Política
  • El ‘Maestro Fénix’: poligamia, dinero y control en la secta Defensores de Cristo

  • Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto. Decenas de seguidores entregaron ahorros y voluntad.
PORTADA Así era la secta del ‘Maestro Fénix’: predicaba la poligamia y el control

DOMINGA.– Ignacio González de Arriba aún era joven: llevaba el cabello castaño medio largo y la barba de candado, como de Jesuscristo. Aun así, Luna había notado que tenía los dientes cafés con un sarro expansivo. Un día se atrevió a preguntarle por qué los tenía tan podridos. “Bueno hija, qué esperas, llevo dos mil años con ellos… antes sí que siguen en su lugar”, respondió con una sonrisa el Maestro Fénix.

Luna, que aún dudaba de sus palabras mesiánicas, le preguntó cómo era posible que hubiera vivido dos mil años. Éste le contestó que se debía a que nunca moría: cambiaba de cuerpos físicos, si no, la gente sospecharía de él. Cada cien años fingía su muerte y entonces su alma se apropiaba del cuerpo de otro.

Pero ella no entendía, así que siguió preguntando hasta que Ignacio la paró en seco: “Es que soy descendiente directo de Cristo”.

Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto.
El 'Maestro Fénix' se autoproclamaba descendiente de Dios | Especial

Con eso zanjaba todo. Pero a Luna, como la llamaremos para proteger su identidad, no le hacía sentido que el hijo de Cristo en la Tierra fuera tan asqueroso. A veces le contaba los días sin bañarse: cuando menos quince, incluso después de tener sexo con tres mujeres a la vez –sus “Marías Magdalenas”– y varias veces al día. Vivía entre el hedor, carteles religiosos y los colchones tirados en el piso donde dormían amontonados sus aprendices.

Ignacio González de Arriba había nacido 34 años antes en Gijón, España, donde a principios de los dos mil montó una empresa llamada Fénix Corp SL, dedicada –según el Registro Mercantil– a la “venta de productos intangibles por internet”. Publicó un libro llamado Manual Samurai que según él mismo contaba había superado los cuarenta millones de copias.

El libro, aún disponible en internet, es bastante mediocre: cuenta la historia de un samurái japonés y su maestro, y lo rellena de obviedad sobre obviedad, con frases como “no debéis perder el tiempo en caer en las tentaciones de los demás. Sólo el trabajo duro conlleva a los resultados y el éxito”. Aun así, afirmaba que esa lectura había evitado que diez mil personas se suicidaran en todo el mundo.


El Ministerio de Hacienda español lo perseguía por deudas: tanto Fénix Corp como su otra empresa, Proyecto Market 2000, cerraron sin presentar sus cuentas anuales. En 2005, el Maestro Fénix legó a México cargando sus deudas, su libro y la teoría de que él era Jesucristo.

Lo que lo diferenciaba de otros charlatanes era la historia que se había inventado de sí mismo. Relataba que en 2005 había tenido una muerte clínica, llegó al cielo y Dios le reveló su verdadera identidad. Aunque su Dios era bastante perverso: le pidió que promoviera la riqueza económica y la poligamia como algo bendito. Con el tiempo dejó los talleres de superación personal y empezó a venderse como el Nuevo Jesucristo: uno con gustos bastante perversos.

Dicho así suena ilógico que hubiera captado seguidores. Sin embargo, él tenía una explicación perfectamente bien construida: esto era para que los discípulos –puros hombres– mantuvieran la magia o frecuencia vibracional en su cuerpo, para así tener energías y esparcir el mensaje de Jesucristo por el mundo.

Les decía que debían “tener diez mujeres de planta pero, en lo que las consiguen, tener relaciones con tres mujeres al día, para cargarse de magia y con ello regenerar sus órganos y revitalizarse, y acrecentar sus poderes diarios para cumplir la misión de salvar al mundo y todas sus almas”.

Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto.
El libro supuestamente había evitado el suicidio de miles de personas | Especial


El mesías llegó a vivir directamente a la casa de Luna, en Torreón, Coahuila, luego de que su esposo Pedro fuera reclutado por internet. Los Defensores de Cristo surgió en el norte del país como una secta, en la que un español aseguró ser la reencarnación de Cristo: el hombre que iba a salvar al mundo a través de la poligamia y el sexo.

Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA, que reconstruye este caso gracias a expedientes olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Historias como ésta revelan que en México la verdad oficial siempre está en obra negra.

‘Maestro Fénix’ llegó a Torreón a formar aprendices

Luna había conocido a su pareja en 2004 porque los dos trabajaban en un call-center español: ella desde México, Pedro desde Venezuela. Al principio fue su novio por internet, algo inofensivo. En agosto de 2005 viajó a Torreón a visitarla y se quedó tres meses, hasta que en enero de 2006 se mudó con ella definitivamente.



Era platicador y encantador, y siempre le iba bien en el trabajo. Cuando ella le preguntó cómo lo hacía, él finalmente le confesó la fórmula secreta: todo era gracias a un maestro, un español llamado Ignacio, el Maestro Fénix. Le había comprado por internet –por mil 300 dólares– un curso en “Técnico en Bioprogramación”, una mezcla de programación neurolingüística, autoayuda y técnicas de ventas.

“Me dijo que aprendía diez veces más rápido que cualquier persona, controlaba el dolor con la mente, veía el aura de las personas”, dijo Luna en una declaración ante el Ministerio Público muchos años después. Sorprendida, le pidió comprar el curso. Su esposo incluso la convenció de pagarlo con su tarjeta de crédito: la oportunidad era única, porque el maestro le daba a Pedro 360 dólares para cada nuevo comprador, así que técnicamente le saldría muy barato.

A Luna le maravillaron las técnicas. Se les ocurrió entonces replicar el negocio con cursos presenciales en Torreón. Ella le enseñó a su esposo a hablar en público: pasaron cuatro días ensayando: ella le corregía la postura, la modulación de la voz. Había estudiado Comunicación y sabía cómo manejarse ante una audiencia. Luna se encargaba de la logística, las negociaciones con hoteles, los contratos, las invitaciones, las llamadas de confirmación, los cobros y él daba los cursos. Llegaron a tener grupos de hasta 400 personas. Los módulos llevaban nombres como “Renace de tus cenizas”.

En 2006, jamás se trataron temas religiosos. Luna reconocía fragmentos de autores como Wayne Dyer o Tony Robbins, mezclados con otros temas. Tenían más de 800 alumnos en Torreón y redes de distribución en otras ciudades del país. Así pasaron varios años: compraron casa, compraron coche nuevo, pidieron viajar a Europa. Hasta que estando de vacaciones en Roma, en algún momento de 2009, Ignacio mandó un correo al esposo de Luna.

Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto.
Los miembros de la secta eran principalmente hombres | Especial

Le dijo que había llegado el momento: él era uno de sus mejores aprendices, uno de los elegidos, y le revelaría el verdadero propósito de la Bioprogramación. “El tiempo había llegado y que ahora se sabría la verdad sobre todo”.

Cuando regresaron de Europa, la actitud de Pedro empezó a cambiar. Se encerraba horas y horas –hasta diez al día– chateando por internet con Ignacio. También comenzó a repartir entre los alumnos de Bioprogramación un documento que llamaban “la brújula”, con el que anunciaban el giro religioso del proyecto: ya no era sólo cómo mejorar las ventas, ahora aprenderían a “Matar Demonios (Nivel 1)”, a hacer el “Milagro de Resucitarte a ti Mismo”, a “Curar el Cáncer”, a “Recibir Superfuerza Física como Sansón”, a “Detectar los Demonios en el Aura de Otras Personas”, y hasta “Demonología Avanzada”.


“Le dijo que tenía que empezar a ayudarle a repartir ‘la brújula’ a todo el mundo, ahí empezó la pesadilla…”.

La taquimecanógrafa del Ministerio Público detiene la transcripción. “La compareciente guarda silencio y llora”, anota.

Luna le advirtió a su esposo que si metían esos temas iban a perder todo lo que habían construido. No la escuchó. Muchos alumnos se alejaron. Ignacio respondió diciendo que a todos los que dudaban les iría mal.

Los aprendices entregan ahorros y cerraron negocios propios

En septiembre de 2009, Ignacio González de Arriba llegó a Torreón a impartir los primeros cursos y a empezar a enseñar a un grupo selecto de aprendices físicos para propagar la enseñanza, todo con temas religiosos. Como adivinador, Ignacio dijo a Luna y a su pareja que querían tener un hijo pero que no podían, lo que los impresionó profundamente porque era cierto.

En octubre, su pareja la convenció de rentar una casa más grande: debían “reflejar más su éxito y estilo de vida como ejemplo de que lo que se enseña en Bio sí sirve”. Luna se daría cuenta después de que no había sido idea de su compañero. Dos meses más tarde, le ofreció vivir en la nueva casa y así Ignacio se estableció definitivamente en el país. La pareja lo recibió como el heraldo del mesías.

Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto.
El hombre comenzó su secta en Torreón, Coahuila | Shutterstock

Así fueron llegando más aprendices. La carta de invitación que Ignacio mandó por internet a sus seguidores les ofrecía aprender 343 poderes, cada uno con un valor estimado en un millón de dólares, y la posibilidad de convertirse en apóstoles.

El doctorado en Metafísica Teológica costaba 180 mil pesos. Ser apóstol de planta exigía entre diez mil y 100 mil dólares de entrada. A eso se sumaba una colegiatura de 300 dólares semanales de tres a cinco años, más un diezmo vitalicio equivalente al 20% de todos los ingresos de por vida. Para reunir ese dinero, algunos hipotecaron sus casas. Otros liquidaron ahorros de décadas, vendieron vehículos, cerraron negocios propios.

Hubo quien llegó de Bolivia, de Venezuela, de Brasil, dejando atrás familia, trabajo y un país entero, convencidos de que el Maestro Fénix los haría millonarios y los salvaría del infierno. La Red de Apoyo a las Víctimas de Sectas estima que en México el número de personas afectadas superó las cuatro mil, y que los adeptos por internet que mandaban dinero desde sus países de origen llegaron a más de diez mil.

La casa de Luna operó como sede, monasterio, dormitorio, oficina y centro de adoctrinamiento. A la par, abrieron la Universidad de Bioprogramación en otro inmueble, donde el maestro mal alojaba a la gente que venía de afuera y les daba apenas comida.

Luna fue desterrada y repudiada por la organización

En marzo de 2010, Luna conoció el infierno: Ignacio le dijo que la Virgen María quería que ella fuera una de sus principales promotoras. Que el primer paso era pedirle a su marido que tuviera relaciones con prostitutas, para que su mente se fuera acostumbrando. Que para cumplir la misión de Cristo, su esposo tendría que tener varias esposas y concubinas pero que, como la primera, ella tendría privilegios y poder sobre todas las demás: sería algo así como la supervisora o jefa del equipo de esposas.

La instrucción la dio bajo lo que él llamaba la “Orden de Buen Siervo”: irrevocable, para ejecutarse de inmediato, sin posibilidad de objetar. “Dijo que mi marido tenía que ir a comer magia”, recuerda Luna.

Esa noche, durante la cena, lloró. Y finalmente le dijo: “Ok, Ignacio, lo haré”. Entonces el maestro lo mandó llamar y le dijo que ella quería decirle algo. “Está lista”. Esa noche su marido fue a un prostíbulo. Al regresar, Ignacio le ordenó a Luna que lo recibiera sin reproches y que estuvieran juntos, para que el subconsciente de él grabara que lo que había hecho era correcto a los ojos de Dios. Luna no pudo.

Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto.
Los miembros de la secta eran polígamos; por años las mujeres fueron sometidas a abuso físico y mental | Especial

“No pude, le dije que me perdonara que no podía hacerlo… primero se quitó, me abrazó llorando y me dijo: te entiendo. Pero sólo por esta vez te voy a permitir este comportamiento, porque te amo”. Sin embargo, el llanto de Luna despertó al maestro, quien tocó a la puerta. A pesar de que ella no quería abrirle, Ignacio entró y le dijo que lo había decepcionado, pero que aún la amaba porque era “su nieta”. Luego le pidió a su marido que la insultara frente a todos como lección. Le dijo que si no cambiaba, buscaría otra esposa que sí aceptara la misión.

El esposo obedeció. Ella describió en su declaración ante el Ministerio Público la primera vez que le vio maldad en los ojos, dirigida hacia ella. “Eres un animal de mierda”, le dijo, con una voz que al principio tembló y después cobró fuerza.

Al día siguiente Ignacio ordenó que volviera al prostíbulo y duplicara la dosis, porque la rabia de Luna había malgastado toda la energía de la noche anterior. Así ocurrió todas las noches. Cuando ella se negaba, venían las bofetadas. Y las amenazas: si intentaba irse, podrían ocurrir muchas cosas feas a su familia. Accidentes pasan todos los días. Mencionaban que habían caminado frente al colegio de su sobrino y que era muy fácil llevarse a un niño sin que nadie se diera cuenta.

Como castigo, la llevaron al prostíbulo a mirar. Esta historia la vivieron todas las mujeres del grupo. Luna fue repudiada. Más tarde su esposo le arrebató el anillo de matrimonio para dárselo a una mujer que había conocido en Venezuela, a quien Ignacio designó como nueva primera esposa. Luna fue desterrada de su propia casa y destinada a vivir en un cuchitril con otros estudiantes.

Dos veces pensó en quitarse la vida. En su declaración lo dijo sin rodeos: para ese momento sentía que ya no tenía nada más que perder.


“Para ser Cristo olía a purititos demonios”

En octubre de 2010 Juan, como lo llamaremos para proteger su identidad, llegó a Torreón con la intención de confrontar a Ignacio González de Arriba, porque años antes también lo había estafado con otra empresa piramidal llamada Proyecto Market 2000. “Juan le contó a Luna después cómo fue su primer encuentro con Ignacio. Mientras le daba la mano, decía que pensaba insultos contra él y lo retaba mentalmente a que, si de verdad era Cristo, le leyera la mente. Ignacio, en cambio, le pidió un abrazo. Juan tuvo que acercarse y soportar el olor a sudor sin hacer gestos. “Para ser Cristo olía a purititos demonios”.

Juan le habló de Lima, Perú, de apoyarla económicamente, de montar una empresa de coaching y de empezar una vida lejos de aquello. Aunque casi no lo conocía, Luna le dijo que sí. Cuando éste le preguntó si no tenía miedo, ella respondió que ya no tenía nada que perder y que nada podía ser peor que el infierno que estaba viviendo. Sólo puso una condición: quería un boleto de ida y vuelta, para poder regresar a México si algo no salía bien.

La ruptura definitiva llegó después de una agresión que sufrió Luna. Juan estaba ahí y, cuando se dieron cuenta que los había visto, le dijeron que ella tenía problemas mentales y que inventaba cosas. Les respondió que la única persona cuerda parecía ser ella, que iba a llevarla al médico porque la habían golpeado “como un bestia” y que ya había visto suficiente. Logró sacar sus cosas sin que lo detuvieran. Ese fue el último día que ella los vio.

Ignacio González de Arriba se hizo llamar el nuevo Cristo, construyó en el norte de México una secta basada en dinero, sexo y control absoluto.
Así era la secta del ‘Maestro Fénix’: predicaba la poligamia y el control| Especial

Más tarde psiquiatras consideraron que Luna tenía estrés postraumático complejo, la variante que deja el abuso sostenido y sistemático durante años, el que se diferencia del trauma ordinario porque el daño no viene de un solo golpe sino de una acumulación tan larga que el cerebro termina por reescribirse.

Ignacio González de Arriba fue detenido en enero de 2013 por agentes del Instituto Nacional de Migración en una finca ubicada en el kilómetro 14 de la carretera de Nuevo Laredo. Con él cayeron 24 personas, entre ellos 14 extranjeros y cinco menores de edad. Sólo tres de los 19 adultos detenidos fueron consignados ante un juez federal en Matamoros. El español, Pedro y un marroquí. Los cargos fueron: inducción a la prostitución, tráfico de mujeres y de órganos, ejercicio ilegal de la medicina, reducción a la servidumbre, fraude.

Luna declaró ante el Ministerio Público y sus palabras quedaron transcritas en un expediente. La taquimecanógrafa anotó los silencios, las pausas, el momento en que lloró. Luna ya no vive en México.

GSC


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Laura Sánchez Ley
  • Laura Sánchez Ley
  • Es periodista independiente que escribe sobre archivos y expedientes clasificados. Autora del libro Aburto. Testimonios desde Almoloya, el infierno de hielo (Penguin Random House, 2022).
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