Cultura

La verdad y la belleza, único modo de vencer a las tinieblas | Vicente Quirarte y la poesía de José Emilio Pacheco

Memoria

Como homenaje, recuperamos el testimonio de Vicente Quirarte sobre la poesía de José Emilio Pacheco, a quien dedicó su primer ciclo de conferencias en El Colegio Nacional.

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A finales de agosto de 2016, Vicente Quirarte impartió en El Colegio Nacional un ciclo de conferencias dedicado a José Emilio Pacheco. Aquella fue la primera actividad del autor de Amor de ciudad grande (UNAM, FCE, 2011) en la institución a la que ingresó en marzo de aquel año.

Apartado de las redes sociales, pero siempre generoso, Quirarte accedió a abrir un paréntesis antes de su primera disertación y por correo electrónico compartió a los seguidores de José Emilio Pacheco: Textos a la deriva —página en Facebook con doce años de operaciones— algunos de sus hallazgos más preciados en la poesía de JEP.

¿Cuándo y cómo conoció la poesía de Pacheco?

El primer libro que leí del poeta José Emilio Pacheco fue No me preguntes cómo pasa el tiempo. Aunque ganó el Premio de Poesía Aguascalientes, no es un libro para concurso. Dejó huella en mi generación porque en él aparece el poeta que acude al collage, al suceso inmediato, a la intertextualidad, a todo lo que hacía parecer la poesía como una actividad que podía ser llevada a cabo por todos, aunque debajo de cada verso había un trabajo incesante y una cultura de siglos. Por eso José Emilio Pacheco es un poeta auténtico.

Exceptuando Tarde o temprano, ¿cuáles son sus poemarios predilectos de JEP?

Miro la tierra (1987) y los poemas sobre animales, esparcidos a lo largo de todos sus libros y reunidos por Jorge Esquinca en el libro Álbum de zoología (1985).

¿Cuál poema de Pacheco enviaría usted a la dueña de sus suspiros?

La evocación del poema de José Emilio titulado “Nubes”, parte de su último libro, Como la lluvia (2009). Carlos Monsiváis afirmó que es uno de los textos más bellos escritos en lengua española. Suscribo y subrayo esa aseveración.

“Nubes” es una oración laica que podemos repetir todos los días como testimonio de admiración al poeta que hace nuestro el esplendor de las ocupantes del cielo, riqueza de la que nadie puede despojarnos. Leamos ese poema y llevémoslo en la memoria como agradecimiento a la plenitud que José Emilio nos da con sus letras y la lección moral de su existencia, consagrada al cultivo de la verdad y la belleza como único modo de vencer a las tinieblas.

Nubes

En un mundo erizado de prisiones

solo las nubes arden siempre libres.

No tienen amo, no obedecen órdenes,

inventan formas, las asumen todas.

Nadie sabe si vuelan o navegan,

si ante su luz el aire es mar o llama.

Tejidas de alas son flores del agua,

arrecifes de instantes, red de espuma.

Islas de niebla, flotan, se deslíen

y nos dejan hundidos en la Tierra.

Como son inmortales nunca oponen

fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

Las nubes duran porque se deshacen.

su materia es la ausencia y dan la vida.

Al final de su carta, Quirarte agregó: “Querido maestro: Le envío la respuesta a sus inteligentes preguntas. ¿Puedo darles los datos de su página a los que asistan a El Colegio Nacional? Como se dará cuenta, yo no estoy en Facebook. Un abrazo. VQ”.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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