El Valle de México tiene potencial para convertirse en una esponja, en parte, está en su naturaleza: más del 50% de su urbe fue construida sobre un lago. Basta señalar el caso de la Ciudad de México, de sus 16 alcaldías, 11 estuvieron, parcial, o completamente cubiertas de agua en el pasado.
Conforme las lluvias empeoran, las inundaciones se agravan y la capital se hunde, puede que lo más sensato sea dejar que el agua retome su antiguo cauce, algo con lo que Kongjamm Yu, arquitecto y paisajista, probablemente estaría de acuerdo.
Como creador de las “ciudades esponja”, creía fielmente en que la naturaleza debía tomar el control, su filosofía, adoptada en China en la década de 2010, permitió al país convertirse en referente de este modelo de sostenibilidad, uno que la capital de México podría intentar replicar ante los efectos, cada vez más severos, del cambio climático.
¿Qué son las ciudades esponja?
El término se utiliza para describir a una ”ciudad sensible al agua”, es decir “que tiene la capacidad de retener, limpiar e infiltrar el agua utilizando soluciones basadas en la naturaleza”, como explica el Observatorio de Innovación para Ciudades Sostenibles (OICS).
“Es un concepto muy moderno, es apenas en 2015 que el gobierno chino lo hace política nacional y crea 30 proyectos piloto. En 2018 ven que los resultados son magníficos, lanzan un plan nacional a 600 ciudades chinas para el septiembre y han avanzado muchísimo”, cuenta el presidente de la asociación civil “Estrategias de Adaptación al Cambio Climático”, Daniel Dultzin durante su participación en México por el Clima.
En los últimos años, las inundaciones y deslaves provocados por las lluvias han dejado a China cada vez más vulnerable. Apenas en julio de este año Pekín, una de las ciudades más importantes del país, quedó bajo el agua. Los siete días de lluvias registrados a finales de julio cobraron la vida de al menos 30 personas y provocaron la evacuación de más de 80 mil habitantes.
Yu, quien falleció el 23 de septiembre de este 2025, trabajó por más de una década tratando de prevenir este tipo de escenarios a través del diseño de ciudades basadas en la naturaleza.
Su objetivo era crear puntos estratégicos que pudieran absorber y retener el agua de lluvia. La construcción de humedales, jardines, bosques urbanos y pavimentos permeables se convirtieron en una puerta para devolverla al medio ambiente.
El paisajista y su empresa Turenscape concluyeron que, si entre el 20 y 30% del terreno urbano se convertirá en “esponja”, las ciudades podrían estar prácticamente protegidas contra inundaciones. Los estudios de campo también encontraron que una hectárea de este tipo de terreno tiene la capacidad de purificar hasta 800 toneladas de agua contaminada, dejándola lo suficientemente limpia como para nadar.
Una de las historias de éxito de este modelo es el caso de Wuhan, en donde se redujeron los daños por inundaciones así como los costos operativos.
Aunque algunos expertos señalan que la infraestructura puede no ser suficiente cuando llueve demasiado —más de 200 milímetros en un solo día— y la capacidad de absorción puede verse superada cuando áreas circundantes se inundan, los primeros resultados han convertido a las ciudades esponja en atractivas apuestas para diferentes gobiernos.
En capital mexicana, donde se registra un hundimiento de 40 centímetros por año debido a la extracción de agua subterránea, se lanzó el programa 100 Puntos de Acupuntura Hídrica, una iniciativa para perforar pozos especiales con el fin de filtrar agua pluvial en las zonas en las que más se inunda, como Iztapalapa, Tlalpan, Álvaro Obregón y Xochimilco.
El proyecto busca remodelar el paisaje urbano sumando diferentes medidas como la retención del agua en las partes altas de la ciudad, la creación de lagunas y canales para regular el flujo del agua y la captación y reutilización de lluvia en nuevas construcciones, como anunció el gobierno capitalino a finales de junio.
¿CdMx se puede encaminar a ser una ciudad esponja?
Pedro Camarena, director de infraestructura verde de la Secretaría de Medio Ambiente capitalina (Sedema) conoció al maestro Kongjamm Yu durante un taller en la Universidad de Pensilvania. Fue ahí en donde le preguntó cómo “tropicalizar" su idea para aplicarla en México. Concluyeron que la mejor vía era hacer prototipos.
“Las posibilidades de infiltración de la Ciudad de México son variadas, de acuerdo al tiempo de sustrato que hay”, asegura Pedro.
En la capital, el suelo es casi tan diverso como las personas que lo pisan. Tláhuac y Xochimilco se irguieron sobre áreas de agua dulce; Iztapalapa, Iztacalco y un pedacito de Gustavo A. Madero se ubican sobre suelos salinos. Mientras que Miguel Hidalgo, Cuajimalpa y Magdalena Contreras se encuentran en zonas de barrancas.
Tomando en cuenta las características, el arquitecto paisajista asegura que el punto de mayor infiltración de la capital se extiende principalmente entre Tlalpan, Alvaro Obregón y un “pedazo importante” de Coyoacán.
Se trata de El Pedregal, paisaje creado por el volcán Xitle que hoy es conocido por ser uno de los puntos de la corteza terrestre que más agua devuelve al subsuelo.
“Ahí tienes un poder de infiltración bárbaro (...) Entonces, la propuesta de infiltración se va a esas tres delegaciones. Por ahí van los tiros”, detalla.
En este sentido, es clave entender el suelo y conocer cada palmo para descifrar cómo interactúa con las lluvias. Ubicar los puntos que podrían ser inundables o aquellos en los que se almacena o se retrasa el agua es clave para repensar el diseño urbano.
“Ya tenemos prototipos hechos que se ajustan a la paleta vegetal [del Pedregal], pero también tenemos prototipos para barrancas, incluso para zonas lacustres salófilas, como el caso de Texcoco, donde hicimos también el proyecto del parque ecológico”, recuerda.
Los espacios “esponja”, en donde el agua es la que dirige, siempre han existido, de hecho, uno de ellos alimenta el 70% del acuífero: se trata del Bosque de Agua, un extenso corredor forestal que comparten Morelos, el Estado y la Ciudad de México.
Aunque ha sido vital para mantener a una de las ciudades más pobladas del mundo, la expansión del concreto, así como los cambios en los patrones meteorológicos, la tala ilegal y los megaproyectos demandan nuevas entradas de agua para alimentar al suelo.
¿Qué se necesita para crear una ciudad esponja?
MILENIO preguntó a Andrea Guzmán, fundadora de Foresta —organización mexicana enfocada en la regeneración de ecosistemas a través de la reforestación— si la capital está preparada para convertirse en una esponja y su respuesta fue tajante: no.
“Dos cosas que necesitamos para ser una ciudad esponja son: agarrar todas las calles y volverlas esponja, quitarle espacio al automóvil y aprovechar ese espacio para volverlo infraestructura verde”
“Por otro lado, tendríamos que estar separando el agua pluvial de la negra. En China toda el agua ya estaba separada, lo que hizo Kongjamm fue juntar todos los tubos pluviales para llevarlos a un gran reservorio: grandes lagos en donde termina toda el agua pluvial de la ciudad”, explica en una entrevista.
Aunque este 2025 aún no se lleva el título del más lluvioso del que se tenga registro en la Ciudad de México, sí ha superado los promedios históricos de precipitación registrados desde 1982, según datos de la Secretaría de Gestión del Agua (SEGIAGUA).
En promedio, durante septiembre cayeron 248 litros de agua por cada metro cuadrado de la ciudad, si se considera que su superficie es de 1, 458 km², con solo la lluvia de este mes se podrían llenar más de 147 mil albercas olímpicas. A pesar de ello, solo una mínima parte del total fue aprovechada, la mayoría terminó en mezclándose con las aguas negras, no sin antes haber inundado vialidades y hogares.
“No estamos preparados, pero hay que empezar ya. Igual nos tardamos 100 años, pero es un nudo enmarañado, hay que ir agarrando hilito por hilito y como feng shui, irlo organizando: tejer, tejer y tejer”, asegura Andrea.
¿Qué puntos son los que requerían una intervención?
La fundadora de Foresta y su equipo actualmente han ubicado los puntos en donde hacen falta bosques urbanos, áreas cruciales dentro de una ciudad esponja que no solo suman nuevos puntos de infiltración sino que además, contribuyen a regular el ciclo del agua.
“Con el cambio climático se nos está desregulado nuestro ciclo hídrico, entonces, lo que hace la vegetación es que te ayuda a regular el clima”, explica.
Desde su fundación, Foresta ha contribuido a dar pequeños respiros al Valle de México, un ejemplo de ello es el bosque que plantó en la Universidad de Tecnológica de Nezahualcóyotl. El proyecto hace uso de la técnica Miyawaki, un proceso que deja en claro que trabajar con el suelo también puede ser un juego de estrategia: no basta con nutrirlo para permitir que crezca rápido, hay que elegir con cuidado cada pieza que conformará al ecosistema, pues a la larga, el plan es que se cree toda una familia autosuficiente.
“La naturaleza es cooperativa, así sobrevive, nosotros tenemos que dotar de un ecosistema para que se pueda armar el microecosistema, siempre respetando que sean nativos de la zona y cuidando que ”.
Así, los bosques urbanos se convierten en oasis en medio de las islas de calor, las inundaciones y los hundimientos. Aunque no dan una respuesta completa, se tejen entre los esfuerzos para afrontar el cambio climático.
LHM