Aunque existen infinidad de maneras de disfrutar el sexo en pareja, la creencia popular es que hay mucha más satisfacción cuando éste surge “de la nada”. En tanto, el sexo programado (en el cual se fija una “fecha y hora” para el encuentro) suele tacharse de aburrido o poco excitante.
¿Pero qué ocurre cuando una pareja no encuentra satisfacción en “lo popular”; en lo que la sociedad —al menos del lado occidental del mundo — dicta que debería ser lo ideal? Porque sí: el sexo espontáneo puede no ser satisfactorio e, incluso, generar dilemas e insatisfacción.
La vida sexual es un tema que no se compagina con las dicotomías. Es decir, no debería abordarse como “lo bueno y lo malo”, sino como “qué es lo ideal para mi relación” —y con la suficiente apertura para asimilar que lo que hoy nos pudo generar placer, quizá en un mes será obsoleto o molesto.
“Yo no soy nadie para decir qué es ilegal y qué es o no necesario”, señaló la sexóloga, Camila Lavalle, en una entrevista a MILENIO. “Es bien importante establecer qué tanto te importa a ti y a tu pareja”.
¿El sexo improvisado es más placentero?
Por supuesto que las parejas pueden encontrar satisfacción en aquel sexo que surgió de una mirada coqueta al regresar del trabajo o de un beso de buenas noches. El dilema es cuando se interioriza como “un requisito del buen sexo”: ahí es cuando pasa de generar placer a insatisfacción e incluso disfunciones sexuales.
Ante ello, estudios, como el que la Facultad de Ciencias de la Salud, de la Universidad de Sydney, desarrolló en 2009, reiteran que estas experiencias sexuales proporcionan placer toda vez que haya comunicación de pareja: “Las que no se comunican pueden tener ideas diferentes sobre las necesidades y deseos del otro y, por lo tanto, tener menor compatibilidad relacional y sexual, lo que conlleva a menor satisfacción sexual”.
Pero una investigación reciente el Journal of Sex Research demostró que el sexo improvisado no resultó “especialmete más satisfactorio” que el planeado. Aún cuando la mayoría de las parejas encuestadas afirmaron que la espontaneidad era lo más ideal.
Esto se demostró luego de dar seguimiento a las experiencias sexuales de dichas parejas de 21 días, el cual arrojó que la satisfacción sexual no varió en función de si el sexo era improvisado o planeado —ni siquiera en aquellas que sí creían en el ideal del sexo espontáneo.
“La espontaneidad tampoco era la receta para un sexo apasionado. Algunas personas dijeron que cuando el sexo no era planeado, es posible que no tuvieran suficiente tiempo para prepararse para la penetración, dejar de lado las distracciones mentales o garantizar la privacidad”, concluyó el artículo liderado por Katarina Kovacevic y Amy Muise.
En ese sentido, Lavalle explicó que la naturaleza del deseo (el cual definió como “aquello que nos impulsa, de cierta forma, a tener sexo) puede ser tanto espontánea, como receptiva. O en otras palabras: así como surge “sin saber qué lo provocó”, también depende del contexto para incentivarse. ¿Hay un estímulo apropiado? ¿La excitación fue apropiada? ¿El lugar es adecuado?
Con esto, la educadora sexual de JoyClub Latam pone otro asunto en la mesa: el sexo planeado también puede ser placentero y excitante.
Sexo programado: cuádo sí planear las noche de pasión
Una de las razones por las que las parejas encuestadas por Kovacevic valoraban la espontaneidad es porque les remiten a esa “pasión auténtica” de las primeras etapas de una relación.
No obstante, recordó, el sexo es mucho más planeado en la fase inicial del noviazgo que cuando ya es longevo. En estos casos, explicó Lavalle, la rutina puede ser su mejor aliada, tomando en cuenta aquellos compromisos de la vida adulta que restan energía a la pareja para sostener encuentros improvisados.
“No pensamos en la posibilidad de sexo porque hay cosas que hacer. (...) Yo siempre digo: si quieren que algo suceda, de cierta forma hay que planearlo y hacerlo una rutina. Siempre y cuando se les acomode a los dos.
Hay que ir calando la dinámica en pareja y a partir de ahí ver si prefieren algo más espontáneo, algo más rutinario o planeado”.
Programar el sexo puede ser la solución para aquellas parejas que valoran los encuentros con condiciones ideales tanto de espacio, como de tiempo. Sin embargo, esto no significa que deba planearse con lujo detalle ni enviarse cual recordatorio de la oficina en Google Calendar.
Más bien, explica el artículo de Kovacevic, “es saber cuándo es más probable que surja el deseo, por ejemplo: después de compartir momentos de intimidad emocional o durante períodos menos estresantes de trabajo, y acordar dedicar tiempo a la conexión”.
Al final, la clave para un sexo de calidad no está en la frecuencia ni en la cantidad, si no en la calidad.
ASG