El gran apoyo e impulso de Federico García Lorca fue su madre, Vicenta Lorca, una profesora de kínder que dejó las aulas cuando se quedó embarazada para dedicarse a la crianza de su primogénito y de sus otros cuatro hijos (uno fallecido a los dos años de edad). En octubre de 1920, el hombre fusilado hace 90 años estaba en la Residencia de Estudiantes de Madrid (donde convivió con Dalí y Buñuel) y leyó en una carta recién recibida: “Me parece bien que solo hayas tomado dos asignaturas y así no descuides tu literatura que para mí tiene más importancia que todas las carreras o, mejor dicho, esa es la carrera por excelencia para mí y para ti. Te quiere, mamá”.
Pero doña Vicenta, madre amantísima y abnegada, también se preocupaba por el bienestar de su hijo ausente. Desde Granada, en otras de sus cartas, lo apremiaba a tener cuidado con el dinero y a no gastar sin control. También a comer bien, a abrigarse y, siempre, a no dejar de escribir. El hijo, afirmándose en sus convicciones literarias, le contestaba: “Yo me siento cada día que pasa con más condiciones y más facultades de poeta, pero de poeta puro, de artista exquisito que es lo que se debe ser. Pero tengo una lucha enorme, pues tengo a la escuela vieja y a la nueva y ahora llego yo, que soy de la escuela novísima, haciendo mangas de capirote con ritmos y cosas manidas”.
Buena parte de esa correspondencia familiar, es decir íntima, la tenemos a nuestro alcance gracias al periodista Víctor Fernández, editor del epistolario No te olvides de escribir: la familia García Lorca en sus cartas (Akal). Fechadas entre 1910 y poco antes de su asesinato, las misivas reflejan la dimensión más humana y prosaica de García Lorca. En ellas se recogen preocupaciones diarias, dificultades económicas e inquietudes profesionales, así como el recuerdo y cariño familiar. Pero, sobre todo, constituyen un testimonio escrito del nacimiento y crecimiento de un poeta, “un poeta puro, un artista exquisito”.
Con la República, con la libertad literaria que permitió, Federico García Lorca fue convirtiéndose en alguien famoso y el entusiasmo lo desbordaba allá donde iba. Lo comprobó, por ejemplo, al llegar a Buenos Aires. Entonces les escribió a sus padres: “Yo estoy abrumado por la cantidad de agasajos y atenciones que estoy recibiendo. Estoy un poco abrumado de tanto jaleo y tanta popularidad. No saben lo que es esto. Aquí, en esta enorme ciudad, tengo la fama de un torero”. Todavía hoy, el autor de La casa de Bernarda Alba sigue siendo el poeta español más famoso del mundo, a pesar de que, todavía hoy, sus restos mortales continúan perdidos.
Luego de que durante la dictadura franquista su fusilamiento y la localización de sus restos fueran un “tema incómodo” y, por ello, poco abordado, con la consolidación de la democracia en España cada noticia sobre la vida, la obra, el archivo, los amores, el asesinato y la búsqueda de los restos de Federico García Lorca sacuden al país y repercuten a nivel internacional. El universo lorquiano, compuesto por una biografía llamativa y por obras de teatro, poemas y ensayos en los que prevalecen el drama y la tradición popular, es atractivo para el público lector y para los especialistas debido a su capacidad creativa, al reflejo de situaciones y temas cotidianos y a las interpretaciones a las que se presta.
Ian Gibson, por ejemplo, un biógrafo irlandés nacionalizado español, lleva medio siglo ocupándose de García Lorca. Su pasión por el poeta se desató el día en que se topó en una librería con un ejemplar de Romancero gitano y sintió una conexión especial entre Irlanda y Andalucía. En 1978 se instaló definitivamente en España donde, además de ocuparse del autor de Yerma, también ha rastreado las vidas de Salvador Dalí, Antonio Machado y Luis Buñuel. “García Lorca es un poeta eminentemente telúrico. Debe ser que me enseñó a querer liberarme del ambiente puritano que viví de niño en una familia protestante en un país católico”, reflexiona ahora el hispanista que acaba de publicar su “enésimo libro” sobre el escritor granadino (“y no me importa que me digan, a manera de burla, que parezco la viuda de Lorca”).
En No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido (Aguilar), Gibson subraya que España todavía mantiene abandonadas en cunetas y fosas comunes a unas 115 mil víctimas del longevo régimen dictatorial de Francisco Franco. El más amado y llorado de estos desaparecidos es Federico García Lorca, ultimado a los 38 años de edad. En 2010, el investigador publicó el diario que escribió durante la primera y fallida búsqueda oficial del poeta el año anterior, en el municipio granadino de Alfacar, y esos apuntes integran la primera parte de su nueva obra, mientras que en el segundo apartado relata lo ocurrido alrededor de la investigación durante los siguientes tres lustros.
Para Ian Gibson, el hecho de que Granada siga sin revelar el último paradero de García Lorca es vergonzoso. “Él representa a todos los muertos del franquismo. A mí me gustaría saber con seguridad dónde está, para ir a llorarle y dejarle flores en algún sitio”, enfatiza el hispanista. “Y quiero recalcar el hecho de que nunca se ha relajado la acérrima negación de los familiares de García Lorca a colaborar en la búsqueda de sus restos”.
Cuando en 2008, amparado en la Ley de Memoria Histórica que permitía la búsqueda de los restos de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco, el juez Baltazar Garzón ordenó la exhumación de la fosa común en donde se sospechaba que Federico García Lorca había sido enterrado. Los investigadores utilizaron como guía los datos que Gibson apuntó en Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, obtenidos gracias al testimonio de Manuel Castilla Blanco, alias “Manolillo el comunista”, quien afirmó ser el enterrador del poeta y de las otras tres personas junto a las que lo fusilaron: Dióscoro Galindo, maestro de escuela, Francisco Galadí y Joaquín Cabezas, banderilleros, en una barranca ubicada entre los pueblos granadinos de Víznar y Alfacar, debajo de un olivo. Ahí, en 2009, las excavaciones se llevaron a cabo en un área de casi trescientos metros, pero no se encontró ningún hueso.
En 2014 se efectuó otra excavación en ese mismo lugar de la provincia de Granada, esperando dar con un varón de 1.68 de estatura, con un defecto en los pies y un cráneo más grande de lo normal. El trabajo, sin embargo, se quedó a medias sin que se aclararan los motivos (trascendió que se debía a que la nieve invernal dificultaba el trabajo y que, además, el presupuesto destinado a la causa se había terminado). A manera de consuelo, un año después, en 2015, se hizo público un informe que no dejaba dudas sobre la responsabilidad política del ejército franquista en la detención y asesinato del escritor (acusado ahí de “socialista, masón y homosexual”), algo muy importante porque, durante los casi cuarenta años de dictadura, el gobierno del Generalísimo eludió una y otra vez su implicación.
“Esos papeles dan idea del problema que representaba la muerte de Lorca para el régimen franquista desde el mismo momento en que se produjo. Si ese informe policial se hubiese llegado a publicar entonces, pondría en evidencia que lo que habían afirmado hasta ese momento, que no tuvieron nada que ver, que fue un muerto más de los enfrentamientos armados, era falso”, explica Ian Gibson.
Su principal teoría es que los restos se encuentran en el parque que ahora, a las afueras de Granada, lleva el nombre del poeta. “El sitio es maravillosamente poético, porque a trescientos metros de ese punto hay una fuente grande llamada de Aynadamar, que significa ‘fuente de las lágrimas’, porque hay burbujas que suben a la superficie y parecen lágrimas, toda una metáfora. Sigo pensando que Lorca está en ese parque que se inauguró en 1986. Mientras estaban acotando el terreno, aparecieron restos humanos al lado de un olivo y los enterraron en otro sitio del parque. Hoy sabemos que fue así y que durante veinte años se ocultó la verdad, lo que resulta vergonzoso. Claro que esto no se ha investigado bien, quizá para no molestar a la familia, tal vez por no consultar bien o por no encargarse de la preparación previa... Por muchas razones, vamos”, señala el autor de Lorca–Dalí, el amor que no pudo ser (Debolsillo).
De todas formas, Gibson es consciente de que existen muchas “leyendas” en torno al paradero de García Lorca: “Una de las primas más queridas de Federico me dijo que los padres de este se resistieron durante un tiempo a creer que su hijo estuviera muerto. Que creían que estaba preso o que se pensaba intercambiarlo por un detenido del otro bando. También se ha dicho que el padre de Lorca pagó una fortuna para rescatar su cadáver y sepultarlo de nuevo en otro sitio. Hay muchísimas leyendas. Cada vez que voy a Granada me encuentro con una teoría nueva: que si no está allí, que si está en la cripta de la Catedral, que si está en Nerja, que si en Nueva York... En fin”.
Mientras tanto, para conmemorar el noventa aniversario del fusilamiento del poeta que solían recitar las cantantes Lola Flores y Chavela Vargas en sus conciertos, varias instituciones de España han preparado exposiciones, obras de teatro, ópera, conciertos y mesas de discusión sobre la vida y obra del escritor andaluz. La edición 25 del programa Lorca y Granada en los Jardines del Generalife desarrolla, hasta el próximo 29 de agosto en el Teatro Alhambra de Granada, tres proyectos que abordan la obra lorquiana: el espectáculo Las gitanas cantan y bailan a Lorca, una lectura escénica del Romancero gitano, de Manuela Carrasco y Pastora Galván, y de Tierra bendita. Además, Tierra vieja del candil, del Ballet Flamenco de Andalucía, es una propuesta que explora las raíces andaluzas en diálogo con la sensibilidad del poeta asesinado en 1936.
El pasado mes de junio cumplió cien años La Huerta de San Vicente, la casa de veraneo de Federico García Lorca en Granada, donde escribió parte de sus obras y recibió a varios amigos, como el compositor Manuel de Falla. Convertida en Casa Cultural Federico García Lorca, conmemora ahora la efeméride con la exposición Ríos (Cruzar el Archivo Lorca), que gira en torno a una imagen que se encuentra en la obra del poeta y dramaturgo: el agua, elemento que “lleva implícita la posibilidad de movimiento y de circulación constantes y una resistencia a ser contenida”. La Residencia de Estudiantes, en Madrid, exhibe este verano Lorca y el archivo: memoria en movimiento, que recupera la desconocida evolución del acervo, desde el asesinato del poeta hasta hoy, gracias a una nueva y rigurosa investigación en archivos personales, familiares y estatales.
El 14 de julio de 1936 Federico García Lorca se fue de Madrid a Granada para celebrar con la familia su santo y el de su padre, el 18 de julio. Era también un acto de despedida, pues poco después debía emprender su viaje a México, donde lo esperaba Margarita Xirgu con su compañía teatral. Pero el golpe militar del 18 de julio lo cambió todo. El poeta fue detenido el 16 de agosto en casa de su amigo falangista Luis Rosales, donde se había refugiado. Luego lo trasladaron a la sede del Gobierno Civil en Granada y finalmente al pueblo de Víznar, donde pasó su última noche en una cárcel improvisada, junto a otros detenidos. A García Lorca lo fusilaron la madrugada del 18 de agosto, en el camino que va de Víznar a Alfacar, y desde entonces se desconoce dónde están sus restos.
AQ / MCB