Pensar en infidelidad es pensar en el novio que, por despecho, puso el cuerno en una noche de fiesta; la novia que sexteó con alguien más luego de ser ignorada por su novia, o al que descubrieron saliendo con otra persona a escondidas. Es decir, situaciones que devinieron de una frustración o infelicidad con la pareja —aunque especialistas afirman que, pese a ser lo común, no es la regla.
“Culturalmente existe la idea de que solo las personas infelices son infieles y no es cierto”, señaló el sexólogo, Rogelio López Custodio, a MILENIO. “Yo me he encontrado parejas que están bien, tanto así que es más doloroso para quien lo descubre porque dice: ‘Pero si estábamos bien. ¿Por qué hiciste eso?’”.
La infidelidad es un fenómeno tan complejo que carga con un abanico de posibles causas, las cuales Rogelio englobó en dos grandes grupos —reiterando que “entender que existe un motivo o explicación no justifica la ruptura del acuerdo”—: las personales y las relacionales o de pareja.
“No eres tú, soy yo”
Tal y como refiere el popular refrán, las razones personales no están directamente relacionadas con la dinámica de pareja, sino con las necesidades de la parte que irrumpió los acuerdos: extrañaba ligar, sintió deseo por otra parte, encontró validación en la otra relación, etcétera.
Aunque, dentro ese mismo planteamiento, la psicoterapeuta, Isela Román, puso especial atención en dos motivos personales: los antecedentes familiares y los patrones de comportamiento.
La historia familiar es todo lo que observamos y aprendemos no sólo de la relación entre papá y mamá, también de la percepción que tíos, tías, primos o abuelos pudieran tener sobre la lealtad y los vínculos.
“Muchas veces la infidelidad no empieza en la relación actual, sino desde lo que aprendimos de chicos”, explicó Isela en entrevista con MILENIO. “Quizá alguien creció en un entorno con poca comunicación, donde evitaban conflictos, no ponían límites o había infidelidades normalizadas. Esto se vuelve un referente de cómo vincularnos. Entonces, muchas veces no es que se quiera ser infiel, sino que repetimos lo que aprendimos”.
Si estas “enseñanzas familiares” no se cuestionan ni trabajan, se convierten en patrones de conducta que moldean nuestro desempeño como pareja. Ejemplo de ello son las relaciones donde una de las partes recurre a frases como “No lo pensé”, “Perdón”, “No soy yo” o “Esa versión no es la mía” luego de reaccionar impulsivamente.
“No puede ser consciente y no puede reflexionar sobre lo que está haciendo”.
Los motivos relacionales: ¿Responsabilidad compartida?
Muy por el contrario de las personales, las causas relacionales refieren a las fallas en la dinámica de pareja que "orillaron" a la infidelidad. Sin embargo, compartió Rogelio, es un escenario que suele tratar con pincitas para, justamente, evitar caer en la justificación del acto.
“Suele ser complejo en terapia. (...) Es entender que la traición fue responsabilidad de quien decidió hacerla. (...) Pero al hablar de qué pasó en la relación, no se va a abordar la infidelidad, sino la atención. ¿Qué pasó? ¿Le prestabas suficiente atención a tu pareja?
(...) Es movernos de la culpa a la responsabilidad, porque la responsabilidad es ‘cómo respondo a esto’. O sea, ‘¿Qué voy a hacer sabiendo que ya te lastimé?’”.
“Aquí la pareja ya no habla de lo más básico, como puede ser su día a día: ya no se buscan, ya no se cuentan las cosas como tal y ya ni se interesan por el otro”, explicó en entrevista con MILENIO.
Cuando la falta de comunicación no es atendida, la admiración disminuye y, así, se convierte en el segundo punto de Flores: la desconexión emocional, es decir, ignorar o rechazar reiteradamente los intentos de la pareja por volver a conectar. Por ejemplo: checar nuestras redes sociales mientras cuenta cómo le fue en la oficina o tachar de “aburrida” la película que propuso para ver en la noche.
“Muchas veces no es como que pase sólo una vez, sino que pasan ocurren varias veces hasta llevarnos a una desconexión emocional”.
Por último, están los conflictos no resueltos. O sea, aquellas problemáticas/ discusiones que se evadieron o pospusieron tanto, que la pareja jamás llegó a un acuerdo. “Esto va creando un ambiente de dolor, dudas y de resentimiento, provocando, a su vez, que la pareja lentamente se distancie”.
¿Justificar o entender? La delgada línea
“Entender que existe un motivo o explicación no justifica la ruptura del acuerdo”, reitera Rogelio López. Pero entender por qué una persona rompió los acuerdos de pareja puede ser una guía para el duelo y proceso emocional de la parte afectada; especialmente, si los motivos fueron personales.
“Es importante para que la persona entienda que no es culpable o responsable de que la pareja le haya puesto los cuernos”, explicó. “En terapia luego escucho que la persona dice: ‘¿Qué me faltó a mi?’ o ‘¿Qué no le di yo?’”.
Asimismo, indagar en las razones de dicha traición dota de herramientas para que la pareja —si es que así lo decide —pueda superar ese episodio y seguir adelante con la relación. En ese caso, es importante asumir responsabilidades y comprometerse.
“Cuando entendemos los motivos, podemos trabajarlos”.
ASG