M+.- Cinco tigres de Bengala, tres jaguares, tres leones africanos, dos hienas, 21 monos araña, un ligre (extraña cruza de león y tigre) y hasta un camello fueron encontrados, junto con otros animales exóticos, en un rancho de Altamira, Tamaulipas, convertido en un zoológico clandestino que operaba en medio de una de las zonas con mayor despliegue de seguridad del estado.
Alguien tuvo que trasladarlos hasta ahí. Alguien tuvo que alimentarlos, mantener sus espacios, llevar agua y garantizar la energía necesaria para mantenerlos con vida. Y todo eso ocurrió detrás de una brecha casi imperceptible, en una zona por donde circulan miles de vehículos y donde MILENIO pudo constatar durante un recorrido que hay presencia permanente de la Marina, la Guardia Nacional y vigilancia portuaria.
El rancho, donde las autoridades también localizaron una operación para el almacenamiento y manejo de hidrocarburos presuntamente ilícitos, funcionaba al menos desde 2025.
La pregunta que queda después del cateo es tan grande como los animales encontrados: ¿cómo llegaron 135 ejemplares de vida silvestre hasta ese lugar y cómo pudieron permanecer ahí durante meses sin que nadie los viera?
Un zoológico detrás de la maleza
El hallazgo este jueves ocurrió como parte de una investigación relacionada con el mercado ilícito de hidrocarburos.
Elementos de la Secretaría de Marina (Semar), en coordinación con la Fiscalía General de la República (FGR), la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y autoridades estatales, ejecutaron cinco cateos en los municipios de Tampico y Altamira.
Las fuerzas federales aseguraron cinco inmuebles: un centro de almacenamiento, una gasolinera clandestina, una vivienda, un taller y un rancho. Fue precisamente en este último donde apareció el zoológico clandestino.
Los agentes localizaron 135 animales exóticos, entre ellos cinco tigres de Bengala, tres jaguares, un ligre, 21 monos araña, dos hienas, tres leones africanos, bisontes, tortugas sulcata, búfalos y un camello.
La lista de especies muestra la dimensión del lugar. No se trataba únicamente de animales de granja o ejemplares que pudieran mantenerse en cualquier propiedad rural.
Había grandes felinos, primates, especies africanas, animales protegidos y ejemplares cuyo comercio internacional está regulado.
Al menos 35 de estos animales se encuentran en riesgo conforme a la NOM-059-SEMARNAT-2010. Entre ellos están monos araña mexicanos, jaguares, un tigrillo, una guacamaya verde y bisontes americanos, catalogados en peligro de extinción.
También fueron localizados borregos cimarrón, una iguana verde y un perico azteca, sujetos a protección especial.
A la lista se suman especies exóticas cuyo comercio internacional está regulado por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), entre ellas tigres de Bengala, un mandril, un lémur, leones africanos y tortugas sulcata.
Todos los ejemplares quedaron a disposición de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), encargada de su valoración, resguardo y manejo especializado.
Pero los animales no estaban solos
El rancho no era solamente un zoológico clandestino.
En los otros inmuebles intervenidos durante los cateos fueron asegurados aproximadamente 68 mil litros de diésel, además de infraestructura relacionada con el presunto almacenamiento y manejo de hidrocarburos de procedencia ilícita.
Las autoridades localizaron un vehículo tipo tractocamión, dos pipas, una pick up, dos frac tanks, dos autotanques, cuatro bombas de presión, dos tanques reactores, cuatro tanques de almacenamiento, una motobomba, mangueras y contenedores.
También fueron asegurados equipos de comunicación, dos armas de fuego y cartuchos. Una persona fue detenida.
Tras la lectura de sus derechos de ley, fue puesta a disposición del agente del Ministerio Público correspondiente, quien determinará su situación legal.
Los inmuebles quedaron sellados y bajo resguardo de las autoridades.
El operativo dejó así al descubierto una combinación poco común: un complejo relacionado con hidrocarburos presuntamente ilícitos y, en uno de sus inmuebles, un rancho que albergaba 135 animales exóticos.
El camino estaba vigilado
Tras el aseguramiento, MILENIO visitó el lugar. El rancho se encuentra aproximadamente a 35 minutos de la cabecera municipal de Altamira, en el corazón del corredor industrial del sur de Tamaulipas.
Desde Tampico, para llegar al sitio hay que tomar el Bulevar de los Ríos, una vía de jurisdicción federal que atraviesa prácticamente toda la zona industrial y continúa en dirección al municipio de Aldama.
El trayecto tiene varios puntos de vigilancia. En el kilómetro 0+800, sobre la calle Río Tamesí, existe un operativo vial permanente para regular el tránsito de camiones de carga pesada que buscan ingresar al Puerto de Altamira.
Ahí la presencia de la Marina es constante. Más adelante, a la altura del kilómetro 1.4, se encuentran las instalaciones de un destacamento de la Guardia Nacional.
Sus unidades entran y salen las 24 horas para participar en tareas de pacificación regional.
La División de Caminos de la misma corporación realiza diariamente el denominado "operativo carrusel", en horarios impredecibles y también durante la madrugada.
No es un camino por el que pase poca gente. Por esa arteria circulan diariamente hasta 5 mil unidades, entre vehículos particulares y transporte pesado.
A ese dispositivo se suman los recorridos preventivos de la Marina, que, de acuerdo con testimonios de operadores del autotransporte de carga, comienzan desde el inicio del Bulevar de los Ríos y en múltiples ocasiones llegan hasta Aldama.
El control llega incluso a las detenciones aparentemente menores.
Si un automovilista permanece más de cinco minutos en el acotamiento, las unidades de seguridad vial de la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) pueden acercarse para preguntar el motivo de la parada, revisar visualmente el interior del vehículo y pedir al conductor que continúe su marcha.
Si detectan alguna anomalía, alertan a la Marina.
Por eso la pregunta vuelve a aparecer. ¿Cómo pudo entrar un camello, un ligre y todos los demás animales sin que nadie viera nada?
Diez minutos entre la nada y el rancho
Seis kilómetros después del cuartel de la Guardia Nacional aparece una pequeña brecha. Desde la carretera es casi imposible advertirla. La vista ofrece maleza, matorrales y terrenos pantanosos.
Nada parece indicar que detrás exista un predio de grandes dimensiones. Al internarse por el camino durante unos diez minutos aparecen las primeras señales de actividad humana, aunque no precisamente legal: basura quemada y muebles domésticos abandonados.
Después aparece una segunda vereda. Es estrecha y está cubierta por árboles cuyas copas se entrelazan hasta formar un túnel natural. El camino desemboca finalmente en el rancho.
La propiedad contrasta con el abandono del trayecto. Había cercas blancas perfectamente trazadas, un área de pastoreo para caballos y ponis, potreros con ganado vacuno y una numerosa plantilla de ovinos.
Más atrás estaba el santuario clandestino. Ahí se encontraban los animales silvestres. Los bebederos contaban con estructuras techadas para protegerlos de las inclemencias del sol.
El lugar tampoco dependía de la red eléctrica municipal. Debido a que la zona carecía de servicios básicos, el complejo operaba mediante plantas generadoras de energía de alta capacidad. MILENIO observó todo.
Todo indica que el rancho no funcionaba de manera improvisada.
????⛽ Aseguran ‘huachi zoológico’ en Altamira, Tamaulipas: hallan en un rancho 135 ejemplares de animales exóticos, además de una gasolinera clandestina y diésel robado. Había tigres de Bengala, camellos y hasta un ligre.
— Milenio (@Milenio) August 28, 2026
???? #MILENIO22h con @AlexDominguezB pic.twitter.com/PLwBaIHWGQ
Más de 20 personas para mantenerlo
Cuando las fuerzas de seguridad llegaron para ejecutar la orden de cateo, únicamente encontraron a una persona: el velador. Pero mantener un lugar como ese requiere mucho más que un vigilante.
Especialistas en manejo de vida silvestre coinciden en que, debido a la extensión del predio, la cantidad y variedad de animales y la presencia de felinos de gran tamaño, la plantilla laboral necesaria para operar el complejo debió superar con facilidad las 20 personas de tiempo completo.
Su trabajo tendría que concentrarse exclusivamente en la limpieza, alimentación y mantenimiento zootécnico de los ejemplares.
La presencia de los animales, por sí misma, implica una operación diaria. Los tigres necesitan alimento. Los monos necesitan atención. Los animales requieren agua. Los espacios deben limpiarse. Los bebederos necesitan mantenimiento.
Los ejemplares deben permanecer protegidos de las condiciones climáticas. La electricidad tiene que funcionar. Y todo eso debe ocurrir en un predio remoto. Sin embargo, el día del cateo solo había un velador.
¿Dónde estaban los demás trabajadores? ¿Quién alimentaba a los animales? ¿Quién llevaba los insumos? ¿Quién mantenía las instalaciones?
La información disponible todavía no permite responder esas preguntas.
Los 135 animales tuvieron que llegar de alguna parte
Tampoco existe, hasta ahora, una explicación pública sobre el origen de cada ejemplar. No se ha establecido quién los trasladó, de dónde procedían ni cuáles fueron las rutas utilizadas.
Pero hay algo que no necesita explicación: los animales tuvieron que ser llevados hasta el rancho. Y hacerlo no era sencillo. No es lo mismo trasladar un animal pequeño que cinco tigres de Bengala, tres jaguares, tres leones africanos, dos hienas, un ligre o un camello.
Cada traslado requería espacio, vehículos, contención y medidas de seguridad. Al mismo tiempo, las pipas entraban y salían.
La infraestructura para hidrocarburos también tenía que ser abastecida y operada. Y todo ocurría detrás de una brecha escondida a seis kilómetros del destacamento de la Guardia Nacional.
La logística exacta todavía es una incógnita. Pero la dimensión del lugar permite entender que no se trataba de una actividad ocasional.
Un zoológico que llevaba meses ahí
Información obtenida por MILENIO señala que hay evidencia de la existencia del lugar desde 2025. Durante ese tiempo, el rancho permaneció operativo en una zona donde la vigilancia era cotidiana.
Por el bulevar de los Ríos circulaban miles de vehículos. La Marina realizaba recorridos. La Guardia Nacional mantenía un destacamento. La División de Caminos efectuaba operativos.
Asipona vigilaba el tránsito hacia el puerto. Y aun así, detrás de la vegetación, había un zoológico privado con 135 animales. No solamente había fauna. También había instalaciones para mantenerla.
Las cercas estaban en buen estado. Los bebederos tenían techos. Había plantas generadoras. Existían áreas de pastoreo. Había infraestructura para ganado.
Y detrás estaba el espacio destinado a los animales salvajes.
Además, el rancho tenía, según pudo constatar MILENIO, un taller mecánico de gran escala y una bodega equipada como centro de almacenamiento y distribución de combustible robado.
Una operación que necesitaba movimiento
La paradoja está en los detalles. El rancho estaba escondido, pero su funcionamiento requería movimiento. Los animales necesitaban alimento. El personal tenía que llegar.
Las plantas generadoras necesitaban combustible. Las instalaciones requerían mantenimiento. Los ejemplares necesitaban atención especializada. Las pipas tenían que entrar y salir.
Y los vehículos utilizados para todo ello tenían que atravesar, de una u otra forma, una zona sometida a vigilancia permanente. Los animales tampoco eran invisibles. Los ruidos de la fauna silvestre son fuertes. Incluso ahora, con el predio bajo resguardo de la Secretaría de Marina, es notoria la presencia de los felinos. Pero el rancho no tenía vecinos inmediatos.
La ausencia de viviendas alrededor permitió mantener oculto durante más tiempo lo que ocurría detrás de la vegetación. Aun así, el sitio estaba ahí. Desde 2025.
Del huachicol a los animales exóticos
La investigación que llevó a los cateos estaba relacionada con el mercado ilícito de hidrocarburos. El hallazgo de los 68 mil litros de diésel, las pipas, autotanques, bombas, tanques, mangueras y demás equipo confirmó que la operación no se reducía a un rancho privado.
Pero al entrar a uno de los inmuebles, las autoridades encontraron algo que amplió completamente la historia. Había un zoológico. No uno registrado o abierto al público, sino un espacio privado y clandestino con 135 animales exóticos.
El operativo permitió asegurar cinco inmuebles, detener a una persona y poner a disposición del Ministerio Público los objetos encontrados.
También permitió rescatar de la clandestinidad a 135 animales. Ahora corresponde a la Profepa determinar su situación, valorar cada ejemplar y establecer el manejo especializado que requiere.
Pero queda una historia todavía por reconstruir. La de los animales. La pregunta que deja el cateo ya no es solamente quién convirtió aquel rancho en un zoológico clandestino y un centro de almacenamiento de hidrocarburos.
Es cómo pudo llegar hasta ahí todo lo necesario para mantener vivo ese mundo de 135 animales sin que, durante meses, nadie viera nada.
JETL
