El 26 de abril de 2010 no fue un día cualquiera para Hermosillo, Sonora. El sol apenas anunciaba la mañana cuando el reporte llegó a las autoridades: una mujer había sido abandonada maniatada y con los ojos cubiertos a escasos metros de la universidad del estado.
Antes de identificarla, los servicios de emergencia se aseguraron de que se encontrara sana y salva al tiempo que personal de la fiscalía estatal aseguraba una cartulina que había sido abandonada junto a ella en la que se leía:
"Nosotros te vamos a enseñar a ser hombre y respetar a las familias. HÉCTOR BELTRÁN LEYVA, aquí está tu esposa por quien no quisiste responder. Te la entregamos viva y sana para que aprendas que para nosotros la familia es sagrada. Poco hombre, culero".
El mensaje reveló por sí solo la identidad de aquella mujer: Clara Laborín Archuleta. La esposa de uno de los líderes del Cártel de los Beltrán Leyva había sido privada de la libertad 13 días antes por un comando armado a las afueras de su domicilio en el Fraccionamiento La Alameda en la capital sonorense.
Su localización con vida se convirtió en un capítulo más de una vida que la llevó de ser considerada como la mujer más bella de Sonora a una de las pocas que, en aquellos años, logró encabezar una estructura criminal en México.
¿Quién es Clara Laborín?
Clara Laborín Archuleta es originaria de la ciudad fronteriza de Agua Prieta en Sonora. Información del Departamento del Tesoro ubica el 19 de febrero de 1964 como su fecha de nacimiento por lo que, al momento en el que se escribe esta nota, la mujer tendría 62 años de edad.
Aunque años más tarde su nombre sería vinculado a una de las organizaciones criminales más poderosas de México, las primeras ocasiones en las que resonó entre la sociedad sonorense fue por sus facciones y atributos físicos que la llevaron a ganar el certamen de belleza de Miss Sonora.
La fecha de su triunfo no está especificada en los reportes disponibles, no obstante, fue precisamente su encanto el que colocó a Clara Laborín en el radar de un notorio capo del noroeste mexicano: Héctor Beltrán Leyva.
Junto a sus hermanos Arturo, Alfredo y Carlos, el también llamado H formaba parte de la cúpula del Cártel de los Beltrán Leyva, una organización criminal responsable del tráfico de toneladas de droga a Estados Unidos que operó bajo el amparo del Cártel de Sinaloa, al menos hasta 2008.
Como suele ocurrir con las esposas de líderes del narcotráfico, Clara Laborín comenzó a desempeñarse como operadora financiera de los Beltrán Leyva, una posición que la llevó a ser sancionada por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro.
Sus operaciones no sólo la llevarían al radar de las autoridades de ambos lados de la frontera sino también al de los enemigos de su esposo, quienes no tardaron en ver en aquella reina de belleza la oportunidad de afectar a Héctor Beltrán Leyva.
La venganza de Nacho Coronel
El 2008 fue un año definitorio para La Federación. El conglomerado de organizaciones narcotraficantes del Pacífico que operó bajo el liderazgo del Cártel de Sinaloa se fracturó luego de que en enero fuera arrestado Alfredo Beltrán Leyva.
Desde meses atrás el ostentoso y llamativo estilo de vida que los Beltrán Leyva llevaban así como las disputas por el control de una ruta a Chicago habían tensado su relación con Joaquín El Chapo Guzmán, por lo que la caída del también llamado Mochomo no tardó en ser percibida por su hermano Arturo como una traición.
La ruptura del Cártel de Sinaloa y el Cártel de los Beltrán Leyva orilló a otros operadores criminales a elegir bando. Entonces Ignacio Nacho Coronel, delegado de La Federación en estados como Michoacán y Jalisco, cerró filas con El Chapo, ganado así aguerridos rivales.
Reportes del think tank InSight Crime refieren que los Beltrán Leyva buscaron asociarse con sus históricos rivales de Los Zetas para combatir al Cártel de Sinaloa. Y lo lograron. La guerra estalló y dejó a su paso decenas de víctimas, algunas muy recordadas como fue el caso de Égar Guzmán López, hijo del Chapo, o el mismo Arturo Beltrán Leyva en diciembre de 2009 y otras cuyo impacto se dimensionó hasta años después como fue el caso de Alejandro Coronel Mardueño.
El hijo de Nacho Coronel tenía tan sólo 16 años cuando fue secuestrado en un club de golf en Nuevo Vallarta en Nayarit. De acuerdo con reportes de prensa local, fue el 7 de abril de 2010 cuando Juan Francisco Patrón Sánchez -alias El H2- y Santiago Lizárraga Ibarra -El Changuín-, ambos operadores de los Beltrán Leyva, cometieron el plagio y el asesinato del adolescente.
El golpe directo a su familia desató la furia del operador del Cártel de Sinaloa quien, como venganza, ordenó el secuestro de Clara Laborín Archuleta. Durante trece días la esposa de Héctor Beltrán Leyva permaneció cautiva, sin embargo y aunque pistoleros de su organización delictiva sí fueron asesinados en Nayarit, Nacho Coronel ordenó el regreso íntegro de la ex reina de belleza sonorense.
La mañana del 26 de abril de 2010 la mujer fue liberada evocando aquel código que poco a poco se fue desdibujando del hampa mexicano y que volvía intocables a las familias de los capos del narcotráfico.
La caída de Héctor Beltrán Leyva
Tras el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva ocurrido el 16 de diciembre de 2009 en Cuernavaca fue su hermano El H quien asumió el liderazgo del Cártel de los Beltrán Leyva que, para entonces, ya había extendido su amplia influencia no sólo en Sinaloa sino también en estados como Morelos y Guerrero.
Si bien su poderío comenzó a fragmentarse, Héctor Beltrán Leyva intentó mantener a flote parte de la estructura criminal bajo el nombre del Cártel del Pacífico Sur. Aunque tenia un nuevo nombre, los golpes no cedieron. El arresto de su hermano Carlos, así como de su jefe de seguridad, Sergio Villarreal alias El Grande, mermó lo que quedaba del Cártel de los Beltrán Leyva hasta que la caída de El H se volvió inminente.
En octubre de 2014 Héctor Beltrán Leyva fue arrestado por autoridades federales en un restaurante de mariscos ubicado en San Miguel de Allende, Guanajuato. La detención de El H fue presentada con bombo y platillo por el Gobierno de México sin imaginar que sería cuestión de tiempo para que surgiera un nuevo liderazgo para su estructura criminal.
Entonces, nombres como el de Fausto Isidro Meza Flores -alias Chapo Isidro- o el del mismo Juan Francisco Patrón Sánchez -El H2- resonaron con fuerza para convertirse en sus sucesores, no obstante, desde el puerto de Acapulco alguien más buscó mantener vivo el legado de su esposo: Clara Laborín Archuleta.
Clara Laborín y su rol como operadora criminal
En 2015 una serie de 'narcomantas' colocadas en distintas colonias del puerto de Acapulco anunciaban el liderazgo de La Señora -como fue mejor conocida Clara Laborín- en la estructura criminal del Cártel de los Beltrán Leyva. Los mensajes la acusaban de estar detrás de extorsiones a grandes y pequeños comercios en el puerto turístico y estaban firmados por grupos criminales locales dispuestos a combatir su avance.
Una investigación del semanario ZETA narra cómo la esposa de El H pasó de ser una operadora financiera con careta de empresaria a involucrarse en otros rubros de la organización delictiva incluyendo la producción y el contrabando de drogas, así como el cobro de plaza y la eliminación de rivales a través de un a cruenta violencia.
Poco a poco, los peldaños que ascendió tras el arresto de Héctor Beltrán Leyva llevaron a Clara Laborín no sólo a recibir informes de operadores como el mismo Fausto Isidro Meza Flores -Chapo Isidro-, Trinidad Olivas Valenzuela -Chapo Trini- o Emilio Sajid Quintero Navidad -El Cadete-, sino que incluso les giraba órdenes, según dan cuenta informes consultados por el citado medio local.
El protagonismo que ganó en el hampa mexicano la llevó a ser considerada como una de las pocas mujeres de la época en encabezar una estructura criminal, sin embargo, su caída tampoco tardaría en llegar. En septiembre de 2016 la ex reina de belleza fue detenida por elementos de la Policía Federal en Hermosillo, Sonora. De acuerdo con los primeros reportes, el arresto de Clara Laborín Archuleta se llevó a cabo en coordinación con personal de la Procuraduría General de la República (PGR) y le fueron aseguradas armas y drogas.
La esposa de Héctor Beltrán Leyva se convirtió en un objetivo prioritario para las autoridades al ser identificada como generadora de violencia en Acapulco, donde sostenía rencillas con grupos criminales locales. Su caída, si bien fue percibida como un golpe para los remanentes del Cártel de los Beltrán Leyva, no terminó con la organización delictiva.
En noviembre de 2018 se informó el fallecimiento de Héctor Beltrán Leyva en un hospital de Toluca, Estado de México a causa de un infarto. Con su deceso y el de Arturo, así como el arresto y condena de Alfredo, Carlos y Clara, el Cártel de los Beltrán Leyva implosionó y dejó a su paso una proliferación de células criminales que hasta la fecha continúan operando en distintas entidades del país.
Aún y con el desafortunado destino que alcanzó a los hermanos Beltrán Leyva, la historia de Clara Laborín trascendió en el hampa mexicano como el arquetipo de aquellas mujeres que no se limitaron a ser la esposa abnegada de un capo sino que se involucraron en la operación de estructuras criminales hasta llegar a liderarlas.
ATJ