El próximo domingo podremos ver historia, pues no solo los New England Patriots podrían convertirse en la franquicia más ganadora de la historia de la NFL, sino que además convertirían a su dueño, Robert Kraft, en el empresario que más Vince Lombardi ha levantado desde la creación de la liga hace más de 100 años.
Pero este éxito, construido desde que compró la franquicia en 1994, no fue casualidad: fue un proceso de planeación, inteligencia y algo de suerte, pues hasta ahora sus seis victorias en elSuper Bowl las logró con el mejor mariscal de campo en la historia de la liga, Tom Brady (aunque muchos aún lo cuestionan), y con uno de los entrenadores más exitosos: Bill Belichick.
En todos estos años solo hay una constante: Robert Kraft, un empresario que apostó contra todo pronóstico y terminó cambiando para siempre el rumbo de una franquicia y de la liga.
Patada inicial
Robert Kraft nació en Brookline, Massachusetts, en una familia judía ortodoxa moderna. Fue hijo de Sarah Bryna Webber y de Harry Kraft, un fabricante de vestidos que trabajaba en el barrio chino de Boston y que además era líder laico de la Congregación Kehillath Israel.
Desde niño, Kraft aprendió el valor del esfuerzo, pues vendía periódicos afuera del Braves Field, en Boston, y entendió temprano que el trabajo constante podía abrir puertas. Durante su etapa escolar asistió a la Edward Devotion School y más tarde se graduó de la preparatoria de Brookline. Aunque le gustaban los deportes, su participación fue limitada: la observancia del sabbat y los estudios de hebreo después de la escuela eran prioridad en su hogar.
Su talento académico lo llevó a la Universidad de Columbia, donde obtuvo una beca y se desempeñó como presidente de su clase. En el ámbito deportivo jugó tenis y fue safety en los equipos de fútbol americano de primer año y peso ligero, mientras vivía en Carman Hall.
Pero fue en la etapa universitaria cuando su vida personal también tomó rumbo: en 1962 conoció a Myra Hiatt en una tienda de delicatessen en Back Bay, Boston, y un año después se casaron, el mismo año en que Robert se graduó de Columbia.
En 1965 obtuvo una maestría en administración de empresas en la Escuela de Negocios de Harvard, cerrando así una etapa clave de formación.
.Antes de enfocarse por completo en los negocios, Kraft coqueteó con la política, pues a los
27 años fue elegido presidente del Comité Demócrata Municipal de Newtony consideró postularse al Congreso en 1970. Sin embargo, decidió no hacerlo,
ya que la pérdida de privacidad, la presión familiary el suicidio de su amigo, el legislador estatal H. James Shea Jr., lo alejaron definitivamente de ese camino.

Formación escopeta
La carrera empresarial de Robert Kraft comenzó de la mano de su suegro, Jacob Hiatt, en el Grupo Rand Whitney, una empresa de embalajes con sede en Worcester. En 1968, Kraft logró tomar el control de la compañía mediante una compra apalancada y desde entonces se mantiene como presidente.
Cuatro años más tarde fundó International Forest Products, una empresa dedicada al comercio físico de productos de papel. Kraft ha explicado que tuvo la corazonada de que el crecimiento de las comunicaciones y el transporte internacional impulsaría una expansión del comercio global hacia finales del siglo XX, y no se equivocó.
Ambas compañías se consolidaron como algunas de las empresas privadas de papel y embalaje más grandes de Estados Unidos. International Forest Products se posicionó entre los cien principales exportadores e importadores del país en 1997 y, para 2001, ocupó el séptimo lugar en el ranking del Journal of Commerce. Kraft solía explicar con orgullo que sus productos iban desde cajas para misiles Patriot hasta empaques para cosméticos, dulces, juguetes y marcas como Estée Lauder, Polaroid o Indiana Glass.
Su olfato empresarial también lo llevó al sector de medios, pues fue inversionista de New England Television Corp., que obtuvo la licencia del canal 7 en Boston en 1982, y un año después ingresó a su junta directiva; en 1986 fue nombrado presidente de la corporación.
Para ese momento, Kraft ya se había consolidado como un empresario de peso, pues en la actualidad ocupa el lugar número 240 en la lista de multimillonarios de Bloomberg, con una fortuna estimada en al menos 13 mil 100 millones de dólares, y es fundador y CEO de The Kraft Group, un conglomerado con inversiones en deporte, bienes raíces, tecnología y manufactura.
Ave María
Mucho antes de ser dueño de los New England Patriots, Robert Kraft ya era su aficionado y seguía al equipo desde los días de la American Football League. Era abonado desde 1971, cuando la franquicia se mudó al Schaefer Stadium. Esa pasión sería clave para una de las historias más singulares en la NFL.
En 1985, Kraft compró una opción a diez años del Foxboro Raceway, una pista de carreras de caballos ubicada junto al estadio, y de ahí la jugada fue estratégica: impedía que el entonces propietario del equipo, Billy Sullivan, organizara eventos ajenos a los Patriots mientras hubiera carreras. Kraft entendió algo esencial: los Sullivan eran dueños del estadio, pero no del terreno circundante.
En ese entonces la familia Sullivan atravesaba problemas financieros derivados de malas inversiones, entre ellas la gira Victory Tour de The Jackson Five en 1984, que obligó a usar el estadio como garantía.
En 1988, el estadio cayó en bancarrota y Kraft superó a varios competidores para comprarlo por 22 millones de dólares. Aunque era considerado obsoleto, incluía el arrendamiento de los Patriots hasta el año 2000.
Kraft intentó comprar la franquicia ese mismo año, pero perdió ante Victor Kiam; sin embargo, su posición era fuerte, pues cuando Kiam y Sullivan buscaron trasladar el equipo a Jacksonville, Kraft se negó a romper el contrato de arrendamiento. Kiam terminó ahogado por malas inversiones y vendió el equipo a James Orthwein en 1992.
Dos años después, Orthwein le ofreció a Kraft 75 millones de dólares para liberar el contrato del estadio y mudar al equipo a St. Louis. Kraft se negó. Orthwein, sin interés en mantener a los Patriots en Nueva Inglaterra y presionado por los términos legales, terminó aceptando una oferta directa de Kraft por 172 millones de dólares, la cifra más alta pagada por una franquicia de la NFL hasta ese momento.
¡Touchdown!
Kraft reconoció que su pasión lo llevó a romper todas sus reglas financieras y que incluso cree haber pagado de más, pero la historia le dio la razón, ya que desde 1994 los Patriots agotaron todas sus entradas de local sin interrupción. Tan solo en 2023, Forbes valuó a la franquicia en 7 mil millones de dólares.
Más allá del negocio y los títulos, Kraft también ha usado su éxito para causas sociales. En 2020 subastó su anillo del Super Bowl LI por más de un millón de dólares para apoyar a personas afectadas por la pandemia de covid-19.
La visión de Kraft se extendió más allá del equipo, ya que en 2002 financió la construcción de un estadio de 350 millones de dólares, hoy conocido como Gillette Stadium, y en 2007 desarrolló Patriot Place, un complejo comercial y de entretenimiento de 375 millones de dólares que incluye un museo y el salón de la fama del equipo.
En lo deportivo, tomó decisiones que marcaron época, pues en 2000 intercambió una selección de primera ronda para contratar a Bill Belichick y ese mismo año eligió en la sexta ronda del draft a Tom Brady. Juntos construyeron una de las dinastías más exitosas del deporte profesional, con seis Super Bowls, nueve campeonatos de conferencia y 16 títulos divisionales.
AG