrilla en Oaxaca y otros estados, y sin embargo nunca pierden la vana ilusión de cooptarla. Y no es que esté exenta de corrupción, es que no está hecha para operar en un esquema de corporativismo tradicional. Un grupo que pugna por la destrucción del capitalismo, cuyo objetivo irrenunciable es forjar una sociedad sin clases, no responde a la lógica política convencional. Sí, presiona y se moviliza y negocia para obtener dinero y plazas, como lo acaba de hacer por enésima ocasión, pero no renuncia a agudizar contradicciones.

El hecho de que presidentes del PRI y del PAN hayan creído que podían meter a la CNTE en la ortodoxia sindical es más o menos comprensible. Aunque el Cisen y otros órganos de inteligencia les advirtieran que no solo no era susceptible de cooptación sino que era un foco rojo de seguridad nacional, en el fondo tenían la esperanza de hacerla parte de su esquema corporativo. Que López Obrador y sobre todo Sheinbaum lo hayan pensado es más difícil de entender. Tal vez AMLO, por su formación priista, hizo cálculos similares a los de sus predecesores, pero CSP debió saber que plantear en campaña la derogación de la ley del Issste de 2007 era darle alas en detrimento propio.

No es el síndrome de borrachos y cantineros, aquello de que desde la oposición se adoptan posturas irresponsables que en el gobierno se tienen que abandonar, porque Morena lleva ya siete años manejando la cantina. Es la obnubilación del poder, que llevó a AMLO a creer que la CNTE podía ser su aliada (léase subordinada). Ciertamente, CSP manejó bien la coyuntura de la presión magisterial de cara a la inauguración de la Copa del Mundo y planteó una buena salida: no se negociará con la cúpula, se consultará a la base. Pero luego la desvirtuó pagando para terminar el plantón, a sabiendas de que esos acuerdos no son clausuras: son recesos.

El debilitamiento coyuntural de la Coordinadora no representa un cambio estructural en la correlación de fuerzas. Pronto regresará, recargada. Y la 4T no podrá lidiar eficazmente con ella si no se define: ¿la escuela sirve para que todos vivamos mejor en este mundo capitalista o sirve para librar “la lucha general contra la burguesía y su Estado”?


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Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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