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  • Alma Guillermoprieto: “Que el futuro no se parezca a nuestro pasado”

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Alma Guillermoprieto, periodista mexicana, autora de ‘Esta improbable tierra prometida’. (EFE)

El más reciente libro de la periodista Alma Guillermoprieto arroja una acre mirada a las naciones aquejadas por la corrupción, la desigualdad y el caudillismo.

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El destino quiso que fuera periodista, aunque Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) quería ser bailarina. Al ser rechazada por una compañía en Nueva York, en 1970 viajó a Cuba para dar clases de danza. Años después, comenzó su trabajo de reportera durante la revolución que terminó con la dictadura de los Somoza en Nicaragua. Autora de una veintena de títulos, como La Habana en un espejo, Samba y Los placeres y los días, destaca entre sus reconocimientos el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2018). Esta improbable tierra prometida, publicado en inglés en el 2025 (Debate, 2026; traducción de Laura Emilia Pacheco), es su más reciente libro.

Cuatro décadas de recorrer Latinoamérica. Esta improbable tierra prometida ¿cierra su trabajo periodístico? ¿Escribirá aún?

¡Claro que sí!, aunque no voy a hacer el tipo de reportería físicamente tan agotadora que es especialidad de los jóvenes; de ahí la decisión de cerrar esa etapa con esta colección. Pero siempre hay más cosas que decir sobre el mundo. Últimamente he escrito sobre Venezuela, Frida Kahlo y la historia de Joe Pilates, inventor de las máquinas y el acondicionamiento físico que hoy tiene practicantes en todo el mundo. Sus primeros seguidores fueron los bailarines—yo empecé a entrenarme con su sistema desde los 19 años—. Joe, así le decía todo el mundo, tuvo una vida fascinante. Me di cuenta de que la gente que dice que hará pilates seguramente no sabe quién inventó esa técnica y quizá le gustaría saber. El texto de Frida Kahlo surgió al ver la cantidad de chácharas horrendas a la venta por todo el mundo, que convierten a Frida en llavero, cubrecama, calcetines…Me dieron ganas de limpiar su recuerdo y contar nuevamente su historia.

¿Cuál fue su primera crónica?

Al final de la década de 1980 acababa de escribir un libro de no-ficción: había pasado un año con una comunidad carnavalesca en la favela de Mangueira, en Rio de Janeiro (acabé por irme a vivir a la favela), y cuando entregué el manuscrito a mi editora en Random House me di cuenta de que me sentía muy cómoda en ese formato de largo aliento, y que quería seguir escribiendo así, en extenso, impregnándome de la misteriosa realidad de los lugares que visitaba, llenándome de preguntas, seduciendo a los lectores, ojalá, y, ojalá también, llenándolos de más preguntas sobre los misterios de nuestra tremenda y maravillosa realidad. Pero si digo que me sentía cómoda no quiero decir que escribir me resulta fácil, al contrario; escribir es un horror. Me fue bien con el libro, por cierto. Fue finalista para el National Book Critics Circle Award, pero nunca he dejado de sentir que debía haber guardado el manuscrito en el cajón un par de años para luego revisarlo mejor.

Mi primera crónica —si definimos la crónica como un reportaje literario de no ficción— es un texto sobre la ciudad donde vivía entonces—Bogotá—en los tiempos del terror de Pablo Escobar. Se publicó en The New Yorker en 1989, y abre la primera colección de mis textos al español: Al pie de un volcán te escribo. Llevaba más de una década como reportera de noticias en The Guardian de Inglaterra, The Washington Post, y Newsweek. Antes había empezado una crónica que nunca llegué a terminar y me sigue dando vueltas en la cabeza: la historia de la masacre en el pueblo de Segovia, Colombia, en 1988. En el momento no tuve las herramientas para narrar una historia tan complicada, y la abandoné un año después. La historia de ese fracaso abre Esta improbable tierra prometida. Ya ves que para los escritores todo es tema, hasta el fracaso. Es como si te encontraras en un baúl con una ropa de hace mil años que nunca usaste y que ahora descubres que te sienta bien.

El título, Esta improbable tierra prometida, ¿evoca el pasaje bíblico de la Tierra de la Promesa, donde es posible la liberación y un futuro próspero? Si no fuera por el adjetivo “improbable”.

Aunque reverberan en él todas las tierras de la promesa, es una frase tomada de uno de los relatos del libro —el que habla de lo que ha significado el proceso de paz en Colombia—. Ese texto narra la historia de un pueblo campesino que debió huir después de una masacre en quelas víctimas fueron asesinadas con sierra eléctrica en presencia de sus familiares. Veinte años después, a raíz de que se firmaron los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), los antiguos habitantes decidieron volver a un pueblo yermo, lleno de pobreza y recuerdos insoportables. Pero era “su”, y juntaron peso con peso para conseguir el transporte para todos y arrancar de nuevo: esa era su improbable tierra prometida.

La portada es una fotografía de Pablo Ortiz Monasterio: una zona desértica, un camión y personas fantasmales con maletas.

México siempre ha sido cuna de grandes fotógrafos, y me costó trabajo elegir una imagen entre tantas tan terribles y hermosas que vi. Me gusta mucho que mis libros en Debate, la colección de no-ficción de Penguin Random House, lleven una imagen fotográfica en la portada. Desde Manuel Álvarez Bravo, pasando por Francisco Mata Rosas, Rafael Doniz, Maya Goded, Raúl Peñaranda, Lourdes Grobet, Mariana Yampolsky, vi muchas imágenes para la portada, pero cuando revisé el portafolio de Pablo, la misma foto dijo “yo soy”. La foto es de Tehuantepec, pero algo tiene de ese mundo descarnado de la fotografía de Rulfo. En esta foto, como en el propio Pablo, hay una inmensa vitalidad. El camión se ha quedado varado, no por primera vez, y se volverá a varar, y los pasajeros seguirán su camino, y seguirán empujando el autobús, una y otra vez, y la foto no nos dice si llegará a algún destino. Eso tiene que ver con el título.

A propósito de Rulfo, ¿qué le dejó la lectura de Pedro Páramo?

Me conmueven más los cuentos de El llano en llamas. Tal vez por ser tan cortos tienen una intensidad de lumbre. Cada frase quema, y el humor es como de alguien que está de regreso del infierno. El arranque del último cuento, “Anacleto Morones”, es inolvidable: “¡Viejas, jijas del demonio!” Mi adorado editor en The New Yorker, John Bennet, que al morir dejó huérfanos a todos sus autores, decía que si le quitas el treinta por ciento a cualquier texto hasta el que parecía más perfecto brilla más. Así parece que escribía Rulfo. Le iba quitando a cada frase, a cada párrafo, hasta lo que parecía indispensable, y no: lo que quedaba era todo lo que tenía vida.

Menciona en el libro a Harry Potter. ¿Por qué?

Estando ya en edad de no hacer esos desfiguros, esperé cada siguiente libro de la serie de Harry Potter, y un año hasta hice fila en la librería hasta la medianoche para comprar el nuevo, junto con otros amigos. En realidad, Harry Potter es una sola novela en seis tomos, que mantiene un control absoluto de la narración y el estilo. Los episodios son cada vez más dark pero a Harry Potter, niño huérfano y traumatizado, lo sostiene la amistad valiente de sus dos compañeros. Gracias a ellos logra ser heroico. Todo eso me gusta. Además, hay en Hogwarts un mundo tan festivo, e invenciones tan llenas de humor—el pensieve, el juego de quidditch, los espejos que te muestran lo que quieres ver, las fotos que te saludan, los pets de Hagrid—que los niños no quieren salir del embrujo de sus páginas. Es una novela utópica. En la realidad las utopías, porque quieren ser perfectas, son inevitablemente estériles y, en el peor de los casos, producen verdaderos desastres (ver, por ejemplo, a Cuba y Nicaragua, que en algún momento nos ilusionaron a muchos). Las utopías que se llevan a la realidad son un desastre, pero en la fantasía y la literatura me consuelan y me permiten soñar.

¿Su bruja preferida en la obra de JK Rowling?

Me encanta Tonks, la bruja moderna con el pelo teñido de rosa.

Escribe también sobre la gran riqueza cultural latinoamericana, desde la gastronomía hasta los cenotes mayas.

Me gusta la vida y los que traen nuevas cosas al mundo, sean las guajolotas de bolillo y tamal, sea una película que logra atrapar el tiempo. Me gustan los creadores, y como me provocan curiosidad, me lleno de preguntas hasta que no me queda más remedio que salir a hacérselas a los protagonistas. Así he escrito sobre la cocina oaxaqueña y Roma de Cuarón. Si por mí fuera, solo escribiría acerca de este tipo de temas, pero resulta que, gracias a la Guerra de las Drogas que se inventaron los gringos más o menos desde mediados de la década de 1970, América Latina se volvió cada vez más violenta, y de paso más injusta y fragmentada. Decía yo, si no escribo sobre esto, ¿quién? Y por supuesto que la respuesta es decenas de reporteros más, extraordinariamente valientes, creativos y sensibles, pero eso no me exime de la responsabilidad de seguir sus pasos. Hay de todo en la última colección que acaba de salir. Porque en el mundo hay de todo.

¿Qué opina sobre la inteligencia artificial?

La computadora es una herramienta como la máquina de escribir y la pluma fuente. Más eficiente, pero herramienta nada más. Es un artificio que tiene la capacidad de raciocinio y que sabe crear imágenes, textos, monstruos, recetas. Cuando salieron las calculadoras a todo el mundo se le empezó a olvidar cómo hacer sumas y restas. Ahora con la IA el temor es que se nos vaya a olvidar cómo pensar.

¿Alguna pregunta a la que no le haya encontrado respuestas?

Mi oficio no es encontrar respuestas, y si lo fuera, no me daría la inteligencia para tanto. Cuando reporteo, me apasiona buscar las preguntas importantes. No me he hecho tal vez las más necesarias. Por ejemplo:¿cuánta agua le va a quedar al mundo si se incendia todo el Amazonas?, ¿Donald Trump realmente cree que Venezuela va a tolerar que Marco Rubio sea su regente? Pero también, ¿quién será el maquillista de la copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo? Y, por último, la más incontestable y la más importante de todas: ¿cómo cambiamos nuestro futuro para que no se parezca a nuestro pasado?

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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