El sexo puede convertirse en una fuente de ansiedad, estrés e incluso temor para los hombres que no encajan en el ideal pornográfico de ser “los más experimentados en la cama”; los “que saben de sexo”; los “que siempre tienen ganas” o quienes “conocen todas las posiciones”.
Incluso, el deseo de cumplir dichas expectativas puede llegar a afectar su deseo o derivar en disfunciones como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil. Y todo ello, como consecuencia de aquellos mitos que adoptarlos, pero no cumplirlos, puede orillarlos a perder las ganas de tener sexo.
“Los hombres siempre tienen ganas de tener sexo”
Moisés Franco Madero, sexólogo y psiquiatra, considera que la sexualidad masculina y femenina sí se viven diferente. “No necesariamente desde la cuestión biológica, sino desde lo cultural, la sociedad, los roles de género y lo simbólico”, explicó en entrevista con MILENIO.
Y dentro de estos “discursos performativos”, uno de los pensamientos más comunes es aquel que señala al hombre de estar siempre dispuesto para tener relaciones sexuales. Una idea lejos de la realidad, porque el deseo no sólo depende de la masturbación u otro tipo de estímulos, sino de la influencia de elementos como el estado de ánimo, la calidad de sueño, la actividad física e incluso condiciones ambientales (luz, clima, temperatura).
“Sin pene erecto no hay sexo”
La perspectiva social del “buen sexo” tiene un trasfondo coitocentrista. Es decir, creer que la penetración es el eje central (y lo más importante) de cualquier encuentro sexual; dejando de lado otras formas de disfrute y reforzando la idea (errónea) de “si no está (un pene erecto) no hay sexualidad. No hay sexo”.
Sin duda, esto puede llegar a afectar la autoestima sexual de cualquier varón, especialmente en aquellos que lidian con disfunciones como la eyaculación precoz o dificultad para lograr una “buena erección”. Esto último, explicó la vocera y educadora sexual de JoyClub Latam, Camila Lavalle, porque “su pene dice mucho para ellos y más en un evento sexual”.
Para Franco Madero, el coitocentrismo nos ha llevado a “hablar de sexo sin hablar de sexo”. Es decir, a restar casi por default todos los componentes de la sexualidad; limitando, especialmente a los hombres, a sólo preocuparse por tener un cierto número de parejas sexuales, en lugar de conocer su propio placer fuera de la penetración.
“Se vive con esta idea de necesitar un pene erecto. Entonces al tener dificultad con las erecciones o con el tamaño, se puede mermar la autoestima sexual. (...) Cuando realmente el sexo se tiene que vivir como una experiencia de erotismo, tocamiento, masturbación. Y no necesariamente desde algo penetrativo”.
Lavalle, por su parte, explicó que desprenderse de esa creencia del “pene grande y erecto” reduce la posibilidad de experimentar “ansiedad por rendimiento”, cuando, por ejemplo, el acto no resultó como él o su pareja lo tenían planeado o eyaculó mucho más pronto de lo que pensaba.
“No porque no exista una respuesta física deseada, significa que siempre va a ser así. Muchas veces no habrá erección ni lubricación, pero eso no significa absolutamente nada de ti ni de nadie”.
ASG